IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO.3

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Cada rosa fragante nos está contando los secretos de lo Universal. 

Rumi

“EL JARDÍN DORMIDO”

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POESÍA: MAHMUD DARWISH

Cuando el sueño la abrazó, yo robé mi mano,

Cubrí sus sueños,

Vi la miel ocultarse tras sus párpados,

Recé por dos piernas milagrosas,

Me incliné sobre los latidos de su corazón,

Vi trigo sobre mármol y sueño.

Una gota de mi sangre lloró,

Temblé…

El jardín duerme en mi lecho.

Fui hacia la puerta

Sin volverme hacia mi alma dormida,

Oí el tintineo antiguo de sus pasos y las campanas de mi corazón.

Fui hacia la puerta

– la llave está en su bolso

y ella duerme como un ángel después del amor-.

Noche sobre lluvia en la calle y ningún ruido

Salvo los latidos de su corazón y la lluvia.

Fui hacia la puerta.

Se abre,

Salgo.

Se cierra,

Mi sombra se desliza tras de mí.

¿Por qué digo adiós?

Desde ahora soy extraño a los recuerdos y a mi casa.

Bajé las escaleras.

Ni un ruido,

Salvo los latidos de su corazón, la lluvia

Y mis pasos sobre la escalera que desciende

Desde sus manos al deseo de viajar.

Llegué al árbol.

Allí, ella me abrazó,

Allí me golpearon los rayos de plata y clavel,

Allí comenzaba su universo,

Allí se terminaba.

Me detuve unos instantes hechos de azucenas y de invierno,

Me marché,

Dudé,

Luego me marché.

Recogí mis pasos y mi recuerdo salado

Y me marché en mi compañía.

Ni despedida ni árbol.

Los deseos se han dormido tras las ventanas,

Todas las historias de amor

Y todas las traiciones se han dormido tras las ventanas,

Y la policía secreta también…

Rita duerme… duerme y despierta sus sueños.

Por la mañana recogerá su beso

Y sus días,

Luego preparará mi café árabe

Y su café con leche.

Me preguntará, por milésima vez, por nuestro amor

Y responderé:

Soy el mártir de las manos que,

Cada mañana, me preparan el café.

Rita duerme… duerme y despierta sus sueños.

– ¿Nos casaremos?

– Sí.

– ¿Cuándo?

– Cuando crezcan violetas

En las gorras de los soldados.

He recorrido las calles, el edificio de correos,

Los cafés de las aceras, los clubes nocturnos

Y las ventanillas de venta de billetes.

Te amo, Rita. Te amo. Duerme, yo parto

Sin motivo, como los pájaros violentos, yo parto

Sin motivo, como los vientos débiles, yo parto.

Te amo, Rita. Te amo. Duerme.

Dentro de trece inviernos preguntaré:

¿Todavía duermes

o te has despertado?

¡Rita! Te amo, Rita,

Te amo…

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Iadyr había aprendido a cultivar unas rosas blancas del desierto.

Un jefe de caravanas viejo y sabio le enseñó el oficio…

El mirto, la azucena, el jazmín lozano y el alhelí tienen gran mérito y con él se enseñorea el jardín.

Pero el mérito de la rosa es aún mayor.

¿Acaso es el mirto otra cosa que aroma que se extingue arrojado al fuego?

La rosa, aun marchita, deja en el aguaperfume que perdura tras de ella.

El mal de la azucena es muy común y tras un instante baja a la tumba.

El jazmín es humilde en sus orígenes, pero su aroma es solemne y orgulloso.

El carácter del alhelí está trastornado, es como un ladrón,se despierta tras la oración de la noche.

La rosa es la señora de los jardines,aunque es sierva de la rosa de las mejillas.

 

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Tuareg significa “abandonados”, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: “Señores del Desierto”, nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.”

“A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados.

Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.”

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO.

Me pregunto qué poseo verdaderamente.

Me pregunto qué subsistirá de mí después de mi muerte.

Nuestra vida es breve como un incendio. Llamas que se olvidan,

cenizas que el viento dispersa: un hombre ha vivido.

Omar Khayyam.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Iadyr escuchaba a los sabios reunidos en torno al fuego…

“No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio”

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

El hombre que no sabe sonreir, no debe abrir tienda.

Proverbio árabe

IADYR, EL GIGANTE DE LA HISTORIA

¡Cuántas lluvias de largueza han caído para que el mar distribuyera perlas! ¡Cuántos soles de generosidad han brillado para que las nubes y el mar aprendieran a ser tan espléndidos!

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

En el reino del alma hay cielos que dominan al cielo de este mundo.

Rumi

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Mientras el sediento busca agua, el agua está también buscando al sediento.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Aunque los caminos de la búsqueda son numerosos, la búsqueda es siempre la misma.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Cada momento se precipita hacia nosotros desde todas partes

la convocatoria del Amor.

¿Quieres venir con nosotros?

No es momento para quedarse en casa,

sino para salir y entregarse al jardín…

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

“El corazón del hombre es un instrumento musical, contiene una música grandiosa. Dormida, pero está allí, esperando el momento apropiado para ser interpretada, expresada, cantada, danzada. Y es a través del amor que el momento llega.”

Rumi

 

IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO

Deja tus preocupaciones

y ten un corazón completamente limpio,

como la superficie de un espejo

que no contiene imágenes.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

El corazón tiembla ante el amor,

como si sintiera la amenaza de su fin.

Porque allí donde despierta el amor,

muere el Yo, ese oscuro déspota.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Sin miedo

En vista del amor, el miedo es tan insignificante como un solo cabello:

en la ley del amor, todo es ofrecido como un sacrificio.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

«El árbol que andas buscando a veces se llama “sol”, o también “lago”, o “nube”. Pero también puedes llamarlo “mar”, “arena” o “viento”. En cada uno de ellos encuentras el árbol de la vida.

Lo que te ha engendrado está producido por otro, y así sucesivamente. Lo que tú llamas “padre”, para otro es “hijo”. Si te atienes a los nombres pierdes de vista el Uno. Los nombres son muchos, mientras que el Uno es único. Ese es el árbol que estás buscando. Te has tomado tu misión al pie de la letra, por eso has fracasado. Así fue como descubrió las raíces del árbol, buscando en su propio corazón».

Rumi

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Deja que tu oración sea solamente alabanza, no el pedirle a Dios que pase algo, o que no pase.

Rumi

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Una persona no está enamorada si el amor no ilumina su alma.

Rumi

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IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Sobre el matrimonio…

De nuevo Almitra preguntó: ¿qué piensas del

matrimonio?

Y él contestó:

Juntos habéis nacido y seguiréis así para

siempre,

Aún cuando las blancas alas de la muerte

disipen vuestros días,

Y juntos, también, en la memoria de Dios.

Mas permitid que haya espacios en vuestra

unión,

Y dejad que los vientos dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, mas no hagáis del

amor una prisión:

Es preferible que sea un inquieto mar entre

las playas de vuestras almas.

Llenad el uno al otro la copa, mas no bebáis

de una sola.

De vuestro pan convidaos, empero, no comáis

de la misma hogaza.

Cantad y danzad juntos, y sed alegres, pero

dejad que cada uno esté solo,

Como lo están las cuerdas de un laúd, a pesar

de estremecerse con la misma música.

Ofreceos el corazón, pero que cada cual

sea su fiel guardián,

Porque únicamente la mano de la Vida puede

contener vuestros corazones.

Y erguíos juntos, mas no muy próximos:

Las columnas del templo se plantan firmes y

separadas,

Y el encino y el ciprés no crecen uno a la

sombra del otro.

Khalil Gibran

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Un Maestro dejó a uno de sus discípulos un arrozal para que lo cuidara durante tres años. Cuando el primer año llegó a su término, el Maestro fue a ver el campo y la cosecha había sido muy buena, puesto que el discípulo había provisto a la tierra del agua que necesitaba. Transcurrió otro año, y resultó que la cosecha fue más abundante que la anterior, puesto que el joven había abonado convenientemente el campo. Cuando el tercer año finalizó, el Maestro se dirigió al arrozal para ver los resultados obtenidos. Pero resulta que el discípulo, entusiasmado con lo producido en el año anterior, abonó demasiado la tierra que dio muchísimo arroz pero tan pequeño y frágil que no servía para comerciar con él. En realidad, fue una cosecha inútil, y el trabajo realizado no dio ningún fruto.

Entonces el Maestro dijo a su discípulo: “Así pasa con las personas. Fortaleces a alguien cuando le ayudas un poco. Pero si le ayudas demasiado, lo debilitas. ”

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

¿Buena suerte o mala suerte?

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

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IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO. 2

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IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

La recompensa del desierto

Hace mucho tiempo había un joven comerciante llamado Kirzai, cuyos negocios lo obligaron a viajar un día al pueblo de Tchigan, situado a doscientos kilómetros de distancia. Por lo común, el habría tomado la ruta que seguía el borde de las montañas, lo que le habría permitido hacer la mayor parte del viaje protegido del sol.

Pero en esta ocasión, Kirzai sufría la presión del tiempo. Era urgente que llegara a Tchigan lo mas pronto posible, de modo que decidió tomar el camino directo a través del desierto de Sry Darya. El desierto de Sry Darya es conocido por la intensidad de su sol y muy pocos se atreven a correr el riesgo de cruzarlo. No obstante, Kirzai dio de beber a su camello, lleno sus alforjas y emprendió el viaje.

Varias horas después de partir empezó a levantarse el viento del desierto. Kirzai refunfuño para sus adentros y apuro el paso del camello. De repente se detuvo, estupefacto. A unos cien metros delante de el se levanto un gigantesco remolino de viento. Kirzai nunca había visto nada semejante. El remolino arrojaba todo en derredor de una extraña luz purpúrea y hasta el color de la arena había cambiado. Kirzai titubeó. ¿Debía hacer un largo rodeo a fin de evitar esa extraña aparición o debía seguir siempre derecho? Kirzai tenia mucha prisa, sentía que no disponía de tiempo para tomar el camino más lento, de modo que agachó la cabeza, encorvó los hombros y avanzó.

Para su sorpresa, en el momento en que penetró en la tormenta todo se volvió mucho más calmo. El viento no azotaba ya con tanta fuerza contra su cara. Se sintió contento de haber tomado la decisión correcta. Pero de pronto se vio obligado a detenerse otra vez. Un poco más adelante, un hombre yacía estirado sobre el suelo junto a su camello acuclillado. Kirzai desmonto de inmediato para ver que pasaba. La cabeza del hombre estaba envuelta en una chalina, pero Kirzai vio que era viejo. El hombre abrió los ojos, miró con atención a Kirzai durante un instante y después habló con un susurro ronco.

-¿Eres …. tú? Kirzai rió y sacudió la cabeza. -¿Qué? ¡No me digas que sabes quien soy! ¿Mi fama se ha extendido hasta el desierto de Sry Darya? Pero tu anciano, ¿quién eres? El hombre no dijo nada. -De todos modos -continuó Kirzai- , Tú no estas bien. ¿Adonde vas? -A Givah -suspiró el viejo-, pero no tengo más agua.

Kirzai reflexionó. Sin duda podía compartir un poco de su agua con el anciano, pero si lo hacia se arriesgaba a quedarse sin agua él mismo. Sin embargo, no podía dejarlo así. No se puede dejar morir a un hombre sin echar una mirada atrás. “Al diablo con mis planes -pensó Kirzai- , sólo necesito encontrar mi camino hasta el sendero que corre a lo largo de las montañas, en caso de necesitar más agua. ¡Una vida humana vale mucho más que un compromiso de negocios!” Ayudó al viejo a tomar un poco de agua, llenó una de sus cantimploras y después lo ayudó a montar su camello.

-Sigue derecho por ese camino -le recomendó mientras apuntaba con el dedo- y en dos horas estarás en Givah. El anciano hizo una señal de agradecimiento con las manos y antes de irse miró un largo rato a Kirzai y pronunció estas extrañas palabras: -Algún día el desierto te recompensará. Entonces acicateo a su camello en la dirección que Kirzai le había indicado. Kirzai continuó su viaje. La oportunidad que lo esperaba en Tchigan sin duda estaba perdida, pero se sentía en paz consigo mismo.

Paso el tiempo. Treinta años después, los negocios llevan a viajar a Kirzai de continuo de una parte a otra entre Givah y Tchigan. No se había hecho rico, pero lo que ganaba era suficiente para proporcionar una buena vida a su familia. Kirzai no pedía mas que eso.

Un día, mientras vendía cueros en la plaza del mercado de Tchigan, se enteró de que su hijo estaba enfermo de gravedad. Era urgente que fuera a verlo de inmediato. Kirzai no vacilo. Recordó el atajo a través del desierto que había tomado treinta años atrás. Dio agua a su camello, llenó sus cantimploras y partió.

A lo largo del camino libró una batalla contra el tiempo, azuzando sin cesar a su camello. No se detuvo ni disminuyo la marcha mientras bebía agua, y por esas razón ocurrió el accidente. La cantimplora se le cayo de pronto de las manos y antes que pudiera bajarse para recuperarla, el agua desapareció en la arena. Kirzai profirió una maldición. Con una sola cantimplora llena era imposible cruzar el desierto. Pero al pensar en su hijo, el viejo se obligo a seguir adelante.

-¡Tengo que hacerlo! ¡Lo haré!

El sol del desierto de Sry Darya es despiadado. Le importa poco por qué o para qué fines un hombre trata de desafiar sus rayos, arde inexorablemente siempre con la misma fuerza e intensidad. Kirzai pronto comprendió que había cometido un gran error. Se le resecó la lengua y la piel le quemaba. La única cantimplora restante ya estaba vacía. Y ahora, para su desazón, vio que empezaba una tormenta de arena. Kirzai se envolvió la cabeza con su chalina, cerro los ojos y dejo que el camello lo llevara adelante a donde fuera. Ya no era conciente de nada. Un gigantesco remolino de viento se levantó frente a él. Despedía una suave luz purpúrea, pero Kirzai seguía inconsciente y no vio nada. Su camello entró en el remolino de viento, avanzó unos pocos pasos y entonces, en forma abrupta, se sentó. Kirzai cayo al suelo. “Estoy terminado -pensó- ¡Mi hijo nunca volverá a verme!”

De repente, sin embargo, dio un grito de alegría. Un hombre montado en un camello avanzaba hacia él. Pero cuanto más se acercaba el hombre, tanto más la alegría de Kirzai se convertía en estupefacción. Este hombre que ahora desmontaba de su camello …. ¡Kirzai lo conocía! Reconoció su propio rostro juvenil, sus ropas …. ¡y hasta el camello que montaba! Un camello que el mismo había comprado por dos valiosos jarrones muchos años antes.

Kirzai estaba seguro: ¡ el joven que venia a ayudarlo era él mismo ! ¡ Era el mismo Kirzai tal como era treinta años antes !

-¿Eres …. tú? -balbuceo Kirzai con un susurro ronco. El joven lo miro y rió. -¿Qué? ¡No me digas que sabes quien soy! ¿Mi fama se ha extendido hasta el desierto de Sry Darya? Pero tú, anciano, ¿quién eres? Kirzai no contestó. No sabia que hacer. ¿Debía decirle al joven quien era, o no decir nada? Mientras tanto el joven continuo: -De todos modos, tú no estas bien. ¿Adonde vas?

-A Givah -respondió Kirzai-. Pero no tengo mas agua.

Kirzai vio que el joven reflexionaba en silencio acerca de la situación y supo con exactitud lo que pasaba por su mente: ¿debía ayudar a Kirzai o continuar para atender sus propios asuntos? Pero Kirzai también supo cual seria la decisión y sonrió al observar que el joven le ofrecía un trago de agua. Después, el joven le lleno la cantimplora vacía, lo ayudo a montar su camello y apunto con un dedo.

-Sigue derecho por ese camino y en dos horas estarás en Givah.

El viejo Kirzai miro un largo rato al joven que alguna vez había sido él mismo y le hizo una señal de agradecimiento. Hubiera deseado hablar con él de muchas cosas, pero solo logro encontrar estas palabras: -Algún día el desierto te recompensará. Y entonces partió de prisa hacia Givah, donde lo esperaba su hijo. Kirzai llego a ser un hombre sabio, respetado por todos. Y cuando contaba este extraño cuento, todos los que lo escuchaban le creían. Desde aquellos tiempos, el desierto de Sry Darya ha sido conocido con el nombre de Samavstrecha, que quiere decir:

El desierto donde Uno se encuentra a Sí Mismo.

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

“Las dunas cambian con el viento, pero el desierto sigue siendo el mismo.”

“El coraje es el don más importante para quien busca su leyenda personal.”

“El mal no es lo que entra en la boca del hombre… el mal es lo que sale de ella.”

El Alquimista.

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

“…antes de entender y sentir la presencia de Dios, el pensamiento de que todo se acabaría un día me desesperaba”.

“Es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace que la vida sea interesante.”

“…los sueños son el lenguaje de Dios”

“Un pastor corre siempre el riesgo de los lobos o de la sequía, y eso es lo que hace que el oficio de pastor sea más excitante.”

“Las cosas simples son las más extraordinarias, y sólo los sabios consiguen verlas”

“Cuando todos los días parecen iguales es porque las personas han dejado de percibir las cosas buenas que aparecen en sus vidas siempre que el sol cruza el cielo.”

El Alquimista.

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Le preguntaron a un sabio: ¿quién te guió en el Camino?

El sabio contestó: un perro. Un día lo encontré casi muerto de sed a la orilla del río. Cada vez que veía su imagen en el agua, se asustaba y se alejaba creyendo que era otro perro. Finalmente, fue tal su necesidad que, venciendo su miedo se arrojó al agua, y entonces “el otro perro” se esfumó.

El perro descubrió que el obstáculo era él mismo y la barrera que lo separaba de lo que buscaba había desaparecido.

De esta misma manera, mi propio obstáculo desapareció cuando comprendí que “mi yo” era ese obstáculo. Fue la conducta de un perro la que me señaló por primera vez el Camino.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche arapiento.

El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás.

El derviche contestó:

– Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes : dinero, poder, posición social. Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí. Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?.

La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera.

– ¿Qué quieres decir? – gritó.

– Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia – dijo el derviche tranquilamente.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Decía un Maestro a sus discípulos:

– Un hombre bueno es aquél que trata a los otros como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso es aquél que trata a otros mejor de lo que él espera ser tratado. Un hombre sabio es aquél que sabe cómo él y otros deberían ser tratados, de qué modo y hasta qué punto. Todo el mundo debería ir a través de las tres fases tipificadas por estos tres hombres.

Alguien le preguntó:

-¿Que es mejor: ser bueno, generoso o sabio?

– Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado con ser bueno o generoso. Estás obligado a hacer lo que es necesario.

 

IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO

– Durante seis años busqué la iluminación – dijo el discípulo -. Siento que estoy cerca y quiero saber cómo he de dar el siguiente paso. Un hombre que sabe buscar a Dios, sabe también cuidar de sí mismo.

– ¿Cómo te mantienes? – preguntó el maestro.

– Ése es un detalle sin importancia. Mis padres son ricos y me ayudan en mi búsqueda espiritual. Gracias a ello puedo dedicarme por entero a las cosas sagradas.

-Muy bien – dijo el maestro – entonces te explicaré el siguiente paso: mira al sol durante medio minuto.

El discípulo obedeció. A continuación, el maestro le pidió que describiese el paisaje a su alrededor

– No puedo hacerlo. El brillo del sol me ha deslumbrado.

– Un hombre que mantiene los ojos fijos en el sol, termina ciego. Un hombre que sólo busca la Luz y deja sus responsabilidades en manos de los demás, jamás encontrará lo que busca – comentó el maestro

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IADYR

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

“Ni oro ni plata tenía el narrador, sino sólo su nada,

porque sólo a través de alguna forma de la nada es posible la maravilla”

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IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO

Te esperamos. La caravana comienza los preparativos para nuestro viaje.

Conocer mundos y conocerse…

IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO

.El amor

te llevará suavemente

hasta el corazón de la rosa.

Rumi

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

El silencio es el lenguaje de Dios, todo lo demás es pobre traducción.

-Rumi

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IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Con el desierto ante ti, no digas: ¡Qué silencio!

Dí: No oigo.

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué aridez !

Di: ¡ qué extraña belleza

Con el desierto ante ti, no digas : ¡ qué inmensidad !

Di: ¿por dónde comienzo?

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué pobreza !

Di: ¿qué más necesita mi pensamiento?

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué soledad !

Di: soy lo que conmigo llevo

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué oscuridad !

Di: no veo, pero lo siento

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué sed !

Di: ¿cuánto preciso beber?

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ imposible vivir !

Di: la vida es lo que he de aprender

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué cansancio !

Di: ¡ cuánto camino por recorrer ¡

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ no puedo más !

Di: si las dunas avanzan, yo también

Con el desierto ante ti, no digas: me doy por vencido

Di: seguiré, aunque quizás no llegue a mi destino Con el desierto ante ti, no digas: ¡ no hay nadie más !

Di: todos tenemos desiertos que atravesar y desiertos que coincidir

Con el desierto ante ti, no digas: la arena me abrasa

Di: con la arena se construyen casas

Con el desierto ante ti no digas: estoy perdido

Di: tiene que haber algún camino

Con el desierto ante ti, no digas: jamás saldré

Di: lo que tiene comienzo tiene su fin.

Cuando estés ante tu desierto, piensa, que es uno de los paisajes más bellos de la tierra: no temas, en él está tu sustento

Di: allí aprendí lo más cierto.

Cuando estés ante el desierto no digas: ¡ qué silencio !

Di: no oigo.

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO.

El vecino es más importante que la casa y el compañero más que el camino.

Proverbio bereber.

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO.

Nacemos sin traer nada, morimos sin llevar nada. / Y en medio luchamos por ser dueños de algo…”

Rumi.

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Una hombre del desierto llegó junto a a un derviche y, viéndolo sentado sobre una piedra en el desierto le preguntó: – Maestro, ¿en qué dirección se encuentra el Paraíso? – El derviche, señalando con el dedo el horizonte, dijo: – ¡Por allí! – El hombre, intentando orientarse, volvió a preguntar: – Maestro, ¿entonces el infierno se encontrará hacia el lado contrario?

– No – replicó el derviche – está en la misma dirección.

– Pero maestro – dijo el hombre – ¿Cómo es posible llegar al cielo y al infierno por el mismo camino?

– Porque el cielo y el infierno no dependen tanto del sendero que tomes,

sino de cómo lo transites .

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Una niña de seis años caminaba por el desierto

con su abuelo, en camino a una reunion de los

bucadores de la verdad que se juntaban provenientes

de todas las latitudes, cuando apareció de repente

un hombre cantando, en su misma ruta.

– La paz sea contigo. dijo el cantante ¿También vais

a la reunión?

– Si claro, allí vamos., dijo la niña

-¿Dónde tendrá lugar la reunión?

– No lo sé, y mi abuelo tampoco

– Entonces, ¿Cómo pensáis llegar?

– Basta con andar, solo andar.

– Y si nos perdemos… ¿qué hacemos?

– Nadie se perderá – contestó el abuelo – porque quien tiene

autentica fe nunca se pierde, y cada uno usará su don más

preciado para hacer su camino…en tu caso, es tu voz.

Canta hijo mío, y ya veras como el camino

aparecerá ante ti.!

(Bab’Aziz )

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SABIDURÍA…

Dice un viejo cuento sufí que cuando un niño está en el seno de su madre tiene todo el conocimiento del mundo.

Sabe cuántas estrellas hay en el firmamento, cuántas gotas hay en el mar y cuántos granos de arena en el desierto.

Conoce los misterios del cielo y las estrellas, y conoce hasta la última letra de la Torah. No hay misterio sobre la faz de la tierra que desconozca, ni misterio en el cielo o en el mar que no pueda resolver.

Pero cuando está a punto de nacer, su ángel de la guarda baja del cielo y colocando un dedo sobre sus labios sella todo su conocimiento dentro de él, y le susurra una sola palabra:

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Más allá de los límites de la Tierra,

más allá del límite Infinito,

buscaba yo el Cielo y el Infierno.

Pero una voz severa me advirtió: “El Cielo y el Infierno están en ti.”

Omar Khayam

 

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Fragmento de

La conferencia de los pájaros…

Una noche, varias polillas ardientes de deseo

se reunieron para comprobar si todas compartían

la misma obsesión.

¿Cómo podremos saberlo?, se preguntaron,

y convencidas de que la verdad poseían,

a una de sus congéneres enviaron en busca de información que pudiese saciar su curiosidad.

De un extremo a otro recorrió esta polilla los velos de la noche, hasta que logró divisar la llama de una vela en la torre de un castillo.

Al regresar junto a sus compañeras relató ante ellas su asombro, pero una de las polillas, que era sabia, dijo que la mensajera nada había comprendido sobre el candil, y envió a otra a investigar.

Con la punta de sus alas logró la segunda polilla tocar la llama, pero a las demás confesó que el calor la había ahuyentado y la verdad aún ignoraba.

Una tercera emprendió entonces el vuelo, tan intoxicada de amor que se arrojó al fuego y allí pereció, consumida. La sabia, al ver que la llama envolvía como un guante

el fulgurante cuerpo de su compañera, dijo a las demás: “Esa polilla sabe ahora lo que jamás podrá decir ni idioma alguno conseguirá revelar”

Farid un – Din Attar

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

El asno y el camello

Un asno y un camello caminaban juntos. El camello se movía con pasos largos y pausados. El asno se movía impacientemente tropezándose de vez en cuando. Al fin el asno dijo a su compañero:

-¿Cómo es que me encuentro siempre con problemas, cayéndome y haciéndome rasguños en las patas, a pesar de que miro cuidadosamente al suelo mientras camino, mientras que tú que nunca pareces ser consciente de lo que te rodea, con tus ojos fijos en el horizonte, mantienes un paso tan rápido y fácil en apariencia?

Respondió el camello:

-Tu problema es que tus pasos son demasiados cortos y cuando has visto algo es demasiado tarde para corregir tus movimientos. Miras a tu alrededor y no evalúas lo que ves. Piensas que la prisa es velocidad, imaginas que mirando puedes ver, piensas que ver cerca es lo mismo que ver lejos. Supones que yo miro el horizonte, aunque en realidad sólo contemplo hacia el frente como modo de decidir qué hacer cuando lo lejano se convierta en cercano. También recuerdo lo que ha sucedido antes y así no necesito mirar hacia atrás y tropezar una vez más. De este modo lo que te parece confuso o difícil se vuelve claro y fácil.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

El cuento de las arenas.

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas.

Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró:

“el Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río”

El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto. “Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino”

-¿Pero cómo esto podrá suceder?

“Consintiendo en ser absorbido por el viento”. Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. “¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?” “El viento”, dijeron las arenas, “cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río”

-“¿Cómo puedo saber que esto es verdad?”

“Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río.”

-“¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?”

“Tú no puedes en ningún caso permanecer así”, continuó la voz. “Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial.” Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó –¿o le pareció?– que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó:”Sí, ahora conozco mi verdadera identidad” El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron:”Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña” Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.

 

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Nómades del viento

Érase una vez un desierto. Un desierto de arenas cambiantes. Dunas rojas por el sol y el calor asfixiante. Un océano de arena que a primera vista parecería muerto, pero que ante unos ojos expertos rebosaba vida.

Esta es la historia de una caravana que nunca llegó a su destino.

Todo empezó un día…

Los camellos se asustaron. Abrieron las aletas de sus narices, nerviosos y atentos. El hombre cubierto por completo, solo dejaba vislumbrar una pequeña rendija para poder observar a su alrededor.

El jinete y su montura llegaron al límite de la duna y en el fondo de la siguiente se hallaba la causa de su nerviosismo. Un grupo de gente caminaba acompañada de sus camellos y enseres.

Dictan las normas de cortesía que al encontrarse en el desierto el saludo debe de ir acompañado de hospitalidad. Allí mismo plantaron las tiendas ya que la noche se le echaba encima. Era raro no encontrarse con alguien, ya que los caminos, aunque no marcados por nada ni por nadie, existían. Como sí una memoria ancestral guiara a las caravanas hacia su destino.

Así fue ocurriendo durante varios días y se iban acercando hacia el oasis, punto final de su recorrido.

A través de muchos años, se habían establecido alianzas y compromisos en el uso del agua y del fruto de las palmeras del oasis. Pero aún así existía en ese lugar un venerable anciano al que todos recurrían cuando surgía algún problema. O para oír de su experiencia en algo que se desconocía.

Llegó un día en el cual el anciano reunió a todos los viajeros de las arenas. Era de noche y sólo el techo lleno de estrellas les cobijaba.

Les convocó para contarles un secreto, solo por él conocido. Todos respetaban al anciano pues les había dado muchas muestras de sus acertados consejos a lo largo de los muchos años que le conocían.

Les habló así:

– Queridos hijos, hermanos. Os he visto crecer y os he seguido aún en los sitios en los que creíais que ya no me alcanzaba la vista. Así que creo saber como sois realmente. Estáis viniendo a este lugar para dar de beber a vuestros animales y habéis tomado este oasis como punto final de vuestro viaje. Pero no es así.

Un murmullo de sorpresa se extendió entre los presentes. Alguno pensaron que el viejo desvariaba.

– Os digo que más allá de estas dunas que nos protegen. Más allá del Desierto Negro, existe un oasis donde el agua fluye desde el cielo…

– ¿Cómo sabes eso, anciano?

– Lo sé porque yo nací allí. No debéis conformaros con este agua, porque aunque vosotros la veáis limpia y pura, y os quite la sed, os aseguro que la del Nacimiento es incomparable.

La mayoría de los que estaban oyéndole empezaron a retirarse pensando que era tarde, que para qué ir tan lejos si ya estaba allí el agua, para que arriesgarse… Encontraron mil excusas.

Quedaron solo unos pocos asombrados por lo que oían.

El anciano les miró y dijo:

– Entre vosotros algunos han reconocido el lugar del que hablo, otros os quedáis por curiosidad y otros porque se quedan los demás. Sed honestos con vosotros mismos y quedaos sólo si sentís la llamada. El viaje será peligroso y a la vez fascinante. Aprenderéis muchas cosas y tendréis que renunciar a muchas más. Pero la recompensa que obtendréis superara todas vuestras expectativas. Mañana por la mañana iniciaremos el viaje.

– ¿Cómo, tú también vienes?

– Naturalmente, ¿es qué acaso alguno de vosotros sabe llegar al lugar del cuál os hablo?.

Al día siguiente, cuando el sol despuntaba sobre las dunas, los que iban a iniciar el viaje, recogieron todas sus pertenencias dispuestos a continuar por el Desierto Negro, así llamado porque el sol había requemado el suelo de tal manera que parecía carbón.

Al cabo de poco tiempo comenzaron a formarse grupos de personas que hablaban entre ellas. El anciano les observaba y comprendía. Entre ellos hablaban de si era correcto dejar el mando de la caravana a alguien tan anciano, e incluso alguien empezó a comentar en voz alta su inseguridad ante el viaje iniciado.

Todo ese día siguió igual y al llegar la noche el anciano les hizo parar y convocó una reunión.

– Escuchad. Aquellos de vosotros que estáis aquí por curiosidad, aún estáis a tiempo de volveros atrás, conocéis el camino de vuelta. Los que os quedáis porque siempre habéis estado siguiendo a otro, os digo lo mismo, ya que a partir de mañana aunque vayamos juntos cada uno debe de velar por sí mismo. Debe de confiar en la huella del camello que lleva delante. Procurad no dormiros, ya sabéis que la muerte aguarda en el sueño.

Y vosotros, aquellos que tenéis constancia de la verdad. Continuad en vuestra creencia. Yo os conduciré al final. Mi compromiso con vosotros es tanto o más que el vuestro conmigo.

Acto seguido, algunos de entre todos ellos dijeron que se marchaban. Preferían seguir como antes, que no veían seguro el resultado del viaje…

Pasaron varios días, y en su recorrido del desierto sucedió que se encontraron viajeros que se unieron a su caravana y algunos de la caravana que la dejaban por diversas razones.

Pero el tiempo pasaba, y ni todos los curiosos, ni todos los acompañantes se habían marchado. Resultaba que en sus corazones no anidaba el anhelo de la verdad, sólo el ver que era aquello de lo que se hablaba y los otros, en su cobardía, no querían aceptar que estaban allí sin desear estar.

De nuevo, por la noche, el anciano los reunió:

– Sé que entre vosotros anida la duda del viajero. Empezáis a pensar en lo que habéis dejado atrás. Tenéis miedo a lo desconocido que hay más adelante. Solo os pido que confiéis en mí. Estáis aquí por libre voluntad, y si conseguimos estar más juntos, lo que empezó como una reunión de gentes dispersas conseguiremos transformarlo en un autentico pueblo. No desesperéis. No queráis ver ya el oasis de la Fuente, aún queda mucho camino. No prestéis vuestros oídos a todos aquellos que llamándose vuestros amigos quieren apartaros del camino que lleváis en el corazón.

Siguieron pasando los días. Los puntos de desunión y unión se iban cada ensanchando vez más. Se llegó a plantear en una reunión, en la que no estaba presente el anciano, el continuar el camino por otro lugar menos agreste y que fuera más gratificante. Alguno entre ellos les dijo que él había oído hablar que parecía ser había otras caravanas surcando el mismo desierto, que si se unían a ellas todo iría mejor, y más cosas…

El anciano conocía todas estas cosas y su corazón se entristecía. Él les había abierto las puertas del conocimiento, del conocerse a sí mismo, y ellos mismo le planteaban que estaba equivocado. ¿Cómo podía estarlo si él era quien había hecho la ruta que ahora ellos pretendían conocer mejor que él?

El clima de los viajeros llegó a tal extremo que uno de los que no eran corrió el rumor de que el anciano estaba perdiendo el juicio, que ya no podía seguir guiándolos porque lo que hacía no estaba bien, que él sabía que las cosas no eran de la manera tal como el anciano lo contaba. De nuevo la duda anidó en los corazones de los viajeros. Pero lo que más le dolía al anciano era que nadie de entre todos ellos se dirigiera a él para preguntarle nada, sino que daban crédito a alguien que ni siquiera había hecho esa ruta con anterioridad. Pero el anciano les dejó hacer. Si estaban con él voluntariamente él no era nadie para obligarles a hacer algo que no querían.

Aún así los convocó a una última reunión: Y dijo:

– Cuando iniciamos este viaje, todos vosotros vinisteis voluntariamente. A nadie obligué. Os conté el lugar de la Fuente, el lugar donde yo nací. Y vosotros aceptasteis venir. Os avisé que era un viaje largo y duro. Y sin embargo, ahora, habláis de otros lugares, de otras rutas. No os puedo detener. Os dije que había tres grupos entre vosotros. Vosotros habéis elegido a que grupo queréis pertenecer. Sólo una cosa más. Yo he de continuar mi viaje, y lo haré aunque continúe en solitario. El desierto es ancho y lo recorren innumerables sendas. Esta es la mía y el que quiera caminar por ella debe hacerlo de acuerdo a las reglas establecidas para este camino.

Los miró uno a uno, con gravedad y una extraña sensación se apoderó de los corazones de los viajeros. Se miraron entre ellos y cuando volvieron su vista hacia donde había estado el anciano, no había nadie.

Un revuelo recorrió a todos. ¿Qué hacían? ¿Hacia dónde dirigirse? Ahora, incluso aquellos que hablaban, que decían saber otros caminos, callaban. Solo unos pocos se levantaron de la arena y mirando a las estrellas continuaron caminando.

Dicen los narradores de historias que esta es una historia inacabada. Que la tribu de los que se levantaron aún sigue caminando aunque sin saber hacia donde dirigirse, sólo recuerdan que un día el anciano mencionó La Estrella y ellos ya no buscan la Fuente, si no ese punto de luz que los alumbre en su caminar a ningún lugar.

¡Ah! Se me olvidaba. ¿Sabéis el nombre por el que eran conocidos?

Agradecemos compartir.

Pedro Parcet

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Vº ENCUENTRO DE NARRACIÓN ORAL HECHO EN ARGENTINA 2016

Les damos la bienvenida a la 5ta edición de los encuentros de narración oral Hecho en Argentina. Este año serán 10 encuentros distribuidos en 5 fechas, con sede única en Vicente el Absurdo (Julián Álvarez 1886). Por lo limitado de las fechas, muchos compañeros y grandes narradores no pudieron participar este año; como siempre, nos hubiera gustado poder invitarlos a todos. Otros compañeros nos ofrecieron sus espacios para ser sede de los encuentros, y lo agradecemos inmensamente. 
Gracias por participar, por difundir, por ser parte año tras año. 

¡Los esperamos de 8 de Octubre al 19 de Noviembre!

SÁBADO 8 DE OCTUBRE. APERTURA Y DOS FUNCIONES

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SÁBADO 15 DE OCTUBRE. DOS FUNCIONES

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SÁBADO 29 DE OCTUBRE. DOS FUNCIONES

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SÁBADO 12 DE NOVIEMBRE. DOS FUNCIONES

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SÁBADO 19 DE NOVIEMBRE. DOS FUNCIONES

CREEMOS EN ESTAS COSAS:

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 Los esperamos!