Cuento samurai. La tiniebla

LA TINIEBLA

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Un samurai le decía a otro:

– Cuando estoy frente al enemigo siento que penetro en las tinieblas y a causa de esto he sido herido gravemente…

sin embargo, tú, que has librado numerosos combates y guerras, jamás resultaste herido. ¿Cómo lo has logrado?

El otro contestó:

– Cuando me enfrento con el enemigo, al igual que tú, siento penetrar en las tinieblas. Pero en ese mismo instante

hago que mi mente se aquiete y no se conmueva, así todo se vuelve tan claro como una noche iluminada por la plateada luna.

Si ataco en ese momento, sé que no seré herido. Esta es la situación en el momento de la verdad.

La tiniebla, al igual que la luz, son estados de la mente; por ello es posible verse sumido en la oscuridad aún en medio de la luz,

y poder ver tan claro en la tiniebla como si fuera bajo la luz del día.

El budismo Zen recomienda combatir los estados mentales de confusión, angustia, ansiedad, desazón, etcétera,

ya que todos ellos proceden del ego que cae presa del deseo y que procura el dominio.

El primer guerrero fundaba sus pensamientos y estrategias en el ego, por ello resultaba herido.

El segundo guerrero, en cambio, comprendía la situación tal como ésta se le presentaba, pues su estado mental no partía del ego,

y su conciencia podía recoger fácilmente las señales que se le presentaban.

Nada amenaza al samurai que alcanza la comprensión de los otros y de lo que sucede.

El ataque no requiere tanto de la fuerza como de la paciencia. Saber librar un ataque proviene del saber esperar,

el saber esperar proviene del abandonar el ego, y quien abandona el ego encuentra siempre la solución a un problema,

y en medio de la tiniebla verá claro. Por ello, el combate no es tan sólo un hecho bélico; es también un acontecimiento de la conciencia,

un acontecimiento filosófico. Quien anhela vencer será vencido; quien no teme por su vida vencerá.

La esencia del combate consiste en estar involucrado y a la vez en no estarlo.

Se debe estar involucrado en la situación que se presenta y ser uno con ella;

y a la vez no permitir que el ego se involucre por medio de sus deseos.

El jinete, el caballo, el arco, la flecha y el blanco se mueven y actúan como si fueran uno solo.

Si el guerrero separa cada una de las acciones por medio de su pensamiento, no dará en el blanco y será derribado.

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