Cuentos de Joe Show. “Bobby Linch viene a visitarte”.

Joe Show.

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Bobby Linch viene a visitarte.

Huracán había recibido tantos golpes que terminó en el loquero.

Fue triste ver cómo se lo llevaban gritando:

– ¡Joe Show! ¡Ayuda! ¡No dejes que me lleven, ayuda!

Cuando uno recibe muchos golpes en la cabeza tal vez pasen años, pero en un momento aparecen.

¡Aquí estoy! Soy los golpes que recibiste. Estoy vestido de Parkinson y vine a visitarte. Voy a entrar a la casa de tu cuerpo.

!Aquí estoy! Soy los golpes que recibiste. Estoy vestido de demencia y vine a visitarte. Voy a entrar a la casa de tu cuerpo.

Cuando fui a visitar al Gran Campeón “Mantequilla” Nápoles estaba sentado a la puerta de su casa.

Su casa… una casa que le habían prestado para que no durmiera en la calle.

Estaba viejo, derrotado.

Había perdido toda su fortuna y le costaba caminar, no coordinaba sus movimientos ni su voz, eso sí, tenía una sonrisa… la sonrisa de los locos.

– ¿Cómo estás campeón?
– Bien.
– ¡Qué gran campeón! Qué buenas peleas ¡ todas! cuando le diste esa lección inolvidable a Saldaño.
-Sí.
– Y las peleas por el Campeonato del Mundo, fueron muchas.
-Sí.
– ¿ Recuerdas la pelea con Monzón?

– No… sí. Si yo hubiese estado un poco más joven,… la semana pasada estuve en Cuba, traje habanos. ¡ Berta, dame mi habano!

La mujer hizo de cuenta que traía un habano.

“Mantequilla” olió el habano imaginario y dijo:

– Es de los buenos. Cuba. De la Isla lo traje, la semana pasada lo traje.

La mujer me dijo:

– Está “Chiplito” mi viejo, yo lo consiento. nunca regreso a Cuba.

¿ Sabe? Vivimos de prestado en esta casa y a veces no tenemos ni para la leche. Al viejo le gusta mucho el arroz con leche.

No había mucho para hablar, se lo veía muy mal y cuando avisé que me iba dijo:

-Esperá, me acuerdo de la pelea más importante de mi vida. Fue con el Bobby Linch. En el Foro de Inglewood. quince rounds.

El estadio lleno. Yo estaba con mucha potencia y el cuerpo brillante como una fiera salvaje y él estaba grande.

Antes de empezar la pelea desde el rincón se movía así, para los costados lento. Una mirada fiera.

Tenía el pelo mota y bien cortito y unos bigotes finitos, como de actor de película. La bata roja, pantalones rojos, guantes rojos.

Yo también, bata roja, pantalones rojos, guantes rojos. Rojo como la sangre. 

Fueron quince rounds increíbles, él me daba acá, todos los rounds me martillaba la cabeza y yo también a la cabeza y al hígado, arriba y abajo.

Los dos estábamos cortados, llenos de sangre. Yo no daba más. las piernas eran dos maderas y al empezar el último rounds se me vino así,

avanzando lento, caminando para los costados.

Nos cruzamos una y otra vez. De pronto sentí sus puños. Bum bum!

No recuerdo más. Me desperté en la ducha. El agua fría me despertó y le dije a mi entrenador:

– “Lo siento”.

– ¿Lo siento? Si ganaste por knockout en el último minuto. ¡Qué directo al mentón!

No recuerdo nada después de su golpe pero esa es la pelea que tengo aquí. El triunfo sobre Bobby Linch.

Llevate un habano para el viaje Joe Show, son buenos. Cuba, los traje de Cuba la semana pasada.

 
Cuando Visité al campeón  Emile Griffith. También estaba viejo y vencido.

Me dijo:

– soy un prisionero en esta vida. Maté a un hombre en el ring y la gente me ha perdonado. Y amé a un hombre, amé con toda mi alma a un hombre y la

gente me ha condenado. Hice muchas peleas. ya no las recuerdo, fueron muchos golpes aquí.

A veces sueño con ese hombre que maté en el ring. Viene y me habla al oído. Emile… Emile… Son cosas del boxeo. Yo también te perdono.

Perdón Joe, pero no puedo hablar más. Mirá cómo me tiemblan las manos y ya no recuerdo gran cosa.

Todo ha caído en un gran agujero negro. Pero hay algo que viene a mi memoria y eso me hace bien.

Sí. La gran pelea con Bobby Linch. Fueron quince rounds. Recuerdo su fiereza

El estadio lleno. En el Madison fue.  Yo estaba con el cuerpo brillante como una fiera salvaje y mucha potencia.

Y él estaba grande, antes de empezar la pelea desde el rincón se movía así, para los costados lento. Una mirada fiera.

Tenía el pelo mota y bien cortito y unos bigotes finitos, como de actor de película. La bata roja, pantalones rojos, guantes rojos.

Yo también, bata roja, pantalones rojos, guantes rojos. Rojo como la sangre.

Los directos que me acertaba a la cabeza. Parecía que tenía un tambor aquí adentro.

Durante quince rounds le aguante los directos. Yo ya no veía de la sangre en la cara.

Pero yo le daba abajo, lo dejé sin piernas en el último round y cuando lo iba a rematar vi su mirada de pantera y sentí aquí, Bum Bum.

Me desperté en la camilla. Estaba triste, había perdido la oportunidad, pero mi entrenador levantó el cinturón que estaba sobre la silla.

¡ Lo lograste campeón ! ¡Qué gancho al higado!

No recuerdo nada después de su golpe. No sé cómo lo vencí.

 
Cuando yo, Joe Show, algún día llegue a viejo y si Dios conserva mi cordura.

Me gustaría estar sentado en el umbral de la puerta de mi casa, o tal vez sentado a la puerta del viejo gimnasio de Don Guillermo

y ver llegar a un viejo Bobby Linch. Con su paso lento, de pantera cansada. Con sus canas motas y esos bigotes finitos,ya blancos.

Quisiera que se sentara a mi lado y preguntarle:

-¿ Cómo te ha tratado la vida Bobby Linch?

– ¿ La vida? Bien. He llevado un poco de paz a los olvidados, a aquellos pobres golpeados que la demencia y otras enfermedades los han habitado.

¡Me he dejado vencer Joe Show!

Le hice recordar algo bueno. Algo que nunca ha sucedido pero para esos desamparados es una realidad, un motivo de alegría.

¡Vamos viejo Joe Show! Dame un pitillo.

Acompáñame, te voy a enseñar a entrar en la mente de los olvidados.

Aflojate el moño y vamos.

Vamos viejo Joe.

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Las fotos son gentileza de Amaya Laura Arruabarrena.

Talleres de narración oral, Pedro Parcet, Talleres de narración,

Un comentario en “Cuentos de Joe Show. “Bobby Linch viene a visitarte”.

  1. Impecable cuento, Pedro. Conmovedor. Vas llevando al lector a la cima del sentimiento. Se nota que sos un conocedor del mundo y submundo del boxeo. Es claro como en el cuento demostrás que todo campeón paga una y otra vez un alto precio. Sí, una y otra vez, porque en el ring de la vida parece no haber revancha. Y Joe es un rescatador, un reinvindicador que se empecina en rescatar de la muerte a las viejas glorias, rescatarlas de la verdadera muerte y de esa otra muerte tal vez más terrible: el olvido. Y Bobby, en este caso, es el ángel que, gustoso, recibe piñas para salvar al otro. Me quedó la increíble sensación de que un hombre (un campeón) siempre es símbolo de todos los hombres.

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