Cuento Burkina Faso: Si Dios no mata, el jefe no puede matar.

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Había una vez, un jefe en un pueblo,
y en el pueblo, un hombre que tenía un hijo,
a quien le puso el nombre de “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”.

Puesto al corriente de semejante nombre,
el jefe, solamente a causa de este nombre,
mandó buscar al niño para hacerlo su criado
con el fín de vengarse de él.

Cada día manifestaba su cariño al niño.
Cada vez que necesitaba de alguien, llamaba “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”.
Para cualquier cosa, el jefe se dirigía a él,
manifestándole mucho cariño.

Un día, el jefe muestra al niño un anillo de oro masivo.
y es para confiárselo a su custodia.
El niño se puso a llevar el anillo en su dedo
cuando se paseaba con sus compañeros.

Cogió también la costumbre de bañarse con el anillo al dedo.
El jefe no manifestaba ningún signo de reprobación.
Más bien guardaba silencio.

Pero un día, el niño se fué, con otros compañeros, a bañarse al rio.
El anillo se le escurrió del dedo y desapareció en el rio.
Lo buscó, lo buscó, pero en vano, porque un pescado se lo había tragado.

Sus compañeros fueron corriendo a decírselo al jefe :
“Un tal ha perdido tu anillo”
“¿Qué lo ha perdido? ¡Tanto mejor!
Dice que se llama : “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”.
Yo le voy armar una buena.
Su padre le ha puesto el nombre de : “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”.

“ Hay una fiesta dentro de tres días, le dice al niño.
Para entonces, tendré necesidad de mi anillo.
Si yo no lo tengo,
aunque tu padre te haya puesto el nombre : “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”,
yo te voy a matar.
Si, dentro de tres días, no me encuentras mi anillo para mi dedo,
aunque si Dios no mata, yo te voy a matar.
El niño se puso a llorar.

El niño se fué a decírselo a su madre.
Un día antes, el jefe llama al niño y le reclama su anillo
ya que al día siguiente, es su fiesta.

El niño no hace más que llorar.
El jefe le concede este permiso,diciéndole :
“Vete a tu casa y que tu madre te prepare tu plato preferido.
Hoy, tu comerás toda tu parte.
Le indica la hora en la que sera ejecutado.
El niño vuelve a decírselo a su madre
y le dice que prepare un plato de tô *
con una salsa de pescado para comérselo antes de ser ejecutado.

La madre lleva el mijo a la piedra de moler,
lo muele sin dejar de llorar.
Con la harina prepara el tô.
Después, se va al mercado
en busca de pescado para comprarlo
y preparar la salsa.

En el mercado, élla busca que busca
pero sin resultado, no hay pescado.
Al cabo de un tiempo, vé un sólo pescado,
un pescado gato (siluro), dispuesto sobre la tapadera de un cesto.

Se adelanta y pregunta su precio.
La vendedora le dice su precio.
Y sin tardar, la madre del niño compra el pescado.
De vuelta a casa, prepara la salsa con el pescado.

El niño, atado con cadenas, yacía por tierra.
El jefe ordena que le suelten las manos.
Su madre le dá el plato de tô
y el niño se sienta para comer.

El jefe ya había convocado todos sus súbditos.
Los cantores están allá, los verdugos también.
Todos están fuera, tocandos los instrumentos de música
alrededor de aquél que lo van a ejecutar.

Una vez terminada la comida,el niño será conducido al lugar del suplicio.
El jefe también está fuera, sentado en una silla.
El lugar está rodeado de gente.
Todos esperan ver de cómo lo van matar.

El niño toma su primer bocado.
Para su segundo bocado, coge el pescado
para partirlo y comérselo.

En cuanto coge el pescado y lo parte en dos,
algo sale del pescado y hace un ruido extraño en el plato.

El niño se pone a buscar
y ¿qué vé? ¡El anillo!
Lo observa con cuidado, y se dá cuenta de que es el anillo del jefe.
¡¡¡Sí, en verdad, es el anillo mismo del jefe, su anillo de oro !!!

Se pone de pié, lo ata a la correa de su canzoncillo.
Y se vuelve a sentar.
Saborea lo que está comiendo.
Después de haber terminado de comer, se lo llevan fuera.
El jefe pide que lo traigan delante de él.

Se lo llevan al lugar del suplicio.
La gente está allá, los cantores tocan los instrumentos de música.
Todos se alegran.
Los machetes están alfilados,y el niño está allá, atado.

Cuando el niño llega delante del jefe,
éste le alarga su mano diciendole :
“Si Dios no mata, el jefe no puede matar.
Pón mi anillo en mi mano,
Si no, te van a matar hoy mismo.”

El niño se levanta,
saca el anillo de la correa de su calzoncillo
y lo pone en la mano del jefe.

Todo el mundo observa.
El jefe coge el anillo,
lo mira…lo mira de nuevo
y vé que es verdaderamente su propio anillo.

Se vuelve y lo muestra a aquellos que le rodean, diciendo :
“¡Mirad! ¡Efectivamente, es mi anillo!”
Entonces dice al niño :
“Yo sé ahora que el nombre que te ha sido dado por tu padre es verídico.
En verdad, si Dios no mata, el jefe no puede matar.
Tu tienes un buen nombre”.

Todos los presentes aplauden con satisfacción.
El jefe ensalza el niño
y le asocia a la dirección del pueblo.

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Cuento de Burkina Faso, Cuentos africanos, Talleres de narración oral, Pedro Parcet

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