Cuento de Nigeria – Folake

 

! MEDIDA DE SEPARADOR

Había una vez una hermosa mujer que se llamaba Folake. Su esposo era un comerciante muy rico que tenía más interés por el dinero que por la belleza. Él se dedicaba por entero a sus negocios y no le prestaba a su mujer la atención que ella deseaba. Su mujer tenía muy en cuenta el dicho que dice que si el campesino con azada no trabaja su tierra, será culpable de lo que otros hagan con ella. Pronto encontró a Ojo y a Kunle, dos amantes que los alternaba para darse el mayor de los gustos. Ojo y Kunle estaban celosos uno del otro y se odiaban, pero Folake los dominaba amenazándolos con contarles el secreto a sus esposas.

Un día, mientras Folake y Kunle se divertían sin inconvenientes, olvidándose por completo del mundo, escucharon de repente la voz del marido que había vuelto sorpresivamente de viaje. Folake le pidió a Kunle que se escondiera lo más rápido posible en un gran cántaro. El esposo creyó que Folake se había emocionado mucho por su regreso y cuando quiso sentarse a comer una papilla de ñames, Ojo paseaba por allí. Folake, más ágil que un halcón que atrapa un polluelo, antes que su marido pudiera sospechar algo, le dijo a Ojo:

-Aquí está el cántaro que debes recoger. Por favor, saluda a mi madre de mi parte.

La necedad no es ningún delito, pero no está libre de castigo. El marido, cuyo entendimiento iba más lento que una tortuga cuesta arriba, hasta ayudó a Ojo a colocar el cántaro sobre la cabeza.
Al estar en la calle, Ojo se propuso liberar a Kunle en un lugar apartado, donde nadie lo viera, pero luego lo pensó mejor:

-Para atreverse el antílope a entrar en la cueva de los leones, tiene que saber que será devorado. ¿Deberé compartir a Folake eternamente con este pilluelo?

Dirigió sus pasos a la casa de Kunle. Al darse cuenta Kunle de lo que tramaba Ojo, gritó:

-¿Acaso no hemos sido todo el tiempo buenos hermanos en el amor? ¿No debemos también ser hermanos en escapar del peligro?

Pero Ojo le dijo:

-¿Acaso soy una mujer que espera que sea su turno para atender a su hombre?

Pronto Ojo depositó el cántaro en la casa de Kunle y le dijo a su esposa:

-Aquí te traigo los saludos de tu querida amiga Folake. Ella te envía este cántaro.

Y Ojo desapareció lo más rápido que pudo. Cuando Kunle fue descubierto por su esposa, ella le tiró en la cara la comida caliente que recién había acabado de cocinar, desgarró su camisa, gritó y juntó a todos los vecinos. Kunle fue puesto en ridículo horriblemente y además tuvo vergüenza de ir donde Folake por lo tan mal que se le veía con la piel quemada.

Por largo tiempo sólo Ojo se citaba con Folake, cuyo marido todavía no sospechaba nada. El que mira hacia abajo ve su propia nariz, pero, ¿qué se puede hacer si uno siempre tiene los ojos fijos en el cielo?

Finalmente cuando la cara de Kunle se curó, él volvió a visitar a Folake. Ésta se puso muy contenta, pues no le bastaba tener sólo un amante. Antes de que Kunle la saludara, ella ya se había quitado la ropa. Repentinamente escuchó la voz de su marido. Folake, que estaba totalmente desnuda, se metió en un gran cántaro y dejó a Kunle para que resolviera el percance.
Kunle saludó amablemente al marido y le dijo:

-Me he encontrado con tu esposa en el mercado y le he comprado este cántaro. Ella me pidió que lo recogiera aquí.

El esposo lo ayudó a colocarse el cántaro sobre la cabeza. Kunle salió de allí y pensó en la mejor manera de poder liberar a Folake, pero luego se le vino a  la mente lo siguiente:

-¿Por qué tengo que salvar a Folake, si ella me ha puesto en peligro?

Y decidió castigarla. Se dirigió a la casa de Ojo y encontró a Ojo junto con su mujer. Depositó el cántaro y dijo:

-El esposo de Folake me ha pedido que les traiga este regalo.

Y Kunle se esfumó antes de que descubrieran en el cántaro a la mujer desnuda. Eso fue tal batalla y tal griterío como si cincuenta gallos se pelearan por una sola gallina. Primero se golpearon y arañaron las dos mujeres, luego ambas se fueron contra Ojo, y lo dejaron como a una lechuza bajo la lluvia, hasta que los vecinos lo lograron salvar.

Así Kunle se vengó, pero también perdió a Folake, pues el marido estaba como el hombre que busca sus pantalones y finalmente se da cuenta de que los lleva puestos. Se puso más vivo y en el futuro le prestó la debida atención a su esposa.

“Ojo se portó como el que defeca en la calle y las moscas le revolotean por la espalda. Kunle actuó como aquél que para castigar a la palmera corta la cuerda con la que se ha subido a ella.”

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2 comentarios en “Cuento de Nigeria – Folake

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