“El Vainilla” – Joe Show.

DESAFÍO A CUALQUIER PERSONA AFICIONADA AL BOXEO A PELEAR. TRES ROUNDS DE DOS MINUTOS CADA UNO. ME BANCO CUALQUIER EDAD Y CUALQUIER PESO. POR CINCO LUCAS NO ESTÁ NADA MAL. TE DOY UNA PALIZA Y ENCIMA ME PAGÁS. COMUNICATE CONMIGO. LEE MÁS ABAJO LA HISTORIA DEL VAINILLA.

PicsArt_1437544896830EL VAINILLA. EL CAMPEÓN LIVIANO MÁS PICANTE DE LA HISTORIA DE ZONA OESTE DESAFÍA A CUALQUIER AFICIONADO. CUALQUIER EDAD Y PESO A COMBATIR TRES ROUND DE DOS MINUTOS CADA UNO. CINCO MIL PESOS EN JUEGO. EL QUE PIERDE PAGA.
BARRIO LIBERTAD. CALLE LAMADRID ENTRE GARIBALDI Y SOLÍS.
PREGUNTAR POR EL VAINILLA

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-¿Pero leíste esto Joe? La puta madre – Don Guillermo estaba enojado.
Había salido en El Boletín Box. Un boletín mensual que había que ir a buscarlo a un puesto de diarios determinado. Había tres puestos en toda la Capital para retirar los ejemplares. Traía el ranking de los boxeadores, notas, humoradas. Hasta avisos laborales, una bolsa de trabajo.
– Acompañame al gimnasio de Don León, capaz que ni se enteró.
Don León tenía el gimnasio cerca y “el Vainilla” había entrenado toda su vida allí.

Había sido campeón gracias a los consejos y los cuidados de Don León.
– ¿Qué hacés Guillermo? ¡Què alegría verte, tanto tiempo viejo!
– ¿Leíste el boletín mensual León?
– No, todavía no lo mandé a buscar.
– Mirá, lee.
– No, no te puedo creer
– ¿Qué hacemos León? ¿vamos mañana para la Casa?
– Tempranito Guille, mirá que el viaje es un tirón
– Dale León, nos encontramos a las ocho en la estación
Yo pregunté – Don Guille… Don Guille… ¿Puedo ir? Quiero conocerlo en persona.
– Dale Guille, llévalo al pibe – dijo León.
Ocho de la mañana. Estación Terminal, cemento, vías.
El tren pitaba a lo lejos. Lento venía, llegaba trayendo la carga de laburantes.
Al llegar se abrieron las puertas. Una densa marea de colores; atropelladas, corridas, andares rápidos, bolsos, bicicletas, algunos viejos… todos se perdieron en el gran portal.
Entramos al vagón. Ahora vacío, poca gente subió.
Estaba viejo el tren. Gastado, roto. Como la gente que viaja allí a veces. cansados de tanto laburar.
Don Guille y Don León hablaban sin parar pero yo escuchaba y veía otras cosas.
Pasaban vendedores ambulantes: Turrones, linternas, guías de calles.

Un ciego tocaba el acordeón.
Se cerraron las puertas.
Se movió la estación, los bancos, los carteles, barrera, la chicharra de la barrera, avenida poblada de coches, casas, calles, casas, calles, estaciones y postes. Un puente. Chalets, calles, chalets, calles, descampado, árboles, casitas, descampado, árboles, casitas…

la estación donde había que bajar.
Colectivo no. Remis no. No se veía transporte por ningún lado.
– ¿Y ahora? ¿Preguntamos?
– Como veinte para allá don.
– Vamos dijo Don Guille y encaramos.
Calle de tierra, descampado, casitas, descampado, casitas.
– A dos cuadras don, sí, El Vainilla vive a la vueltita por allí.
Llegamos. Reja de alambre de gallinero, marco de madera forrada con el mismo alambre sin candado. Palmas… nada. Palmas… -¡ Vainilla! ¡Vainilla!…Nada.
Cruzamos la reja. La casa cerrada medio abandonada, persianas rotas, maceteros largos vacíos, un macetón grande forma de cisnecon el cuello roto. dentro un poco de tierra y el cuero de un sapo seco.
Nos mandamos por la galería de costado.
Cuando llegamos al fondo a la derecha del terreno detrás de la casa, un galpón de madera sin puertas. Allí estaba, le vimos la espalda. El Vainilla dale que dale a una bolsa que colgaba de una viga. Derecha izquierda derecha izquierda, esquivo esquivo derecha izquierda derecha izquierda.
– ¡Vainilla, Vainilla! – llamaba Don Guillermo. Nada
-¡Vainilla, Vainilla! – Gritaba Don León. Nada
Y El Vainilla dale que dale, derecha izquierda derecha izquierda, esquivo esquivo derecha izquierda derecha izquierda.
-Vainilla! – Gritaron los dos.
Derecha izquierda derecha izquierda, esquivo esquivo derecha izquierda derecha izquierda.
– ¡Vainilla!
– Está sordo Don Guillermo – le dije y me acerqué despacio y le toqué la espalda.
Se dio vuelta como un rayo y en guardia, tenía una mirada de puma y de pronto FFF FFF.FFF FFF MMe cacheteó la cabeza a una velocidad… allí frenó y vio a los dos viejos. Bajó los brazos y se quedó inmóvil un rato. Los ojos de puma se transformaron en ojos de niño.
Cuando se recuperó de la agitación djo. Don Guille… Don León. ¿Qué hacen acá?
-Don Guille no habló, pero León que había sido su entrenador le preguntó enojado
– ¿Cómo es eso que vas a pelear con cualquier aficionado de cualquier edad y e cualquier peso por cinco mil pesos?
– Qué lindo que vinieron, vieron que estoy bien entrenado, le doy con todo a la bolsa.
– ¿ Querés que te maten Vainilla? ¿Por cinco mil pesos?
– Corro diez kilómetros por día y le doy a la soga dos horitas, que lindo que vinieron.
– ¿Vas a pelear contra uno de cualquier peso? ¿Estás loco vos? ¡Tenés sesenta años!
– Qué lindo que vinieron, estoy más rápido que hace treinta años
– ¿Te volviste loco?
– ¡Está sordo Don León! Está sordo… dije
– Ya vinieron a averiguar ¿Sabe Don León? Ya vinieron, pasen a casa.Tengo agua, agua fresquita. Aquí en el fondo pensaba pelear y encima podemos cobrar unos mangos a los que vienen a ver.
Don Guillermo se acercó, con esa mirada mansa que tiene el viejo, lo tomó de los hombros le dijo mirándolo a los ojos. No tenés que pelear Vainilla. No tenés que pelear.
El vainilla bajó los ojos, los hombros, parecía una marioneta con los hilos a medio cortar.
– Tomen agua por favor, siéntense un ratito.
Yo que recuerdo esta historia No quiero abrumarlos con las cosas que hablaron, los ojos del Vainilla entendía mirándo a los labios de Don Guille y Don León.
Llegó la hora de irnos.
– Nos vamos Vainilla. Movió la cabeza y sonrió.
-Le traigo más agua?

– Sí
-Che Guille. ¿Tenés algo de platita? – preguntó Don León.
– Sí.

Los dos dejaron unos mangos sobre un aparador.
– Yo tengo también Don Guille
– Poné.
Tomamos el último vaso de agua
– ¿Está fresquita?
Sí, está fresquita, gracias Vainilla.
Los abrazos, el silencio, la salida.
Estabamos cruzando la puerta esa de alambre.
– ¡Don León, Don Guille, pibe! ¡ Esperen!
Prometo que no voy a pelear- y abriendo el puño dijo.
La plata no, por favor, no. Gracias de corazón.
-¿Sáben? Publiqué el aviso porque necesitaba. Necesitaba saber si entre toda la gente que podía venir. Alguien se acordaba de mí, del Vainilla. No como boxeador, como persona.

La plata no. Gracias. Gracias.