Bolivia. Ñucu el gusano

PicsArt_08-06-07.13.32_20170911133657854_20180311085804567-01-02-01

Hace muchísimo, muchísimo tiempo, el cielo estaba tan cerca de la tierra que de vez en cuando chocaba con ella matando a muchos hombres.

En uno de los pueblos chimanes, vivía una mujer pobre y solitaria. Pasaba hambre ya que no tenía a nadie quien le ayude en su chaco o en cualquier trabajo para conseguir alimento.

Un día, entre las hojas del yucal, vio algo brillante. ¿Qué será? pensó la mujer, y se fue a su vivienda. En la noche soñó que ese algo brillante se movía como si tuviera vida. Por la mañana fue a buscarlo y lo recogió y envolvió en una hoja de yuca. Lo llamó Ñucu y considerándolo desde entonces como su hijo, lo metió en un cántaro para alimentarlo.

Ñucu parecía un gusano blanco. A la semana creció hasta llenar el cántaro. La mujer tuvo entonces que fabricar uno más grande, y ahí puso al gusano. A la semana el cántaro estaba otra vez lleno.

A pesar de su pobreza, la mujer trabajaba sólo para alimentar a Ñucu, que siempre tenía hambre y comía mucho. A la tercera semana Ñucu dijo:

– Madrecita, me voy a pescar.

A la noche fue al río, y al recostarse atravesado sobre éste, su enorme cuerpo represó las aguas y los peces comenzaron a saltar a las orillas. Al despuntar el amanecer llegó la mujer y recogió los pescados en una canasta. Desde entonces siempre tuvo alimento, cada noche iba con su hijo al río y correteaba por la playa agarrando pescados y metiéndolos en su canasta.

 La gente comenzó a murmurar:

– ¿Cómo es que esta vieja tiene ahora tanto pescado, si antes se moría de hambre?- y fueron y le preguntaron:  ¿Cómo tienes ese pescado?

La mujer no les respondía.

Pasó el tiempo y la gente del lugar comenzó a pasar hambre, ya no había peces para todos pues Ñucu los atajaba.

Entonces un día Ñucu le pidió a su madre:

– Madrecita, anda, diles que vengan aquí a pescar.

La mujer fue y les dijo:

– Allá arriba está Ñucu pescando. Vamos, él nos invita a recoger pescados para todos.

De este modo la gente conoció el secreto de la viejecita. Vivieron mucho tiempo sin problemas, hasta que Ñucu creció y llegó a ser tan enorme que ya no cabía en el río. Esta vez le dijo a la mujer:

– Madrecita, ahora me voy. Les he ayudado bastante aquí en la tierra, tú ya no pasarás hambre pues la gente te sabrá ayudar. Tengo que ir a sostener el cielo más arriba para que nunca más se vuelva a caer.

La viejita se quedó muy triste pensando en la pérdida de su hijo. Ñucu se echó entonces de un extremo a otro de la tierra y se elevó sosteniendo el cielo, hasta la misma posición en que está ahora. Ante el lejano cielo azul la mujer se puso a llorar. Pero en la noche, vio a su hijo brillando allá arriba. Era la Vía Láctea, y se consoló pensando que todas las noches podría ver a su hijo.

Bolivia. Atokk el zorro

11041044_597837720358367_771004350415626229_n

Dios creó el mundo: el hombre, la tierra, Ios animales y las plantas, alumbrados por el Sol, la Luna y las estrellas., Colores y propiedades dejó para el final; por un error escogió al Zorro para que transmitiera su voluntad a lo creado. Atokk (el zorro) tuvo la culpa de las imperfecciones, como bien quedará demostrado con esta historia.

 Desde lo alto del cielo Dios ordenó:

– Los hombres no necesitarán vestidos, que vivirán desnudos y  los dotaré de plumas que les cubran de la cintura hasta cerca de las rodillas.

Los hombres, inquirieron al zorro:

– ¿Qué es lo que ha dicho Dios?

A lo que el taimado respondió:

– Dice que las mujeres fabricarán los vestidos con trabajo: hilando, tejiendo. . . hasta que se les hinchen las yemas de Ios dedos y les duelan los pulmones.

Dios volvió a ordenar:

– No necesitarán sembrar cosa alguna en los campos. Árboles y toda planta darán sabrosos frutos para cortarlos fácilmente. Sobre las mazorcas del maíz crecerán las espigas del trigo.

Los hombres interrogaron nuevamente al zorro:

– ¿Qué ha mandado Dios?

– Dice que los hombres siembren las tierras y se sustenten con su trabajo, que los vegetales los dejen para alimento de los animales, sus verdaderos hijos.

Dios habló nuevamente:

– La gente se alimentará una vez al día.

lnquirieron los hombres, y Atokk aclaró:

– Dice que coman tres veces al día. La primera comida se llamará desayuno, servida por la mañana; la segunda se llamará almuerzo, al mediodía y sin falta, y la tercera, dada por la noche, se denominará cena. Que retengan esto bien los hombres y las mañosas mujeres sobre todo. . .

Siguió hablando Dios:

– Las lanas de las ovejas serán azules, rojas, verdes, blancas, negras, amarillas y de todo color, como el arco iris, para que las mujeres o los hombres que quieran adornarse con hermosos vestidos no tengan necesidad de teñirlas.

– ¿Qué ordena Dios ahora?

El ladino aclaró:

– Dice que las lanas de las ovejas serán blancas, negras y cafés, y que si quieren teñirlas a otros colores deberán usar todo tipo de tinturas.

A cada afirmación del zorro las cosas salieron a su humor. Los hombres y las mujeres descontentos con las órdenes del Supremo Hacedor, quisieron preguntar por lo menos sobre un asunto, y por intermedio del zorro lo hicieron. Atokk preguntó a Dios:

– Dicen los pobres indios que cómo hilarán y tejerán sus vestidos.

Dios repuso con bondad:

– Diles a mis hijos que sus mujeres pondrán sus husos y un poco de lana dentro de un cántaro, y yo convertiré todo eso en hermosas telas y fascinantes hebras.

Preguntó la gente al zorro lo que Dios respondía. Atokk dijo burlón:

– Dios dice que las mujeres durante toda su vida trabajarán hilando y tejiendo, que lo que piden es imposible.

Creado el mundo, obra de la burla del zorro, los hombres acataron con tristeza la voluntad divina.

Continuar leyendo