El Gallo de Barcelos. Portugal

LA LEYENDA DEL GALLO DE BARCELOS

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A orillas de río Cádavo, no muy lejos de Braga, al norte de Portugal, zona de excelentes vinos de Douro, nos encontramos con una entrañable ciudad de casas solariegas, de ambiente medieval, de nombre Barcelos y de leyenda sin igual, el Gallo de Barcelos.

Todos los jueves desde la edad media, se celebra la feria de artesanía más importante del país. La expresión viva y multicolor del alma de Barcelos emana de su famosa loza pintada.

Su enigmático calvario, del siglo XVI, conservado en el museo arqueológico de la localidad, da origen a uno de los símbolos que mejor representa a Portugal, el célebre y distinguido Gallo.

Cuenta la leyenda, que tiempo atrás, los habitantes de la villa se sobresaltaron con un espantoso crimen. Aunque no se sabe muy bien si tal suceso fue un robo de plata a un terrateniente como narran otras variantes.

Sea como fuese, el hecho conmocionó a la apacible aldea, que para mayor consternación, no podían hallar al incurso. Un día apareció en el pueblo, un pobre peregrino camino de Santiago, y las autoridades no dudaron en aprehenderlo y condenarlo a muerte. De poco le valió clamar su honradez al sentenciado. No obstante, se le concedió, como última voluntad, ser llevado ante el juez, que en esos momentos se encontraba compartiendo con unos amigos, un espléndido banquete.

El pobre reo, declarando una vez más su inocencia ante la incredulidad de los allí presentes, señalo el hermoso gallo asado del festín y exclamó:

” Mi inocencia es tan cierta que os puedo asegurar que este gallo se pondrá de pie en su plato y cantará si soy colgado sin ser culpable del crimen de que se me acusa”

Pese a las risas, nadie tocó el plato, y en el momento preciso en el que el acusado estaba siendo colgado, el gallo se levantó, batió sus alas y cantó.

Horrorizado por su error, el juez corrió hacia la orca y descubrió con asombro, que el sentenciado aún seguía vivo, gracias a un nudo mal hecho de la cuerda que impedía que se cerrase totalmente sobre la garganta del acusado.

El gallego volvió años más tarde a Barcelos y ordenó construir el crucero en agradecimiento a la Santísima Virgen y en honor a Santiago. Por ello, este Gallo, emblema de la ciudad es el símbolo de fe, de justicia y de buena suerte de Portugal.