La conversión. Zen

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LA CONVERSIÓN DE KISHO

Un gran maestro de tiro al arco (kyûdô) tenía un discípulo llamado Kisho que se sentía inferior ante su maestro. El maestro era el maestro. Por eso, Kisho esperaba la muerte de su maestro. Pero éste, fuerte y de salud excelente, estaba lejos de morir. El discípulo Kisho decidió, pues, matar a su maestro.

Un día Kisho se entrenaba disparando flechas en un campo cuando el maestro Kyodo fue a reunirse con él.

Justo en aquel momento el discípulo disparó una flecha apuntando a su maestro; pero éste disparó igualmente… Las dos flechas se encontraron en pleno vuelo y cayeron.

El discípulo disparó otras nueve veces y cada una de ellas fue detenida por el maestro. Kisho tenía diez flechas. El maestro no tenía más que nueve. El discípulo disparó la última flecha, pero el maestro tomó su lanza, la arrojó y cortó al vuelo la flecha.

El discípulo admirado se prosternó.

Maestro y discípulo se abrazaron.

-¡Oh, gran maestro!

-Oh, gran discípulo!

Con su ego esfumado entraron en las relaciones eternas de maestro a discípulo.

Mensaje esencial. Zen

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En la época de la dinastía T’ang había un maestro que meditaba entre las ramas de un árbol. Su nombre era Viejo Maestro Nido de Pájaro. El gobernador de la provincia, Po Chu-i, que era también un poeta ch’an, fue a visitarle.

-Pareces estar en una posición poco segura, Viejo Maestro Nido de Pájaro. Pero ¿podrías decirme qué es lo que todos los buddhas han enseñado?

Nido de Pájaro respondió:

-Haz siempre el bien. No hagas nunca el mal. Cultiva tu espíritu. Todos los buddhas han enseñado esto.

-Haz siempre el bien, no hagas nunca el mal y cultiva tu espíritu. Esto ya lo sabía yo cuando tenía tres años -respondió Po Chu-i.

-¡Oh, sí! -dijo Nido de Pájaro-, un niño de tres años puede saber esto; pero ni siquiera un hombre de ochenta años puede llevarlo a cabo.