Copi. Fragmentos.

Copi. Cachafaz.

Fragmentos…

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Una obra trascendente…

Toda la obra de Copi es muy sensible a las formas, pero particularmente Cachafaz, que parece haber sido escrita a la sombra de la sentencia de Rubén Darío, «la forma es lo que primeramente toca a las muchedumbres».

Cachafaz es un compendio de todas las formas posibles: una «tragedia bárbara en dos actos y en verso», efectivamente, pero también un texto de la gauchesca, una antología del tango, un sainete y, también, un panfleto revolucionario.

De acuerdo con la lógica que domina toda su obra (que es, en definitiva, la lógica de los grandes artistas), Copi no escribe un momento de la literatura argentina sino la literatura entera, como si con él comenzara de nuevo la literatura argentina o como si la historia literaria no hubiera sucedido.
Cachafaz se plantea como el comienzo del teatro, y a partir de Cachafaz habría que volver a definirlo todo: el público, los estilos de actuación, el espacio y el tiempo teatrales, la relación entre habla y cuerpo, las relaciones entre arte y cultura, entre literatura y política…
Está la tragedia griega y está Copi, y en el medio no importaría qué hubo porque no hace falta.

CACHAFAZ:
Ni soy caco ni soy pillo
y soy mucho menos reo,
¡estoy en Montevideo
cuna de machos sinceros!
Si me llaman Cachafaz
es injusticia social,
¡nací en un cañaveral
y mi madre murió en paz!
¡Nadie me dé de matrero,
mucho menos un milico!
Aunque yo nunca fui rico
del mundo sé la moral.
Ningún ser nace anormal,
cualquier loro tiene pico
y aquí les digo y replico
la forma de lo esencial.
El hombre es un animal
negro, blanco, pobre o rico
con nariz o con hocico
¡pero nadie es pavo real!

CACHAFAZ:
¿Por qué no me das alpiste?
RAULITO:
Porque me has tratado ‘e puto
CACHAFAZ:
¡Pero si vos sos un puto!
RAULITO:
¡Pero entonces Dios no existe!
RAULITO:
¡La muerte la conjuramos!
¡Somos pareja maldita!
Podemos hacer comercio
de nuestra cruel condición,
¡fundemos circo ambulante
al son de un buen bandoneón!
Seremos monstruos monstruosos
mucho más humanos que osos
y aquí se muestra el disfraz:
Raulito y Cachafaz,
¡el colmo ‘e lo repelente!

Hombre pobre, mujer rica

RAULITO:
¿Puto? Pero no exageremos,
soy un poco amanerada
tengo chic y tengo garbo
¡pero es porque tengo tango!

Pero también Raulito podría ser un travesti:

CACHAFAZ:
¡Mirá… Te ponés el zorro
te apoyás en un farol
y no me volvés a entrar
sin un kilo de morcilla!

O un transexual:

RAULITO:
¡Acariciame las tetas!
CACHAFAZ:
¡Te las quemo con un pucho!

RAULITO:
Hace un año que lo he visto
cuando me hizo una gauchada:
me selló el cambio de sexo
en mi carta ‘e identidad.
(En el final, Cachafaz y Raulito, mártires de la revolución antropofágica, son víctimas de la metralla)
Raulito le dice a su hombre:
«muramosnós, se está levantando viento»

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Taller de narración, talleres de cuentos, Narración oral

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TALLERES DE NARRACIÓN EN VERANO

HOLA! TE PASO UNA INFO DE DOS TALLERES DE VERANO.
ES PARA TODOS LOS NIVELES.

 

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TALLER 1

FELLINI
ES UN TALLER CORTO DE DOS CLASES Y LUEGO UNA MUESTRA COLECTIVA ENTRE LOS PARTICIPANTES.
A LOS QUE SE INICIAN UN ACERCAMIENTO A ESTE ARTE HERMOSO QUE ES CONTAR HISTORIAS.
UN COMPARTIR POR IGUAL CON OTROS QUE TAL VEZ YA TENGAN UN RECORRIDO CON UN POCO MÁS DE EXPERIENCIA.
TODOS APRENDEMOS DE TODOS AQUÍ

MUCHAS VECES EL NARRADOR DEBE RENUNCIAR A CONTAR Y APRENDER A DECIR. QUE TAL VEZ SEA UNA FORMA MÁS CERCANA A LO QUE ES REALMENTE CONTAR.
SI DECIDÍS VENIR, CONFIÁ. HACE MUCHOS AÑOS QUE HAGO ESTO Y TENGO UNOS GRUPOS FANTÁSTICOS DE GENTE.

«FELLINI»
TALLERES INTENSIVOS EN ENERO. NARRACIÓN ORAL.
EN VICENTE EL ABSURDO
JULIÁN ÁLVAREZ 1886.
Miércoles 11 y jueves 12 de 18 a 21 hs.
MUESTRA DE TALLER el sábado 14 a las 18 hs.
Mi nombre es Pedro Parcet.
Hace años desarrollo estos talleres Fellini.
Voy como siempre. Con mis papeles en blanco a descubrir como el taller, mediante ejercicios y cuentos, se convierte a cada momento en una especie de «animal morfológico» una mutación constante, imprevisible. Una experiencia llena de energía que nos deja pensando.
Te esperamos para el laboratorio y la muestra.
Narración oral ciento por ciento.
Creo que algo puedo aportar a su creación…
» Cuando filmo, cuando entro en contacto con la realidad, la página escrita ya no me interesa»
«No me gustaría dar a mi trabajo un tono místico, pero quisiera decir que mi sistema consiste en no tener sistema.
Me dirijo a una historia para saber lo que esta me va a contar»
FEDERICO FELLINI
Info 1544773272
Africaporlapaz@hotmail.com
Y mejor.. por aquí!
Por facebook. Inbox.


TALLER 2

CUENTOS SAMURAIS

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TALLER SOBRE CUENTOS SAMURAIS.
CUENTOS DEL JAPÓN. YO LLEVO EL MATERIAL BIBLIOGRÁFICO
MARTES 3
MIÉRCOLES 4
JUEVES 5
(MARTES 10 DE ENERO AJUSTE PARA LA MUESTRA)
ESTO ES EN ESTUDIO SENBAZURU
AV. CÓRDOBA 1646 6 PISO DTO 207

Y LA MUESTRA ES EL DÍA VIERNES 13 DE ENERO A LAS 18 HS.
EN VICENTE EL ABSURDOJULIÁN ÁLVAREZ 1886
ESTE TALLER TIENE CUPOS LIMITADOS.
POR FAVOR CONTESTEN EN LA BREVEDAD.

LLAMAME SI QUERÉS AL 1544773272
Pedro Parcet

15590273_846948712113932_6872079636717041333_ntaller de narración, talleres de verano, escuela de narración oral, talleres y cursos de narración

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Baal Shem Tov. Un lugar en el bosque

Compartimos esta bella historia de la tradición judía.
Un lugar en el Bosque
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Esta historia nos cuenta de un famoso rabino jasídico: Baal Shem Tov.
Baal Shem Tov era muy conocido dentro de su comunidad porque todos decían que él era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios escuchaba sus palabras cuando él hablaba.
 
Se había hecho una tradición en este pueblo: Todos los que tenían un deseo insatisfecho necesitaban algo que no habían podido conseguir iban a ver al rabino.
 
Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único, que él conocía en medio del bosque.
Y una vez allí, cuenta la leyenda, que Baal Shem Tov armaba con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja… como si fuera para él mismo.
Y dicen…
Que a Dios le gustaba tanto esas palabras que Baal Shem Tov decía, se fascinaba tanto con el fuego armado de esa manera, quería tanto a esa reunión de gente en ese lugar del bosque… que no podía resistir el pedido de Baal Shem Tov y concedía los deseos de todas las personas que ahí estaban.
 
Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta que nadie sabía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo…
Pero conocían el lugar en el bosque. Sabían como armar el fuego.
Una vez por año, siguiendo la tradición que Baal Shem Tov había instituido, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunían en ese mismo lugar del bosque, prendían el fuego de la manera en que habían aprendido del viejo rabino, y como no conocían las palabras cantaban cualquier canción o recitaban un salmo, o solo se miraban y hablaban de cualquier cosa en ese mismo lugar alrededor del fuego.
 
Y dicen…
Que Dios gustaba tanto del fuego encendido, gustaba tanto de ese lugar en el bosque y de esa gente reunida… que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igual concedía los deseos a todos los que allí estaban.
El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido perdiendo…
 
Y aquí estamos nosotros.
Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el bosque.
No sabemos cuáles son las palabras…
Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego a la manera en que Baal Shem Tov lo hacía…
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Baal Shem Tov. Tradición.

Cuentos de Baal Shem Tov para compartir.

 

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¿Cómo nos vamos a dar cuenta?

Ciertos discípulos de Baal Shem Tov acudieron un día a casa del Maestro para someterle una cuestión.

–Año tras año viajamos desde nuestra ciudad para recibir aquí sus enseñanzas, y nada ni nadie en el mundo pudo evitar que lo hiciéramos. Pero hay en nuestra ciudad un hombre que dice ser un tzadik, un justo. Si realmente lo es, nos gustaría aprovechar su sabiduría. ¿Pero cómo estar seguros de que no es un farsante?

El Baal Shem Tov miró con cariño a sus jasidim.

–Tienen que someterlo a prueba por medio de una pregunta –dijo, y tras pensar un momento, añadió–: ¿Les han estado ocasionando inquietud los pensamientos descarriados durante sus oraciones?

–¡Sí! –respondieron los jasidim–. Tratamos de concentrarnos en nuestra devoción al orar, pero otros pensamientos nos asaltan. Hemos probado sin resultado muchos métodos para evitarlos.

–Muy bien –dijo Baal Shem Tov–. Pregúntenle cuál es la manera de evitar esos pensamientos impíos. Si les da una respuesta, es un farsante.

 

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TODO LO QUÉ TENÍA…

Contó una vez el Baal Shem Tov, que el hijo del Rey se perdió por el camino. Sediento y hambriento, llegó a un campo en el cual había un pastor que pastaba a sus ovejas.
El pastor se dio cuenta por las ropas que llevaba, que no podía ser sino el hijo del rey la persona que estaba perdida, y se esforzó todo lo que pudo por darle el máximo de honor posible y ayudarlo de acuerdo a sus posibilidades.
Como no tenía una mesa en el campo, tomó un trozo de tela y lo colocó sobre la grama; y en lugar de la silla colocó una frazada. No le pudo dar de comer manjares ni delicias, pues solo tenía la comida simple que comían los pastores. Le trajo agua del manantial y le dio todo lo que necesitaba para que pudiera continuar su camino, despidiéndose cálidamente de él y deseándole todo lo mejor.
Cuando logro finalmente regresar al palacio, sus amigos realizaron un gran banquete en su honor.
Sin embargo, al recordar la bondad que había hecho aquel buen pastor para con él, le ordenó que primero traigan a aquel pastor, y que solo luego comenzarían a disfrutar juntos del banquete.
Trajeron al pastor y lo sentaron a su lado, brindándole el príncipe especial atención y grandes honores.
Al finalizar el banquete, se acercaron los amigos del príncipe y le preguntaron: ¿Acaso es más importante para ti el pedazo de tela y el trozo de frazada que colocó el pobre pastor sobre la grama, que todas las telas de seda, oro y plata que nosotros colocamos ante ti para este banquete?
Les contestó el príncipe: por supuesto que su pedazo de tela y su trozo de frazada fueron más importantes para mi, pues él me dio todo lo que tenía …
Hashem no nos mide según lo que tenemos, sino según aquello que damos … para nuestro judaísmo, para nuestros semejantes, y para todas las cosas valiosas que es importante dar.

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Lafcadio Hearn. Mujima

(YAKUMO KOIJUMI) (LAFCADIO HEARN)

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En el camino de Akasaka, cerca de Tokyo, hay una colina, llamada Kii-No-Kuni-Zaka, o «La Colina de la provincia de Kii». Está bordeada por un antiguo foso, muy profundo, cuyas laderas suben, formando gradas, hasta un espléndido jardín, y por los altos muros de un palacio imperial.

Mucho antes de la era de las linteranas y los jinrishkas, aquel lugar quedaba completamente desierto en cuanto caía la noche. Los caminantes rezagados preferían dar un largo rodeo antes de aventurarse a subir solos a la Kii-No-Kuni-Zaka, después de la puesta de sol.

¡Y eso a causa de un Mujima que se paseaba!

El último hombre que vio al Mujima fue un viejo mercader del barrio de Kyôbashi, que murió hace treinta años.

He aquí su aventura, tal como me la contó:

Un día, cuando empezaba ya a oscurecer, se apresuraba a subir la colina de la provincia de Kii, cuando vio una mujer agachada cerca del foso… Estaba sola y lloraba amargamente. El mercader temió que tuviera intención de suicidarse y se detuvo, para prestarle ayuda si era necesario. Vio que la mujercita era graciosa, menuda e iba ricamente vestida; su cabellera estaba peinada como era propio de una joven de buena familia.

– O-Jochú (1) – saludó al aproximarse-. No llore así.. Cuénteme sus penas… me sentiré feliz de poder ayudarla.

Hablaba sinceramente, pues era un hombre de corazón.

La joven continuó llorando con la cabeza escondida entre sus amplias mangas.

-¡Honorable señorita!- repitió dulcemente-. Escúcheme, se lo suplico… Este no es en absoluto un lugar conveniente, de noche, para una persona sola. No llore más y digame la causa de su pena ¿Puedo ayudarle en algo?

La joven se levantó lentamente… Estaba vuelta de espaldas y tenía el rostro escondido… Gemía y lloraba alternativamente.

El viejo mercader puso una mano sobre su espalda y le dijo por tercera vez:

-¡Oh-Jochú! Escúcheme un momento…

La honorable señorita se volvió bruscamente. Dejó al caer la manga y se acarició la cara con la mano… ¡El viejo vio que no tenía ni ojos, ni nariz, ni boca!…

¡Huyó, gritando de espanto!

Corrió hasta el borde de la colina, oscura y desierta, que se extendía delante de él… Corría sin pararse y sin osar mirar hacia atrás… Por último vio, en lontananza, la luz de una linterna… Era una lucecilla tan pequeña que se hubiera podido confundir con una mosca luminosa. Era la bujía de un mercader ambulante, un vendedor de «soba»(2) que había levantado su tenderete al borde del camino. Después de la experiencia que el viejo acababa de sufrir, la más humilde de las compañías le pareció deseable. Se echó a los pies del vendedor de soba, gimiendo:

-¡Ah! … ¡Ah! … ¡Ah! …

-«Koré» …«Koré» …-replicó el vendedor ambulante bruscamente-. ¿Qué le ocurre? ¿Le ha hecho daño alguien?

-¡No! … Nadie me ha hecho daño…-murmuró el otro-. Pero… ¡Ah! …¡ah! …¡ah! …

-¡Por lo menos le han dado un buen susto!-dijo el mercader, demostrando poca simpatía-. ¿Se ha encontrado con algún ladrón?

-¡No! … Pero, cerca del foso… he visto … ¡Oh!, he visto una mujer que… ¡Ah!, jamás podré describir cómo la he visto…

-¿Qué? ¿La ha visto, tal vez, así? …-exclamó el mercader.

Se acarició la cara, que, de pronto se hizo semejante a un huevo.

¡En aquel mismo instante se apagó la luz!

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Lafcadio Hearn O TEI

LA HISTORIA DE O-TEI

(YAKUMO KOIJUMI) (LAFCADIO HEARN)

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Hace muchos años, en la ciudad de Niigata, provincia de Echizen, existió un joven conocido por el nombre de Nagao Chosei.

Era hijo de un médico y fue educado para ejercer la profesión de su padre. En edad muy temprana le desposaron con una preciosa niña llamada O-Tei, hija de un amigo del doctor. Ambas familias convinieron en que las bodas se celebrarían tan pronto como Nagao hubiera terminado sus estudios. Pero la salud de O-Tei empezó a debilitarse y, al llegar al decimo-quinto año de su vida, fue atacada de una consunción fatal. Cuando la niña tuvo la seguridad de que iba a morir, hizo llamar a Nagao para decirse el último adiós. Llegó el joven y se arrodilló junto a la cama de su adorada, Y ella le habló así:

—Mi amadísimo Nagao-Sama, siendo muy niños fuimos prometidos uno a otro y habríamos de casarnos al finalizar este año. Pero como yo voy a morir dentro de poco, únicamente a los dioses les es dado el saber qué cosa será la mejor para nosotros. Si yo viviera algunos años más, mi existencia sólo valdría para causar grandes penalidades a los que estuviesen a mi alrededor. Con este cuerpo tan frágil no podría ser una buena esposa. Y por ello, si yo deseara vivir, aunque fuese por tu amor, demostraría ser de un egoísmo imperdonable. Estoy resignada a morir y necesito que me jures que no has de pasar angustias por mi muerte, pues ya comprenderás que no te serviría de nada… Y también necesito decirte que volveremos a encontrarnos de nuevo allá lejos, muy lejos…

—Ciertamente que nos reuniremos —exclamó con rapidez Nagao- Sama—. Y en aquella Tierra Pura no tendremos que sufrir el inmenso y triste dolor de la separación…

—¡Nada de eso, nada de eso! —respondió con dulzura O-Tei—. No me refiero a la Tierra Pura. Yo creo que estamos destinados a encontrarnos en este mundo aunque yo sea enterrada mañana…

Nagao la contempló asombrado y vio que ella se reía de su asombro. La niña continuó hablando con aquella vocecita suya tan soñadora, tan melodiosa y tan persuasiva:

—Sí, yo me refiero a este mundo y a tu vida presente, Nagao-Sama… Y dado el caso de que tú lo desees… Mas para que esto ocurra habré de nacer otra vez, ¡y naceré niña!…, y llegaré a ser tu mujer. Por tanto, debes esperar quince años… dieciséis años: un poco largo es el plazo. Pero, mi prometido esposo, no olvides que ahora sólo tienes diecinueve años.

Nagao, ávido de consolar los postreros momentos de su amada, respondió tiernamente:

—El esperar por ti, dulcísima O-Tei, constituye para mí un júbilo y un deber. Nosotros estamos ligados uno al otro du­rante el tiempo de siete existencias seguidas…

—Pero ¿dudas?… —interrogó mirándole al rostro con fi­jeza.

—Oh adorada mía! Yo dudo de ser capaz de conocerte en otro cuerpo y bajo otro nombre, a menos que tú puedas decír­melo por medio de un signo o de alguna señal.

—Yo no puedo hacer eso. Solamente los dioses y los budas conocerán dónde hemos de encontrarnos de nuevo. Pero yo estoy segura, ¡segurísima!, de que, si de veras deseas mi pre­sencia para ti, yo podré volver a tus brazos. Recuerda siem­pre estas úitímas palabras mías. Adiós.

Cesó de hablar y cerró los ojos. Había muerto.

Nagao estaba sinceramente enamorado de O-Tei y su pena fue inmensa. Tenía hecha una lápida mortuoria con su nom­bre inscrito; la puso en la urna de su familia y todos los días le hacía nuevas ofrendas.

Nagao-Sama pensó mucho acerca de las extrañas cosas que le había dicho O-Tei pocos momentos antes de morir. Y con la esperanza de agradar a su espíritu escribió una so­lemne promesa de casarse con ella si volvía a encontrarla en otro cuerpo. Este juramento lo selló con su propio sello y lo colocó en la urna, delante de la lápida mortuoria de O-Tei.

Mas como Nagao era hijo único, tuvo que casarse al fin, pues se vio obligado a obedecer los deseos de su familia, y aceptó por esposa la que su padre le destinó. Después del matrimonio continuó haciendo ofrecimientos a la memoria de O-Tei y nunca dejó de recordarla con gran cariño. Pero gra­dualmente su imagen fue haciéndose tan oscura en su memo­ria como esos sueños que nos cuesta trabajo recordar. Y pasaron varios años.

Durante este tiempo sufrió muchas desgracias. Murieron sus padres, su esposa y un hijo que había tenido. Y quedó solo en el mundo. Abandonó su desolada mansión y empezó a viajar para distraer su ánimo de tantas angustias y dolores como le atormentaban.

En uno de los viajes llegó a Ikao, villa muy montañosa y célebre por sus aguas termales y por la exuberante belleza de los alrededores. En el mesón donde se detuvo fue atendido por una jovenclta y, al primer golpe de vista, sintió que su corazón latía con una violencia desconocida por él hasta entonces. Se parecía tan maravillosamente a O-Tei, que hubo de pellizcarse para cerciorarse de que no estaba soñando. Cuando iba y venía, cuando traía y llevaba la leña para el hogar, cuando le servía la comida, cuando arreglaba la cámara del huésped, en cada actitud suya la niña hacía revivir en los pensamientos de Nagao el recuerdo de las gracias que tanto adornaban a aquella de quien fue el prometido muchos años antes.

Le habló y la jovenclta con una voz acariciante y melancólica, de una suavidad singular y que le recordaba una dulce tristeza de otros tiempos, le respondió varias palabras.

Nagao, estupefacto, la interrogó de este modo:

—Mi hermana mayor, te pareces mucho a una persona a quien yo conocía hace bastantes años y por eso me he quedado absorto al verte entrar en la habitación. Perdóname, te lo ruego, si te pregunto cuál es tu tierra natal y cuál es tu nombre.

Inmediatamente, con la misma e inolvidable voz de la muerta, la joven contestó:

—Mi nombre es O-Tei y tú eres Nagao-Chosei de Echigo, mi prometido esposo. Hace ya diecisiete años que yo fallecí en Niigata y entonces escribiste un juramento prometiendo casarte conmigo si yo volvía a este mundo en figura de mujer. Y sellaste el juramento con tu propio sello, poniéndolo en la urna, delante de la lápida inscrita con mi nombre. Y por eso he vuelto.

Al terminar sus últimas palabras, perdió el conocimiento y cayó desplomada.

Nagao y O-Tei se casaron. Su matrimonio fue verdaderamente feliz. Pero ella nunca jamás pudo recordar lo que había dicho a su esposo cuando la interrogó en Ikao, ni tampoco recordó nada de su existencia anterior. La memoria de su primer nacimiento, reavivada de un modo misterioso en el instante de su encuentro con Nagao, se había oscurecido de nuevo y así permaneció por siempre de allí en adelante.

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IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO.3

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Cada rosa fragante nos está contando los secretos de lo Universal. 

Rumi

«EL JARDÍN DORMIDO»

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POESÍA: MAHMUD DARWISH

Cuando el sueño la abrazó, yo robé mi mano,

Cubrí sus sueños,

Vi la miel ocultarse tras sus párpados,

Recé por dos piernas milagrosas,

Me incliné sobre los latidos de su corazón,

Vi trigo sobre mármol y sueño.

Una gota de mi sangre lloró,

Temblé…

El jardín duerme en mi lecho.

Fui hacia la puerta

Sin volverme hacia mi alma dormida,

Oí el tintineo antiguo de sus pasos y las campanas de mi corazón.

Fui hacia la puerta

– la llave está en su bolso

y ella duerme como un ángel después del amor-.

Noche sobre lluvia en la calle y ningún ruido

Salvo los latidos de su corazón y la lluvia.

Fui hacia la puerta.

Se abre,

Salgo.

Se cierra,

Mi sombra se desliza tras de mí.

¿Por qué digo adiós?

Desde ahora soy extraño a los recuerdos y a mi casa.

Bajé las escaleras.

Ni un ruido,

Salvo los latidos de su corazón, la lluvia

Y mis pasos sobre la escalera que desciende

Desde sus manos al deseo de viajar.

Llegué al árbol.

Allí, ella me abrazó,

Allí me golpearon los rayos de plata y clavel,

Allí comenzaba su universo,

Allí se terminaba.

Me detuve unos instantes hechos de azucenas y de invierno,

Me marché,

Dudé,

Luego me marché.

Recogí mis pasos y mi recuerdo salado

Y me marché en mi compañía.

Ni despedida ni árbol.

Los deseos se han dormido tras las ventanas,

Todas las historias de amor

Y todas las traiciones se han dormido tras las ventanas,

Y la policía secreta también…

Rita duerme… duerme y despierta sus sueños.

Por la mañana recogerá su beso

Y sus días,

Luego preparará mi café árabe

Y su café con leche.

Me preguntará, por milésima vez, por nuestro amor

Y responderé:

Soy el mártir de las manos que,

Cada mañana, me preparan el café.

Rita duerme… duerme y despierta sus sueños.

– ¿Nos casaremos?

– Sí.

– ¿Cuándo?

– Cuando crezcan violetas

En las gorras de los soldados.

He recorrido las calles, el edificio de correos,

Los cafés de las aceras, los clubes nocturnos

Y las ventanillas de venta de billetes.

Te amo, Rita. Te amo. Duerme, yo parto

Sin motivo, como los pájaros violentos, yo parto

Sin motivo, como los vientos débiles, yo parto.

Te amo, Rita. Te amo. Duerme.

Dentro de trece inviernos preguntaré:

¿Todavía duermes

o te has despertado?

¡Rita! Te amo, Rita,

Te amo…

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Iadyr había aprendido a cultivar unas rosas blancas del desierto.

Un jefe de caravanas viejo y sabio le enseñó el oficio…

El mirto, la azucena, el jazmín lozano y el alhelí tienen gran mérito y con él se enseñorea el jardín.

Pero el mérito de la rosa es aún mayor.

¿Acaso es el mirto otra cosa que aroma que se extingue arrojado al fuego?

La rosa, aun marchita, deja en el aguaperfume que perdura tras de ella.

El mal de la azucena es muy común y tras un instante baja a la tumba.

El jazmín es humilde en sus orígenes, pero su aroma es solemne y orgulloso.

El carácter del alhelí está trastornado, es como un ladrón,se despierta tras la oración de la noche.

La rosa es la señora de los jardines,aunque es sierva de la rosa de las mejillas.

 

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Tuareg significa «abandonados», porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: «Señores del Desierto», nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.»

«A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados.

Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.»

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO.

Me pregunto qué poseo verdaderamente.

Me pregunto qué subsistirá de mí después de mi muerte.

Nuestra vida es breve como un incendio. Llamas que se olvidan,

cenizas que el viento dispersa: un hombre ha vivido.

Omar Khayyam.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Iadyr escuchaba a los sabios reunidos en torno al fuego…

«No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio»

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

El hombre que no sabe sonreir, no debe abrir tienda.

Proverbio árabe

IADYR, EL GIGANTE DE LA HISTORIA

¡Cuántas lluvias de largueza han caído para que el mar distribuyera perlas! ¡Cuántos soles de generosidad han brillado para que las nubes y el mar aprendieran a ser tan espléndidos!

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

En el reino del alma hay cielos que dominan al cielo de este mundo.

Rumi

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Mientras el sediento busca agua, el agua está también buscando al sediento.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Aunque los caminos de la búsqueda son numerosos, la búsqueda es siempre la misma.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Cada momento se precipita hacia nosotros desde todas partes

la convocatoria del Amor.

¿Quieres venir con nosotros?

No es momento para quedarse en casa,

sino para salir y entregarse al jardín…

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

“El corazón del hombre es un instrumento musical, contiene una música grandiosa. Dormida, pero está allí, esperando el momento apropiado para ser interpretada, expresada, cantada, danzada. Y es a través del amor que el momento llega.”

Rumi

 

IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO

Deja tus preocupaciones

y ten un corazón completamente limpio,

como la superficie de un espejo

que no contiene imágenes.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

El corazón tiembla ante el amor,

como si sintiera la amenaza de su fin.

Porque allí donde despierta el amor,

muere el Yo, ese oscuro déspota.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Sin miedo

En vista del amor, el miedo es tan insignificante como un solo cabello:

en la ley del amor, todo es ofrecido como un sacrificio.

Rumi

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

«El árbol que andas buscando a veces se llama “sol”, o también “lago”, o “nube”. Pero también puedes llamarlo “mar”, “arena” o “viento”. En cada uno de ellos encuentras el árbol de la vida.

Lo que te ha engendrado está producido por otro, y así sucesivamente. Lo que tú llamas “padre”, para otro es “hijo”. Si te atienes a los nombres pierdes de vista el Uno. Los nombres son muchos, mientras que el Uno es único. Ese es el árbol que estás buscando. Te has tomado tu misión al pie de la letra, por eso has fracasado. Así fue como descubrió las raíces del árbol, buscando en su propio corazón».

Rumi

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Deja que tu oración sea solamente alabanza, no el pedirle a Dios que pase algo, o que no pase.

Rumi

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Una persona no está enamorada si el amor no ilumina su alma.

Rumi

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IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Sobre el matrimonio…

De nuevo Almitra preguntó: ¿qué piensas del

matrimonio?

Y él contestó:

Juntos habéis nacido y seguiréis así para

siempre,

Aún cuando las blancas alas de la muerte

disipen vuestros días,

Y juntos, también, en la memoria de Dios.

Mas permitid que haya espacios en vuestra

unión,

Y dejad que los vientos dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, mas no hagáis del

amor una prisión:

Es preferible que sea un inquieto mar entre

las playas de vuestras almas.

Llenad el uno al otro la copa, mas no bebáis

de una sola.

De vuestro pan convidaos, empero, no comáis

de la misma hogaza.

Cantad y danzad juntos, y sed alegres, pero

dejad que cada uno esté solo,

Como lo están las cuerdas de un laúd, a pesar

de estremecerse con la misma música.

Ofreceos el corazón, pero que cada cual

sea su fiel guardián,

Porque únicamente la mano de la Vida puede

contener vuestros corazones.

Y erguíos juntos, mas no muy próximos:

Las columnas del templo se plantan firmes y

separadas,

Y el encino y el ciprés no crecen uno a la

sombra del otro.

Khalil Gibran

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Un Maestro dejó a uno de sus discípulos un arrozal para que lo cuidara durante tres años. Cuando el primer año llegó a su término, el Maestro fue a ver el campo y la cosecha había sido muy buena, puesto que el discípulo había provisto a la tierra del agua que necesitaba. Transcurrió otro año, y resultó que la cosecha fue más abundante que la anterior, puesto que el joven había abonado convenientemente el campo. Cuando el tercer año finalizó, el Maestro se dirigió al arrozal para ver los resultados obtenidos. Pero resulta que el discípulo, entusiasmado con lo producido en el año anterior, abonó demasiado la tierra que dio muchísimo arroz pero tan pequeño y frágil que no servía para comerciar con él. En realidad, fue una cosecha inútil, y el trabajo realizado no dio ningún fruto.

Entonces el Maestro dijo a su discípulo: «Así pasa con las personas. Fortaleces a alguien cuando le ayudas un poco. Pero si le ayudas demasiado, lo debilitas. »

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

¿Buena suerte o mala suerte?

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

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IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO. 2

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IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

La recompensa del desierto

Hace mucho tiempo había un joven comerciante llamado Kirzai, cuyos negocios lo obligaron a viajar un día al pueblo de Tchigan, situado a doscientos kilómetros de distancia. Por lo común, el habría tomado la ruta que seguía el borde de las montañas, lo que le habría permitido hacer la mayor parte del viaje protegido del sol.

Pero en esta ocasión, Kirzai sufría la presión del tiempo. Era urgente que llegara a Tchigan lo mas pronto posible, de modo que decidió tomar el camino directo a través del desierto de Sry Darya. El desierto de Sry Darya es conocido por la intensidad de su sol y muy pocos se atreven a correr el riesgo de cruzarlo. No obstante, Kirzai dio de beber a su camello, lleno sus alforjas y emprendió el viaje.

Varias horas después de partir empezó a levantarse el viento del desierto. Kirzai refunfuño para sus adentros y apuro el paso del camello. De repente se detuvo, estupefacto. A unos cien metros delante de el se levanto un gigantesco remolino de viento. Kirzai nunca había visto nada semejante. El remolino arrojaba todo en derredor de una extraña luz purpúrea y hasta el color de la arena había cambiado. Kirzai titubeó. ¿Debía hacer un largo rodeo a fin de evitar esa extraña aparición o debía seguir siempre derecho? Kirzai tenia mucha prisa, sentía que no disponía de tiempo para tomar el camino más lento, de modo que agachó la cabeza, encorvó los hombros y avanzó.

Para su sorpresa, en el momento en que penetró en la tormenta todo se volvió mucho más calmo. El viento no azotaba ya con tanta fuerza contra su cara. Se sintió contento de haber tomado la decisión correcta. Pero de pronto se vio obligado a detenerse otra vez. Un poco más adelante, un hombre yacía estirado sobre el suelo junto a su camello acuclillado. Kirzai desmonto de inmediato para ver que pasaba. La cabeza del hombre estaba envuelta en una chalina, pero Kirzai vio que era viejo. El hombre abrió los ojos, miró con atención a Kirzai durante un instante y después habló con un susurro ronco.

-¿Eres …. tú? Kirzai rió y sacudió la cabeza. -¿Qué? ¡No me digas que sabes quien soy! ¿Mi fama se ha extendido hasta el desierto de Sry Darya? Pero tu anciano, ¿quién eres? El hombre no dijo nada. -De todos modos -continuó Kirzai- , Tú no estas bien. ¿Adonde vas? -A Givah -suspiró el viejo-, pero no tengo más agua.

Kirzai reflexionó. Sin duda podía compartir un poco de su agua con el anciano, pero si lo hacia se arriesgaba a quedarse sin agua él mismo. Sin embargo, no podía dejarlo así. No se puede dejar morir a un hombre sin echar una mirada atrás. «Al diablo con mis planes -pensó Kirzai- , sólo necesito encontrar mi camino hasta el sendero que corre a lo largo de las montañas, en caso de necesitar más agua. ¡Una vida humana vale mucho más que un compromiso de negocios!» Ayudó al viejo a tomar un poco de agua, llenó una de sus cantimploras y después lo ayudó a montar su camello.

-Sigue derecho por ese camino -le recomendó mientras apuntaba con el dedo- y en dos horas estarás en Givah. El anciano hizo una señal de agradecimiento con las manos y antes de irse miró un largo rato a Kirzai y pronunció estas extrañas palabras: -Algún día el desierto te recompensará. Entonces acicateo a su camello en la dirección que Kirzai le había indicado. Kirzai continuó su viaje. La oportunidad que lo esperaba en Tchigan sin duda estaba perdida, pero se sentía en paz consigo mismo.

Paso el tiempo. Treinta años después, los negocios llevan a viajar a Kirzai de continuo de una parte a otra entre Givah y Tchigan. No se había hecho rico, pero lo que ganaba era suficiente para proporcionar una buena vida a su familia. Kirzai no pedía mas que eso.

Un día, mientras vendía cueros en la plaza del mercado de Tchigan, se enteró de que su hijo estaba enfermo de gravedad. Era urgente que fuera a verlo de inmediato. Kirzai no vacilo. Recordó el atajo a través del desierto que había tomado treinta años atrás. Dio agua a su camello, llenó sus cantimploras y partió.

A lo largo del camino libró una batalla contra el tiempo, azuzando sin cesar a su camello. No se detuvo ni disminuyo la marcha mientras bebía agua, y por esas razón ocurrió el accidente. La cantimplora se le cayo de pronto de las manos y antes que pudiera bajarse para recuperarla, el agua desapareció en la arena. Kirzai profirió una maldición. Con una sola cantimplora llena era imposible cruzar el desierto. Pero al pensar en su hijo, el viejo se obligo a seguir adelante.

-¡Tengo que hacerlo! ¡Lo haré!

El sol del desierto de Sry Darya es despiadado. Le importa poco por qué o para qué fines un hombre trata de desafiar sus rayos, arde inexorablemente siempre con la misma fuerza e intensidad. Kirzai pronto comprendió que había cometido un gran error. Se le resecó la lengua y la piel le quemaba. La única cantimplora restante ya estaba vacía. Y ahora, para su desazón, vio que empezaba una tormenta de arena. Kirzai se envolvió la cabeza con su chalina, cerro los ojos y dejo que el camello lo llevara adelante a donde fuera. Ya no era conciente de nada. Un gigantesco remolino de viento se levantó frente a él. Despedía una suave luz purpúrea, pero Kirzai seguía inconsciente y no vio nada. Su camello entró en el remolino de viento, avanzó unos pocos pasos y entonces, en forma abrupta, se sentó. Kirzai cayo al suelo. «Estoy terminado -pensó- ¡Mi hijo nunca volverá a verme!»

De repente, sin embargo, dio un grito de alegría. Un hombre montado en un camello avanzaba hacia él. Pero cuanto más se acercaba el hombre, tanto más la alegría de Kirzai se convertía en estupefacción. Este hombre que ahora desmontaba de su camello …. ¡Kirzai lo conocía! Reconoció su propio rostro juvenil, sus ropas …. ¡y hasta el camello que montaba! Un camello que el mismo había comprado por dos valiosos jarrones muchos años antes.

Kirzai estaba seguro: ¡ el joven que venia a ayudarlo era él mismo ! ¡ Era el mismo Kirzai tal como era treinta años antes !

-¿Eres …. tú? -balbuceo Kirzai con un susurro ronco. El joven lo miro y rió. -¿Qué? ¡No me digas que sabes quien soy! ¿Mi fama se ha extendido hasta el desierto de Sry Darya? Pero tú, anciano, ¿quién eres? Kirzai no contestó. No sabia que hacer. ¿Debía decirle al joven quien era, o no decir nada? Mientras tanto el joven continuo: -De todos modos, tú no estas bien. ¿Adonde vas?

-A Givah -respondió Kirzai-. Pero no tengo mas agua.

Kirzai vio que el joven reflexionaba en silencio acerca de la situación y supo con exactitud lo que pasaba por su mente: ¿debía ayudar a Kirzai o continuar para atender sus propios asuntos? Pero Kirzai también supo cual seria la decisión y sonrió al observar que el joven le ofrecía un trago de agua. Después, el joven le lleno la cantimplora vacía, lo ayudo a montar su camello y apunto con un dedo.

-Sigue derecho por ese camino y en dos horas estarás en Givah.

El viejo Kirzai miro un largo rato al joven que alguna vez había sido él mismo y le hizo una señal de agradecimiento. Hubiera deseado hablar con él de muchas cosas, pero solo logro encontrar estas palabras: -Algún día el desierto te recompensará. Y entonces partió de prisa hacia Givah, donde lo esperaba su hijo. Kirzai llego a ser un hombre sabio, respetado por todos. Y cuando contaba este extraño cuento, todos los que lo escuchaban le creían. Desde aquellos tiempos, el desierto de Sry Darya ha sido conocido con el nombre de Samavstrecha, que quiere decir:

El desierto donde Uno se encuentra a Sí Mismo.

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

“Las dunas cambian con el viento, pero el desierto sigue siendo el mismo.”

“El coraje es el don más importante para quien busca su leyenda personal.”

“El mal no es lo que entra en la boca del hombre… el mal es lo que sale de ella.”

El Alquimista.

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

«…antes de entender y sentir la presencia de Dios, el pensamiento de que todo se acabaría un día me desesperaba».

“Es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace que la vida sea interesante.”

«…los sueños son el lenguaje de Dios»

“Un pastor corre siempre el riesgo de los lobos o de la sequía, y eso es lo que hace que el oficio de pastor sea más excitante.”

«Las cosas simples son las más extraordinarias, y sólo los sabios consiguen verlas»

“Cuando todos los días parecen iguales es porque las personas han dejado de percibir las cosas buenas que aparecen en sus vidas siempre que el sol cruza el cielo.”

El Alquimista.

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Le preguntaron a un sabio: ¿quién te guió en el Camino?

El sabio contestó: un perro. Un día lo encontré casi muerto de sed a la orilla del río. Cada vez que veía su imagen en el agua, se asustaba y se alejaba creyendo que era otro perro. Finalmente, fue tal su necesidad que, venciendo su miedo se arrojó al agua, y entonces «el otro perro» se esfumó.

El perro descubrió que el obstáculo era él mismo y la barrera que lo separaba de lo que buscaba había desaparecido.

De esta misma manera, mi propio obstáculo desapareció cuando comprendí que «mi yo» era ese obstáculo. Fue la conducta de un perro la que me señaló por primera vez el Camino.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche arapiento.

El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás.

El derviche contestó:

– Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes : dinero, poder, posición social. Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí. Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?.

La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera.

– ¿Qué quieres decir? – gritó.

– Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia – dijo el derviche tranquilamente.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Decía un Maestro a sus discípulos:

– Un hombre bueno es aquél que trata a los otros como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso es aquél que trata a otros mejor de lo que él espera ser tratado. Un hombre sabio es aquél que sabe cómo él y otros deberían ser tratados, de qué modo y hasta qué punto. Todo el mundo debería ir a través de las tres fases tipificadas por estos tres hombres.

Alguien le preguntó:

-¿Que es mejor: ser bueno, generoso o sabio?

– Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado con ser bueno o generoso. Estás obligado a hacer lo que es necesario.

 

IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO

– Durante seis años busqué la iluminación – dijo el discípulo -. Siento que estoy cerca y quiero saber cómo he de dar el siguiente paso. Un hombre que sabe buscar a Dios, sabe también cuidar de sí mismo.

– ¿Cómo te mantienes? – preguntó el maestro.

– Ése es un detalle sin importancia. Mis padres son ricos y me ayudan en mi búsqueda espiritual. Gracias a ello puedo dedicarme por entero a las cosas sagradas.

-Muy bien – dijo el maestro – entonces te explicaré el siguiente paso: mira al sol durante medio minuto.

El discípulo obedeció. A continuación, el maestro le pidió que describiese el paisaje a su alrededor

– No puedo hacerlo. El brillo del sol me ha deslumbrado.

– Un hombre que mantiene los ojos fijos en el sol, termina ciego. Un hombre que sólo busca la Luz y deja sus responsabilidades en manos de los demás, jamás encontrará lo que busca – comentó el maestro

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IADYR

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

«Ni oro ni plata tenía el narrador, sino sólo su nada,

porque sólo a través de alguna forma de la nada es posible la maravilla»

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IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO

Te esperamos. La caravana comienza los preparativos para nuestro viaje.

Conocer mundos y conocerse…

IADYR EL GIGANTE DEL DESIERTO

.El amor

te llevará suavemente

hasta el corazón de la rosa.

Rumi

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

El silencio es el lenguaje de Dios, todo lo demás es pobre traducción.

-Rumi

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IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Con el desierto ante ti, no digas: ¡Qué silencio!

Dí: No oigo.

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué aridez !

Di: ¡ qué extraña belleza

Con el desierto ante ti, no digas : ¡ qué inmensidad !

Di: ¿por dónde comienzo?

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué pobreza !

Di: ¿qué más necesita mi pensamiento?

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué soledad !

Di: soy lo que conmigo llevo

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué oscuridad !

Di: no veo, pero lo siento

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué sed !

Di: ¿cuánto preciso beber?

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ imposible vivir !

Di: la vida es lo que he de aprender

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ qué cansancio !

Di: ¡ cuánto camino por recorrer ¡

Con el desierto ante ti, no digas: ¡ no puedo más !

Di: si las dunas avanzan, yo también

Con el desierto ante ti, no digas: me doy por vencido

Di: seguiré, aunque quizás no llegue a mi destino Con el desierto ante ti, no digas: ¡ no hay nadie más !

Di: todos tenemos desiertos que atravesar y desiertos que coincidir

Con el desierto ante ti, no digas: la arena me abrasa

Di: con la arena se construyen casas

Con el desierto ante ti no digas: estoy perdido

Di: tiene que haber algún camino

Con el desierto ante ti, no digas: jamás saldré

Di: lo que tiene comienzo tiene su fin.

Cuando estés ante tu desierto, piensa, que es uno de los paisajes más bellos de la tierra: no temas, en él está tu sustento

Di: allí aprendí lo más cierto.

Cuando estés ante el desierto no digas: ¡ qué silencio !

Di: no oigo.

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO.

El vecino es más importante que la casa y el compañero más que el camino.

Proverbio bereber.

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO.

Nacemos sin traer nada, morimos sin llevar nada. / Y en medio luchamos por ser dueños de algo…»

Rumi.

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Una hombre del desierto llegó junto a a un derviche y, viéndolo sentado sobre una piedra en el desierto le preguntó: – Maestro, ¿en qué dirección se encuentra el Paraíso? – El derviche, señalando con el dedo el horizonte, dijo: – ¡Por allí! – El hombre, intentando orientarse, volvió a preguntar: – Maestro, ¿entonces el infierno se encontrará hacia el lado contrario?

– No – replicó el derviche – está en la misma dirección.

– Pero maestro – dijo el hombre – ¿Cómo es posible llegar al cielo y al infierno por el mismo camino?

– Porque el cielo y el infierno no dependen tanto del sendero que tomes,

sino de cómo lo transites .

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Una niña de seis años caminaba por el desierto

con su abuelo, en camino a una reunion de los

bucadores de la verdad que se juntaban provenientes

de todas las latitudes, cuando apareció de repente

un hombre cantando, en su misma ruta.

– La paz sea contigo. dijo el cantante ¿También vais

a la reunión?

– Si claro, allí vamos., dijo la niña

-¿Dónde tendrá lugar la reunión?

– No lo sé, y mi abuelo tampoco

– Entonces, ¿Cómo pensáis llegar?

– Basta con andar, solo andar.

– Y si nos perdemos… ¿qué hacemos?

– Nadie se perderá – contestó el abuelo – porque quien tiene

autentica fe nunca se pierde, y cada uno usará su don más

preciado para hacer su camino…en tu caso, es tu voz.

Canta hijo mío, y ya veras como el camino

aparecerá ante ti.!

(Bab’Aziz )

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SABIDURÍA…

Dice un viejo cuento sufí que cuando un niño está en el seno de su madre tiene todo el conocimiento del mundo.

Sabe cuántas estrellas hay en el firmamento, cuántas gotas hay en el mar y cuántos granos de arena en el desierto.

Conoce los misterios del cielo y las estrellas, y conoce hasta la última letra de la Torah. No hay misterio sobre la faz de la tierra que desconozca, ni misterio en el cielo o en el mar que no pueda resolver.

Pero cuando está a punto de nacer, su ángel de la guarda baja del cielo y colocando un dedo sobre sus labios sella todo su conocimiento dentro de él, y le susurra una sola palabra:

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IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

Más allá de los límites de la Tierra,

más allá del límite Infinito,

buscaba yo el Cielo y el Infierno.

Pero una voz severa me advirtió: «El Cielo y el Infierno están en ti.»

Omar Khayam

 

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Fragmento de

La conferencia de los pájaros…

Una noche, varias polillas ardientes de deseo

se reunieron para comprobar si todas compartían

la misma obsesión.

¿Cómo podremos saberlo?, se preguntaron,

y convencidas de que la verdad poseían,

a una de sus congéneres enviaron en busca de información que pudiese saciar su curiosidad.

De un extremo a otro recorrió esta polilla los velos de la noche, hasta que logró divisar la llama de una vela en la torre de un castillo.

Al regresar junto a sus compañeras relató ante ellas su asombro, pero una de las polillas, que era sabia, dijo que la mensajera nada había comprendido sobre el candil, y envió a otra a investigar.

Con la punta de sus alas logró la segunda polilla tocar la llama, pero a las demás confesó que el calor la había ahuyentado y la verdad aún ignoraba.

Una tercera emprendió entonces el vuelo, tan intoxicada de amor que se arrojó al fuego y allí pereció, consumida. La sabia, al ver que la llama envolvía como un guante

el fulgurante cuerpo de su compañera, dijo a las demás: “Esa polilla sabe ahora lo que jamás podrá decir ni idioma alguno conseguirá revelar»

Farid un – Din Attar

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

El asno y el camello

Un asno y un camello caminaban juntos. El camello se movía con pasos largos y pausados. El asno se movía impacientemente tropezándose de vez en cuando. Al fin el asno dijo a su compañero:

-¿Cómo es que me encuentro siempre con problemas, cayéndome y haciéndome rasguños en las patas, a pesar de que miro cuidadosamente al suelo mientras camino, mientras que tú que nunca pareces ser consciente de lo que te rodea, con tus ojos fijos en el horizonte, mantienes un paso tan rápido y fácil en apariencia?

Respondió el camello:

-Tu problema es que tus pasos son demasiados cortos y cuando has visto algo es demasiado tarde para corregir tus movimientos. Miras a tu alrededor y no evalúas lo que ves. Piensas que la prisa es velocidad, imaginas que mirando puedes ver, piensas que ver cerca es lo mismo que ver lejos. Supones que yo miro el horizonte, aunque en realidad sólo contemplo hacia el frente como modo de decidir qué hacer cuando lo lejano se convierta en cercano. También recuerdo lo que ha sucedido antes y así no necesito mirar hacia atrás y tropezar una vez más. De este modo lo que te parece confuso o difícil se vuelve claro y fácil.

 

IADYR, EL GIGANTE DEL DESIERTO

El cuento de las arenas.

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas.

Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró:

«el Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río»

El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto. «Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino»

-¿Pero cómo esto podrá suceder?

«Consintiendo en ser absorbido por el viento». Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. «¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?» «El viento», dijeron las arenas, «cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río»

-«¿Cómo puedo saber que esto es verdad?»

«Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río.»

-«¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?»

«Tú no puedes en ningún caso permanecer así», continuó la voz. «Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial.» Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó –¿o le pareció?– que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó:»Sí, ahora conozco mi verdadera identidad» El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron:»Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña» Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.

 

IADYR. EL GIGANTE DEL DESIERTO

Nómades del viento

Érase una vez un desierto. Un desierto de arenas cambiantes. Dunas rojas por el sol y el calor asfixiante. Un océano de arena que a primera vista parecería muerto, pero que ante unos ojos expertos rebosaba vida.

Esta es la historia de una caravana que nunca llegó a su destino.

Todo empezó un día…

Los camellos se asustaron. Abrieron las aletas de sus narices, nerviosos y atentos. El hombre cubierto por completo, solo dejaba vislumbrar una pequeña rendija para poder observar a su alrededor.

El jinete y su montura llegaron al límite de la duna y en el fondo de la siguiente se hallaba la causa de su nerviosismo. Un grupo de gente caminaba acompañada de sus camellos y enseres.

Dictan las normas de cortesía que al encontrarse en el desierto el saludo debe de ir acompañado de hospitalidad. Allí mismo plantaron las tiendas ya que la noche se le echaba encima. Era raro no encontrarse con alguien, ya que los caminos, aunque no marcados por nada ni por nadie, existían. Como sí una memoria ancestral guiara a las caravanas hacia su destino.

Así fue ocurriendo durante varios días y se iban acercando hacia el oasis, punto final de su recorrido.

A través de muchos años, se habían establecido alianzas y compromisos en el uso del agua y del fruto de las palmeras del oasis. Pero aún así existía en ese lugar un venerable anciano al que todos recurrían cuando surgía algún problema. O para oír de su experiencia en algo que se desconocía.

Llegó un día en el cual el anciano reunió a todos los viajeros de las arenas. Era de noche y sólo el techo lleno de estrellas les cobijaba.

Les convocó para contarles un secreto, solo por él conocido. Todos respetaban al anciano pues les había dado muchas muestras de sus acertados consejos a lo largo de los muchos años que le conocían.

Les habló así:

– Queridos hijos, hermanos. Os he visto crecer y os he seguido aún en los sitios en los que creíais que ya no me alcanzaba la vista. Así que creo saber como sois realmente. Estáis viniendo a este lugar para dar de beber a vuestros animales y habéis tomado este oasis como punto final de vuestro viaje. Pero no es así.

Un murmullo de sorpresa se extendió entre los presentes. Alguno pensaron que el viejo desvariaba.

– Os digo que más allá de estas dunas que nos protegen. Más allá del Desierto Negro, existe un oasis donde el agua fluye desde el cielo…

– ¿Cómo sabes eso, anciano?

– Lo sé porque yo nací allí. No debéis conformaros con este agua, porque aunque vosotros la veáis limpia y pura, y os quite la sed, os aseguro que la del Nacimiento es incomparable.

La mayoría de los que estaban oyéndole empezaron a retirarse pensando que era tarde, que para qué ir tan lejos si ya estaba allí el agua, para que arriesgarse… Encontraron mil excusas.

Quedaron solo unos pocos asombrados por lo que oían.

El anciano les miró y dijo:

– Entre vosotros algunos han reconocido el lugar del que hablo, otros os quedáis por curiosidad y otros porque se quedan los demás. Sed honestos con vosotros mismos y quedaos sólo si sentís la llamada. El viaje será peligroso y a la vez fascinante. Aprenderéis muchas cosas y tendréis que renunciar a muchas más. Pero la recompensa que obtendréis superara todas vuestras expectativas. Mañana por la mañana iniciaremos el viaje.

– ¿Cómo, tú también vienes?

– Naturalmente, ¿es qué acaso alguno de vosotros sabe llegar al lugar del cuál os hablo?.

Al día siguiente, cuando el sol despuntaba sobre las dunas, los que iban a iniciar el viaje, recogieron todas sus pertenencias dispuestos a continuar por el Desierto Negro, así llamado porque el sol había requemado el suelo de tal manera que parecía carbón.

Al cabo de poco tiempo comenzaron a formarse grupos de personas que hablaban entre ellas. El anciano les observaba y comprendía. Entre ellos hablaban de si era correcto dejar el mando de la caravana a alguien tan anciano, e incluso alguien empezó a comentar en voz alta su inseguridad ante el viaje iniciado.

Todo ese día siguió igual y al llegar la noche el anciano les hizo parar y convocó una reunión.

– Escuchad. Aquellos de vosotros que estáis aquí por curiosidad, aún estáis a tiempo de volveros atrás, conocéis el camino de vuelta. Los que os quedáis porque siempre habéis estado siguiendo a otro, os digo lo mismo, ya que a partir de mañana aunque vayamos juntos cada uno debe de velar por sí mismo. Debe de confiar en la huella del camello que lleva delante. Procurad no dormiros, ya sabéis que la muerte aguarda en el sueño.

Y vosotros, aquellos que tenéis constancia de la verdad. Continuad en vuestra creencia. Yo os conduciré al final. Mi compromiso con vosotros es tanto o más que el vuestro conmigo.

Acto seguido, algunos de entre todos ellos dijeron que se marchaban. Preferían seguir como antes, que no veían seguro el resultado del viaje…

Pasaron varios días, y en su recorrido del desierto sucedió que se encontraron viajeros que se unieron a su caravana y algunos de la caravana que la dejaban por diversas razones.

Pero el tiempo pasaba, y ni todos los curiosos, ni todos los acompañantes se habían marchado. Resultaba que en sus corazones no anidaba el anhelo de la verdad, sólo el ver que era aquello de lo que se hablaba y los otros, en su cobardía, no querían aceptar que estaban allí sin desear estar.

De nuevo, por la noche, el anciano los reunió:

– Sé que entre vosotros anida la duda del viajero. Empezáis a pensar en lo que habéis dejado atrás. Tenéis miedo a lo desconocido que hay más adelante. Solo os pido que confiéis en mí. Estáis aquí por libre voluntad, y si conseguimos estar más juntos, lo que empezó como una reunión de gentes dispersas conseguiremos transformarlo en un autentico pueblo. No desesperéis. No queráis ver ya el oasis de la Fuente, aún queda mucho camino. No prestéis vuestros oídos a todos aquellos que llamándose vuestros amigos quieren apartaros del camino que lleváis en el corazón.

Siguieron pasando los días. Los puntos de desunión y unión se iban cada ensanchando vez más. Se llegó a plantear en una reunión, en la que no estaba presente el anciano, el continuar el camino por otro lugar menos agreste y que fuera más gratificante. Alguno entre ellos les dijo que él había oído hablar que parecía ser había otras caravanas surcando el mismo desierto, que si se unían a ellas todo iría mejor, y más cosas…

El anciano conocía todas estas cosas y su corazón se entristecía. Él les había abierto las puertas del conocimiento, del conocerse a sí mismo, y ellos mismo le planteaban que estaba equivocado. ¿Cómo podía estarlo si él era quien había hecho la ruta que ahora ellos pretendían conocer mejor que él?

El clima de los viajeros llegó a tal extremo que uno de los que no eran corrió el rumor de que el anciano estaba perdiendo el juicio, que ya no podía seguir guiándolos porque lo que hacía no estaba bien, que él sabía que las cosas no eran de la manera tal como el anciano lo contaba. De nuevo la duda anidó en los corazones de los viajeros. Pero lo que más le dolía al anciano era que nadie de entre todos ellos se dirigiera a él para preguntarle nada, sino que daban crédito a alguien que ni siquiera había hecho esa ruta con anterioridad. Pero el anciano les dejó hacer. Si estaban con él voluntariamente él no era nadie para obligarles a hacer algo que no querían.

Aún así los convocó a una última reunión: Y dijo:

– Cuando iniciamos este viaje, todos vosotros vinisteis voluntariamente. A nadie obligué. Os conté el lugar de la Fuente, el lugar donde yo nací. Y vosotros aceptasteis venir. Os avisé que era un viaje largo y duro. Y sin embargo, ahora, habláis de otros lugares, de otras rutas. No os puedo detener. Os dije que había tres grupos entre vosotros. Vosotros habéis elegido a que grupo queréis pertenecer. Sólo una cosa más. Yo he de continuar mi viaje, y lo haré aunque continúe en solitario. El desierto es ancho y lo recorren innumerables sendas. Esta es la mía y el que quiera caminar por ella debe hacerlo de acuerdo a las reglas establecidas para este camino.

Los miró uno a uno, con gravedad y una extraña sensación se apoderó de los corazones de los viajeros. Se miraron entre ellos y cuando volvieron su vista hacia donde había estado el anciano, no había nadie.

Un revuelo recorrió a todos. ¿Qué hacían? ¿Hacia dónde dirigirse? Ahora, incluso aquellos que hablaban, que decían saber otros caminos, callaban. Solo unos pocos se levantaron de la arena y mirando a las estrellas continuaron caminando.

Dicen los narradores de historias que esta es una historia inacabada. Que la tribu de los que se levantaron aún sigue caminando aunque sin saber hacia donde dirigirse, sólo recuerdan que un día el anciano mencionó La Estrella y ellos ya no buscan la Fuente, si no ese punto de luz que los alumbre en su caminar a ningún lugar.

¡Ah! Se me olvidaba. ¿Sabéis el nombre por el que eran conocidos?

Agradecemos compartir.

Pedro Parcet

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Vº ENCUENTRO DE NARRACIÓN ORAL HECHO EN ARGENTINA 2016

Les damos la bienvenida a la 5ta edición de los encuentros de narración oral Hecho en Argentina. Este año serán 10 encuentros distribuidos en 5 fechas, con sede única en Vicente el Absurdo (Julián Álvarez 1886). Por lo limitado de las fechas, muchos compañeros y grandes narradores no pudieron participar este año; como siempre, nos hubiera gustado poder invitarlos a todos. Otros compañeros nos ofrecieron sus espacios para ser sede de los encuentros, y lo agradecemos inmensamente. 
Gracias por participar, por difundir, por ser parte año tras año. 

¡Los esperamos de 8 de Octubre al 19 de Noviembre!

SÁBADO 8 DE OCTUBRE. APERTURA Y DOS FUNCIONES

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SÁBADO 15 DE OCTUBRE. DOS FUNCIONES

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SÁBADO 29 DE OCTUBRE. DOS FUNCIONES

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SÁBADO 12 DE NOVIEMBRE. DOS FUNCIONES

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SÁBADO 19 DE NOVIEMBRE. DOS FUNCIONES

CREEMOS EN ESTAS COSAS:

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 Los esperamos!