Baal Shem Tov. Tradición.

Cuentos de Baal Shem Tov para compartir.

 

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¿Cómo nos vamos a dar cuenta?

Ciertos discípulos de Baal Shem Tov acudieron un día a casa del Maestro para someterle una cuestión.

–Año tras año viajamos desde nuestra ciudad para recibir aquí sus enseñanzas, y nada ni nadie en el mundo pudo evitar que lo hiciéramos. Pero hay en nuestra ciudad un hombre que dice ser un tzadik, un justo. Si realmente lo es, nos gustaría aprovechar su sabiduría. ¿Pero cómo estar seguros de que no es un farsante?

El Baal Shem Tov miró con cariño a sus jasidim.

–Tienen que someterlo a prueba por medio de una pregunta –dijo, y tras pensar un momento, añadió–: ¿Les han estado ocasionando inquietud los pensamientos descarriados durante sus oraciones?

–¡Sí! –respondieron los jasidim–. Tratamos de concentrarnos en nuestra devoción al orar, pero otros pensamientos nos asaltan. Hemos probado sin resultado muchos métodos para evitarlos.

–Muy bien –dijo Baal Shem Tov–. Pregúntenle cuál es la manera de evitar esos pensamientos impíos. Si les da una respuesta, es un farsante.

 

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TODO LO QUÉ TENÍA…

Contó una vez el Baal Shem Tov, que el hijo del Rey se perdió por el camino. Sediento y hambriento, llegó a un campo en el cual había un pastor que pastaba a sus ovejas.
El pastor se dio cuenta por las ropas que llevaba, que no podía ser sino el hijo del rey la persona que estaba perdida, y se esforzó todo lo que pudo por darle el máximo de honor posible y ayudarlo de acuerdo a sus posibilidades.
Como no tenía una mesa en el campo, tomó un trozo de tela y lo colocó sobre la grama; y en lugar de la silla colocó una frazada. No le pudo dar de comer manjares ni delicias, pues solo tenía la comida simple que comían los pastores. Le trajo agua del manantial y le dio todo lo que necesitaba para que pudiera continuar su camino, despidiéndose cálidamente de él y deseándole todo lo mejor.
Cuando logro finalmente regresar al palacio, sus amigos realizaron un gran banquete en su honor.
Sin embargo, al recordar la bondad que había hecho aquel buen pastor para con él, le ordenó que primero traigan a aquel pastor, y que solo luego comenzarían a disfrutar juntos del banquete.
Trajeron al pastor y lo sentaron a su lado, brindándole el príncipe especial atención y grandes honores.
Al finalizar el banquete, se acercaron los amigos del príncipe y le preguntaron: ¿Acaso es más importante para ti el pedazo de tela y el trozo de frazada que colocó el pobre pastor sobre la grama, que todas las telas de seda, oro y plata que nosotros colocamos ante ti para este banquete?
Les contestó el príncipe: por supuesto que su pedazo de tela y su trozo de frazada fueron más importantes para mi, pues él me dio todo lo que tenía …
Hashem no nos mide según lo que tenemos, sino según aquello que damos … para nuestro judaísmo, para nuestros semejantes, y para todas las cosas valiosas que es importante dar.

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