La persona más fuerte del mundo. Corea

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Había una vez una familia de ratas. Cuando la niña más grande creció, su madre dijo: “Debemos encontrar a alguien con quien casar a nuestra hija mayor.” “Sí” dijo el padre, “se debe casar con la persona más fuerte del mundo, no crees?”
Entonces el Sr. y la Sra. Rata fueron a ver al sol. “Buenos días, Sr. Sol,” dijeron. “Tenemos una linda hija, ya grande, y quisiéramos encontrar un esposo para ella. Quisiéramos que se casara con la persona más fuerte del mundo. Tu estás ahí sentado en el cielo dando toda esa luz y calor. Nos parece que eres la persona más fuerte del mundo. ¿Te casarás con nuestra hija?” El Sr. Sol movió su cabeza y dijo: “Es muy amable de su parte pensar así de mí. Tal vez les parezca que soy la persona más fuerte del mundo, pero no lo soy. No lo soy por mucho. ¿Ven al Sr. Nube, allá a lo lejos? El es fuerte. ¡Mucho más fuerte que yo! El puede cubrir mi cara cada vez que lo desea, y entonces no soy tan cálido ni doy tanta luz, ¿No lo creen? El Sr. y la Sra. Rata pensaron esto por un momento, y la Sra. Rata dijo: ¿Sabes querido? Creo que el Sr. Sol tiene razón. El Sr. Nube es la persona más fuerte de el mundo, y él sería el mejor esposo para nuestra hija. Al día siguiente, tempranito, fueron a ver al Sr. Nube.
“Buenos días, Sr. Nube,” “Tenemos una linda hija, ya grande, y quisiéramos encontrar un esposo para ella. Quisiéramos que se casara con la persona más fuerte del mundo. Tú eres tan fuerte que puedes cubrir la cara del sol cada vez que lo deseas, impidiendo que brille en un solo segundo. ¿Podrías casarte con nuestra hija?” El Sr. Nube movió su cabeza y dijo: “Sí, es cierto que puedo cubrir al sol, pero ¿Saben? no soy yo el más fuerte. Si lo piensan, yo solo cubro al sol cuando el viento me sopla. Entonces, como ven, el Sr. Viento es más fuerte que yo, por mucho. Créanmelo, él sería un buen esposo para su hija.” Una vez más, el Sr. y la Sra. Rata lo pensaron detenidamente, y coincidieron con la opinión del Sr. Nube. El Sr. Viento sería realmente la mejor persona.
Al día siguiente, estaban ya con el Sr. Viento. “Buenos días, Sr. Viento. Tenemos una hija y quisieramos encontrar un esposo para ella. Quisiéramos que se casara con la persona mas fuerte del mundo, y según lo que nos dicen algunas personas, tú eres la persona más fuerte. Tú puedes soplar a las nubes, para hacer que cubran al sol cada vez que lo deseas. ¿Te casarías con nuestra hija?” El Sr. Viento pensó que eran muy amables, pero que estaban equivocados. “No. no soy yo el más fuerte. ¿Saben a quien están ustedes buscando? La estatua de piedra de Buddha. La estatua que se encuentra en Unzin. Sus pies están tan firmemente puestos en el suelo que no lo puedo mover ni tanto. Aunque sople con todas mis fuerzas, no lo muevo de su lugar. Tiene esta estatua un sombrero, y ¡ni eso puedo mover! El sí será un buen esposo para su hija.” Después de una breve charla, salieron el Sr. y la Sra. Rata en busca de la estatua del Buddha en Unzin. Una vez más, explicaron lo que querían para su hija.
“…y por fin estamos seguros de quien es la mejor persona para nuestra hija. ¿Podrías casarte con ella?” El Buddha de piedra habló con ellos bondadosamente, “Muchas gracias Sr. y Sra. Rata, pero me temo que hay alguien más fuerte que yo. Más fuerte que yo es el joven rata que viene la tierra a mis pies. Un buen día, cuando él esté listo, escarbará y escarbará justo debajo de mí, y ¿Saben que será de mí? Me caeré, y no hay nada en el mundo que yo pueda hacer para evitarlo. Entonces… ¿Qué les parece esa rata? No creen que el es ideal para su hija? El Viento puede mover a la nube que tapa al sol, pero no me puede mover a mí. Es entonces cuando razonamos que el joven rata lo podría hacer cuando él lo desee.” El Sr. y la Sra. Rata estaban muy contentos. Ellos sabían que su hija mayor se debería casar con un joven rata, y que, al mismo tiempo, se estaría casando con la persona más fuerte de todo el mundo.

El avaro. Tradición Corea

 

! remera.jpg nnnx.jp nuevo taller.jpgVVFChoi Chum Ji era famoso en toda la región de JinJu por su avaricia, que ya era casi una enfermedad. Sus parientes pasaban mucha vergüenza con las anécdotas que se contaban sobre Choi.

En su mesa no se servía más que arroz hervido con un poco de salsa de soja. Y cuando llegaba la hora de comer, se veía a Choi Chum Ji corriendo como un desesperado por el campo.

-¿Por qué corre tanto, señor ji? -le preguntó cierta vez un campe-sino.

-He comprobado -contestó él, muy serio- que si uno corre lo suficiente, si corre hasta que le duela el costado, llega a olvidar el sabor de la comida y se siente muy satisfecho comiendo solo arroz.

Un día el avaro vio con horror que una mosca había tenido el atrevimiento de posarse en el borde del recipiente donde estaba la salsa de soja. ¡Le estaba robando su salsa! Enfurecido, saltó de su sitio y comenzó a perseguir a la mosca por todo el cuarto.

-¡Maldita mosca! ¡Puedo comer una cucharada entera de arroz con la gota de salsa que bebiste!

Cuando por fin consiguió atrapar a la mosca, se la metió en la boca, la masticó bien para extraerle toda la soja, y después se la tragó.

La familia del señor Ji sufría mucho, sobre todo su nuera, que venía de una casa normal, donde el arroz se comía con verduras, con carne de cerdo, con pescado. La pobrecita estaba harta de comer ese arroz hervido solo y triste.

Una mañana pasó por allí un pescador que venía voceando su mercancía. La muchacha lo llamó desde el portón. El pescador se acercó sorprendido. ¡Jamás había vendido ni un pescadito en esa casa!

La nuera del señor Ji comenzó a revisar los peces mientras los miraba con ojos críticos. Levantó uno y lo dejó. A otro le miró las agallas y dijo que no estaba fresco. El pescador se indignó: los había pescado al alba de ese mismo día, protestó. La joven tomaba los pescados, los daba vuelta de un lado para el otro y los volvía a dejar.

-¿Cuánto cuesta este?

-Dos pun -dijo el pescador. El pun era la moneda de la antigua Corea.

-¡Dos pun! Es demasiado -dijo ella. No vale ni medio pun.

-¿Cómo que ni medio? ¡Por siete puns podría venderlo si lo llevara hasta el mercado!

Discutieron y discutieron sin llegar a ponerse de acuerdo. El pescador siguió adelante con su carga y la muchacha corrió a la cocina. Habíamanoseado tanto los pescados que tenía las manos llenas de escamas. Con mucho cuidado se lavó las manos en una olla y la puso sobre el fuego. Hirviendo las escamas consiguió un caldo con gusto a pescado.

A la hora de la comida, cuando el señor Ji sintió el olor a pescado y vio que su nuera servía el caldo, enloqueció de furia.

-¡¿Quién te dio permiso para comprar pescado?! -la interrogó a gritos.

La jovencita, muy orgullosa de haber conseguido tanto con tan poco, le contó su hazaña. Pero de poco le sirvió.

-Qué desperdicio -dijo Choi Chum Ji, el avaro de los avaros. Si te hubieras lavado las manos en el pozo de donde sacamos el agua para beber, ¡tendríamos sopa de pescado para todo el mes!

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