Hombre sol Norteamerica

Érase una vez una mujer [a cierta distancia río arriba Bella Coola. Ella rechazó la oferta de matrimonio de los jóvenes de la tribu, porque deseaba casarse con el Sol. Dejó su pueblo y fue a buscar el sol. Finalmente llegó a su casa y se casó con el Sol. Después de haber estado allí un día, tuvo un hijo. Creció muy rápido y en el segundo día de su vida pudo caminar y hablar. Poco tiempo después le dijo a su madre: “Me gustaría ver a tu madre ya tu padre”; y comenzó a llorar, haciendo que su madre sintiera nostalgia. Cuando el Sol vio que su esposa se sentía abatida y que su hijo anhelaba ver a sus abuelos, dijo: “Puedes volver a la tierra para ver a tus padres. Desciende por mis pestañas”. Sus pestañas eran los rayos del sol, que extendía hacia su esposa ‘

El niño jugaba con los niños del pueblo, que se burlaban de él diciendo que no tenía padre. Se echó a llorar y fue a ver a su madre, a quien le pidió arco y flechas. Su madre le dio lo que pidió. Salió y comenzó a disparar sus flechas hacia el cielo. La primera flecha golpeó el cielo y se clavó en él, la segunda flecha golpeó la muesca de la primera; y así continuó hasta que se formó una cadena, que se extendía desde el cielo hasta el lugar donde estaba parado. Luego ascendió por la cadena. Encontró la casa del sol, en la que entró. Le dijo a su padre que los niños se habían burlado de él y le pidió que le dejara llevar el sol. Pero su padre dijo: “No puedes hacerlo. Yo llevo muchas antorchas. Temprano en la mañana y tarde en la noche quemo pequeñas antorchas, pero al mediodía quemo las grandes”. El niño insistió en su pedido. Entonces su padre le entregó las antorchas, advirtiéndole al mismo tiempo que observara atentamente las instrucciones que le estaba dando en cuanto a su uso.

Temprano a la mañana siguiente, el joven inició la trayectoria del sol, portando las antorchas. Pronto se impacientó y encendió todas las antorchas a la vez. Luego hizo mucho calor. Los árboles comenzaron a arder y muchos animales se lanzaron al agua para salvarse, pero el agua comenzó a hervir. Entonces su madre cubrió a la gente con su manta y así los salvó. Los animales se escondieron debajo de las piedras. El armiño se deslizó por un agujero, que, sin embargo, no era lo suficientemente grande, de modo que la punta de su cola sobresalía de la entrada. Estaba chamuscado y desde entonces la punta de la cola del armiño ha sido negra. La cabra montesa se escondió en una cueva, de ahí que su piel sea perfectamente blanca. Todos los animales que no se escondieron se quemaron y, por lo tanto, tienen la piel negra, pero la piel del lado inferior se mantuvo más clara. Cuando el Sol vio lo que estaba sucediendo, le dijo a su hijo: “¿Por qué lo haces? ¿Crees que es bueno que no haya gente en la tierra?”

El sol lo tomó y lo arrojó de los cielos, diciendo: “Serás el visón, y las generaciones futuras del hombre te darán caza”.

Historia de Chaun – Siberia

Que tengas una hermosa jornada

Había un hombre de Lamut en el país de Chaun que fue a East Cape para buscar algunas pieles de focas de tanga. Se movió y se mudó, y así llegó hasta el final del país. Tenía con él a su esposa y también a un hijo, joven y activo. Todo el país estaba completamente desierto. No se veía ni un solo rastro de hombre en ninguna parte. El joven dijo: “Iré a buscar gente”. El padre replicó: “¡No te vayas! Te perderás y, en cualquier caso, no encontrarás nada”. – “No, los encontraré. E incluso tomaré una esposa entre ellos”.

Se marchó con raquetas de nieve y, después de un tiempo considerable, llegó a un río totalmente desconocido para él. Allí había un gran campamento. Varias tiendas se instalaron en dos grupos. En uno de ellos vivía un hombre que tenía una sola hija. Entró y se quedó con esta familia como yerno adoptado. Un día el suegro le dijo: “¡Vamos al río a pescar!”

En el río había un gran lugar abierto. Partieron. El yerno era muy ligero. Fue el primero en llegar al mar abierto. Sin mucho preámbulo, arrojó al agua su línea de pesca e inmediatamente sintió algo pesado en ella. Así que lo tiró hacia arriba y allí, atrapado en el gancho, había un niño pequeño, de apariencia humana. Tenía mucho miedo y volvió a arrojar al niño al agua. Después de eso, volvió a arrojar su línea de pesca al agua, y en un momento sacó a otro niño humano. Lo arrojó de nuevo al agua, pero mientras tanto llegaron otras personas. “¿Por qué arrojas el pescado al agua?” dijo el anciano enojado. Si lo hace, destruirá nuestra suerte de pesca y el pescado es nuestra existencia. Todo será destruido. ”-“ Oh ”, dijo el joven,“ ¡pero atrapé a un niño humano!Tenía miedo. ”-“ Digo, no era un niño, era un pez.

Nos estás gastando una broma. ¡Mejor vete! Me equivoqué cuando te llamé hombre de confianza. ¡Me voy! Ya no eres mi yerno. “Echaron al agua sus propias líneas de pesca, y después de un tiempo también atraparon a un niño humano pequeño. Lo pusieron en un largo asador de madera y lo asaron, delante del fuego. Luego se sentaron y comieron con él. Hecho esto, regresaron.

El yerno humano se sintió muy enojado. Así que también lanzó su línea y buscó pescado. Atrapó uno tras otro, y todos sus peces eran humanos. En poco tiempo, había reunido una gran cantidad. Los cubrió con palos y piedras y se fue a casa a última hora de la noche. “¿Dónde has estado todo el día?” preguntó el suegro con bastante severidad. “He estado pescando con caña.” – “¿Cogiste algo?” – “Cubrí un gran montón de peces con palos y piedras”. El anciano se alegró mucho. “¡Oh, de hecho, eres el yerno para mí!” Se acercaba la primavera. La nieve estaba cubierta de una costra dura. El anciano dijo: “¡Vayamos con raquetas de nieve a cazar renos salvajes!” Salieron con raquetas de nieve y llegaron a un bosque. El anciano le dijo a su yerno: “Debes esconderte detrás de este gran árbol ya que llevaremos a los renos hacia ti, para que puedas matarlos uno por uno. “El joven se agachó detrás del árbol, con su arco listo. Las otras personas condujeron al reno hacia él. Él vio Pasaron corriendo junto a él dos hombres gigantes, todos desnudos, con el pelo largo que llegaba hasta el suelo, estaba tan asustado que no se atrevió a dispararles.

Vinieron las otras personas. “Bueno”, preguntó el anciano, “¿los has matado?” – “¿A quién debo matar? Pasaron dos hombres gigantes, ambos desnudos, con el pelo colgando hasta el suelo. No me atreví a dispararles. . “-” ¡Ah! ” dijo el anciano enfadado, “no eran hombres, eran ciervos salvajes. Echas a perder nuestra persecución de caza. Esta caza es nuestra vida. ¡Lárgate! Me equivoqué cuando te llamé hombre de confianza. Deja de ser mi hijo”. -¡in-law! ¡Lárgate de mi casa y mi familia! “

Se fueron a casa. El joven estaba más enojado que nunca. Corrió hacia el bosque y buscó algún rastro de esos machos renos humanos. Encontró huellas y las siguió. Por fin vio a esos gigantes desnudos. Estaban sentados en el suelo apoyados en los árboles y profundamente dormidos. Así que se arrastró hacia ellos y ató sus largos cabellos alrededor del árbol. Luego se arrastró e hizo una gran hoguera en su lado de barlovento. Fueron asesinados por el humo.

A última hora de la noche llegó a casa. “¿Dónde has estado todo el día?” – “Encontré esos machos renos y los maté a los dos”. Oh, estaban muy contentos. Ahora tenían comida en abundancia, pero el yerno no podía comerla. Mataron para él renos reales. Un día su esposa le dijo: “Están muy enojados contigo por esas matanzas eternas. También te van a matar. Será mejor que huyas a tu propio país”. Sí, lo haré. ”-“ ¿Y qué comerán ustedes en nuestra tierra? ”-“ Comeré pescado y carne de reno. No quiero más carne humana ”.

Una vez, cuando tuvo que vigilar la manada de renos, salió de la tienda completamente desnuda. Sacó algo de ropa nueva de las bolsas grandes que había afuera y se la puso. Huyeron y llegaron a su padre. Allí la hicieron caminar tres veces alrededor de un nuevo fuego, y así cambió de opinión. Después de eso, dejaron ese país y se mudaron. Regresaron a su propia tierra y vivieron allí.

Contado por HIrkán, un hombre Lamut del desierto de Chaun, en el pueblo de Nishne-Kolymsk, el país de Kolyma, invierno de 1896.

Estos relatos se recopilaron entre los Lamut que vivían en el curso superior del río Omolon y en sus afluentes en el país de Kolyma, algunos también entre los Lamut del desierto de Chaun que se encontraron en la aldea rusa de Nishne-Kolymsk. Fueron escritos sin los textos originales.

La gente de Lamut que vive en el río Chaun es una rama de esta tribu que ha emigrado más hacia el noreste. Están compuestos por rezagados de varios clanes del país de Kolyma, que llegaron al desierto de Chaun por diversas razones; por lo tanto, no forman un clan separado. Sin embargo, sus formas de vida en la tundra sin árboles de Chaun son diferentes de las de todos los demás Lamut, y están más cerca de la forma de vida de los chukchee, entre los que habitan. Son unas treinta o cuarenta familias.

La última flor- Thurber James

que tengas un hermoso día

La duodécima guerra mundial, como todo el mundo sabe, trajo el hundimiento de la civilización. Pueblos, ciudades y capitales desaparecieron de la faz de la tierra. Hombres, mujeres y niños quedaron situados debajo de las especies más ínfimas. Libros, pinturas y música desaparecieron, y las personas solo sabían sentarse, inactivos, en círculos.Pasaron años y más años. Los chicos y las chicas crecieron mirándose estúpidamente extrañados: el amor había huido de la tierra. Un día, una chica que no había visto nunca una flor, se encontró con la última flor que nacía en este mundo. Y corrió a decir a las gentes que se moría la última flor. Solo un chico le hizo caso, un chico al que encontró por casualidad.El chico y la chica se encargaron, los dos, de cuidar la flor. Y la flor comenzó a revivir. Un día una abeja vino a visitar a la flor. Después vino un colibrí.Pronto fueron dos flores; después cuatro… y después muchas, muchas. Los bosques y selvas reverdecieron. Y la chica comenzó a preocuparse de su figura y el chico descubrió que le gustaba acariciarla. El amor había vuelto al mundo.Sus hijos fueron creciendo sanos y fuertes y aprendieron a reír y a correr.Poniendo piedra sobre piedra, el chico descubrió que podrían hacer un refugio. Muy deprisa toda la gente se puso a hacer casas. Pueblos, ciudades y capitales surgieron en la tierra. De nuevo los cantos volvieron a extenderse por todo el mundo.Se volvieron a ver trovadores y juglares, sastres y zapateros, pintores y poetas, soldados, lugartenientes y capitanes, generales, mariscales y libertadores. La gente escogía vivir aquí o allí.Pero entonces, los que vivían en los valles se lamentaban por no haber elegido las montañas. Y a los que habían escogido las montañas les apenaba no vivir en los valles…Invocando a Dios, los libertadores enardecían ese descontento. Y enseguida el mundo estuvo nuevamente en guerra. Esta vez la destrucción fue tan completa que nada sobrevivió en el mundo.Solo quedó un hombre… una mujer… y una flor.

Asia. El espíritu del mar

Había un pequeño río que desembocaba en el mar. Algunos tungus vivían en la desembocadura del río y pescaban. Una vez llegaron al mar y vieron a un espíritu marino del tamaño de una ballena que salía de debajo del agua. El espíritu marino dijo: “¡Oh gente! Estás aquí. Quiero devorarte”. Le rogaron que los dejara vivir. “Está bien”, dijo el espíritu, “ahora devoraré a un solo hombre, y los demás pueden irse a casa, pero todos los días debes darme un hombre. Debes llevarlo al mar y dejarlo cerca del agua. Él será mi alimento. De lo contrario, si no hacéis lo que os pido, me llevaré las redes y ahuyentaré todos los peces. Daré la vuelta a vuestras canoas y, sin duda, os devoraré.

Los Tungus se fueron a casa, dejando atrás a uno de ellos. Fueron a su jefe y le dijeron: “¿Qué se debe hacer? Tenemos que entregar a un hombre tras otro. No podemos vivir sin el mar”. Así que le dieron al espíritu una víctima tras otra. Por fin llegó el turno de la única hija del jefe. La llevaron al mar y la depositaron en la arena. Luego regresaron. La joven se sentó allí esperando su muerte.

Entonces vio venir a un joven. Era un vagabundo, que no conocía ni a padre ni a madre, y caminaba sin rumbo fijo. “¿Qué estás haciendo aquí?” dijo el joven – “Estoy esperando mi muerte. El espíritu marino viene a devorarme.” – “¡El espíritu marino! ¿Cómo es? Quiero quedarme aquí y verlo.” – —Joven —dijo la hija del jefe—, vete a casa.¿Qué necesidad hay de que se destruyan dos vidas humanas? ”-“ No tengo miedo ”, dijo el joven.“ No tengo ni padre ni madre. No hay una sola alma en el mundo que lamente mi muerte. Me sentaré aquí y esperaré al espíritu marino, dormiré un poco, pero si viene alguien, haz que me levante!”

De modo que durmió y no se despertó hasta que llegó la marea de la inundación, y con la inundación vino el espíritu del mar. Vio al joven y dijo con alegría: “¡Ah, buena gente! Esta vez trajeron dos personas en lugar de una”. La hija del jefe quiso despertar al joven; pero siguió durmiendo y no prestó atención a todos sus empujones y sacudidas. Entonces ella lloró por él y una lágrima caliente se deslizó y cayó sobre su rostro. “El joven se despertó instantáneamente y se levantó de un salto.” ¡Ah, ah! “, Dijo,” ¡ya estás aquí! “, Atacó al monstruo marino, y lucharon hasta altas horas de la noche. Por fin el joven agarró la mandíbula superior del monstruo y se la arrancó junto con el cráneo. “¡Oh, estoy cansado!”, dijo el joven. Se sentó de nuevo y puso apoyó la cabeza en el regazo de la niña. .Se fue a dormir como antes. Uno de los pastores del jefe llegó a la orilla. Le dijo a la niña: “¿Por qué, todavía estás viva?” – “Lo estoy”, dijo la niña. “¿Y el espíritu del mar?” – “Este hombre lo ha matado”. “¡Tu mientes!” dijo el pastor. “¿Quién va a creer que un holgazán como este hombre, podría matar al monstruo? Soy yo quien mató al monstruo”. Soy yo quien mató al monstruo “.

Sacó un cuchillo y apuñaló al hombre. Arrojó su cuerpo al mar y le dijo a la niña: “Así he hecho con el monstruo ; y si me contradice con una palabra, le haré lo mismo”. Ella estaba asustada y prometió obedecerle y decir que este pastor había matado al monstruo. Así que la tomó de la mano y la llevó de regreso a donde estaba su padre. “Aquí”, dijo, “he matado al monstruo marino y he salvado a tu única hija de la muerte. Tu hija es mía en este momento”. El padre estaba lleno de alegría. “Está bien”, dijo él, “tómala y cásate con ella”. Organizaron una gran fiesta nupcial para la mañana siguiente.

Mientras tanto, la hija del jefe reunió a todas las jovenes del pueblo y prepararon una gran red de arrastre, tan grande como el mar. Lo arrojaron al mar y lo arrastraron a lo largo de la orilla, y luego a la derecha a través del mar. Trabajaron y trabajaron toda la noche, y por la mañana al amanecer atraparon el cuerpo de su salvador. “Aquí está”, dijo la hija del jefe. “Este hombre me salvó del monstruo, y el pastor lo apuñaló mientras dormía. Ahora me apuñalaré a mí misma, para que los dos tengamos un funeral común”.

– “No lo hagas”, dijo una de sus compañeras. . “Conozco una roca no muy lejos de aquí. Debajo de esa roca sale un chorro de agua, hirviendo, pero ES buena para curar todo tipo de heridas”.

Fue a la roca con una botella de piedra y trajo un poco de agua.

Con ella lavaron la herida y el joven volvió a la vida. La JOVEN lo tomó de la mano y lo condujo hasta su padre. “Este es el hombre que me salvó.

El otro es un traidor e impostor ”. Entonces mataron al pastor, el joven se casó con la niña, y vivieron allí.

Contado por Innocent Karyakin, un Tundra Yukaghir en la tundra occidental del país de Kolyma, invierno de 1895.

Asia Un chaman convertido en zorro

Vivía un anciano que tenía una hija muy joven. Él era un gran chamán y quería encontrarle un marido, el mejor de todos los seres humanos. Así que se convirtió en un zorro ártico y corrió. Con quienquiera que se encontrara, él se dejaría atrapar. Y tan pronto como el hombre lo atrapara, su mano se pegaba a la espalda del zorro. Entonces el zorro se apresuraría hacia adelante, arrastrando al hombre. El zorro llegaría a un río y se convertiría en pez. Luego se sumergía en el agua, arrastrando al hombre. Y entonces el hombre se ahogaría.

En otra ocasión se convirtió en un zorro rojo y corrió. Con quienquiera que se encontrara, él permitiría que lo atraparan. Entonces la mano del hombre se pegaba a la espalda del zorro. El zorro se apresuraría hacia adelante, arrastrando al hombre y pronto lo ahogaría en el río.

Por tercera vez se convirtió en armiño, y sucedió lo mismo que antes.

Finalmente, se convirtió en un zorro negro y corrió. Conoció a un joven, un vagabundo, que no conocía ni a padre ni a madre, y que caminaba sin rumbo y en gran pobreza. El zorro se dejó llevar. Entonces la mano del vagabundo se pegó a su espalda, y el zorro se apresuró a arrastrar al hombre. El zorro corrió hacia el río, se convirtió en pez y se zambulló en el agua, arrastrando al hombre. El pez cruzó el río, llegó a la orilla opuesta y volvió a convertirse en un zorro. ¡Y he aquí! el joven aún estaba vivo. El zorro siguió corriendo y llegó a unas rocas. Todas las rocas estaban cubiertas de púas puntiagudas. El número de rocas era diez. El zorro corrió entre todos ellos y el hombre con él. El hombre se enrollaba como un cabello fino y todavía estaba vivo. El zorro corrió hacia un bosque,que era tan denso y espeso como la hierba otoñal. La corteza de un árbol tocó la corteza de otro. Cruzaron este denso bosque, pero el joven aún estaba vivo. El zorro llegó al mar y se sumergió en el mar. Cruzó el mar hasta la orilla opuesta,

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pero el hombre aún estaba vivo. Entonces el zorro dijo: “¡Oh, eres un hombre excelente! Quiero tenerte como esposo para mi hija. Soltaré tu mano. Así que, por favor, suelta mi espalda”. El hombre dijo: “No quiero tener a tu hija. Prefiero tener tu piel”. Levantó al zorro negro en el aire y luego lo golpeó contra el suelo con mucha fuerza. El zorro estaba muerto. Eso es todo.

Armenia El campesino que vendía espíritus

Erase una vez un campesino cuyo único bien era una vaca pero no le daba leche. Decidió, pues, venderla en el mercado del pueblo, donde le dieron cien rublos por ella.
Al volver a su casa se cruzó con un anciano que anunciaba a voces:-¡Vendo espíritus! ¡Espíritus! ¡A los buenos espíritus!…-¿Qué espíritus son esos, hermano? -preguntó, asombrado, el campesino.-Espíritus de oro, que te ayudarán a hacer tu camino en esta vida, que te protegerán de los infortunios y hasta te harán rico. El campesino siempre había estado convencido de que un día la fortuna le sonreiría y que se haría rico de repente, como sucede en los cuentos. Y pensó que aquel hombre que vendía espíritus era la oportunidad que no debía dejar escapar.-¿Cuánto cuesta uno de esos espíritu?-Como veo que eres pobre te venderé uno bien barato: cien rublos.-Muy bien. Aquí van los cien rublos. Dame el espíritu.Y, sin dudarlo un momento, el campesino le dio al anciano todo el dinero que había conseguido por la venta de la vaca. El viejo se guardó el dinero en el bolsillo y murmuró al oído del campesino: «Cosecharás lo que siembres. Ése es el espíritu». Y luego desa-pareció.«¿Qué habrá querido decir?», se preguntó el campesino. «Yo me sé todos los proverbios, consejas y refranes que existen, pero jamás se me había ocurrido pensar que podría ganar dinero con alguno de ellos. Voy a intentar vendérselo a otro». Y comenzó a gritar:-¡Vendo espíritus, espíritus de oro!…Pero nadie le hacía el menor caso. Algunos, incluso, le tomaban por loco y se reían de él sin recato:-¿Habéis visto? Como cree que tiene demasiado espíritu, quiere vendernos un poco.-¡Eh, tú, saco de maldades! Si tanto espíritu tienes, ¿por qué eres pobre?Pero el campesino no perdía la esperanza, y continuó gritando por las calles:-¡Vendo espíritus! ¡A los buenos espíritus!…Así acabó por llegar ante las puertas del palacio real. El rey, divertido, vio desde su balcón cómo aquel ingenuo campesino intentaba en vano vender espíritus a los avispados ciudadanos. Le dio pena y le llamó.-Dime, amigo, ¿cómo es ese espíritu que vendes?-Es un espíritu muy útil, majestad.-¿Y cuánto cuesta?-Cien rublos.-Toma cien rublos y dame ese espíritu -dijo el rey.El campesino se guardó el dinero y dijo al rey con mucho misterio:«Cosecharás lo que siembres. Ese es el espíritu». ¡Que viva el rey!-¿Cómo? -exclamó éste. ¿Te vas a ganar cien rublos por cuatro míseras palabras?-¡Que viva el rey! Yo, que soy muy pobre, he pagado por esta simple frase cien rublos. Tú tendrías que pagar mil.-Dime, ¿y eso por qué?-Yo dirijo la vida de una sola familia, majestad, en tanto que tú diriges la vida de todo un país. Por eso tú necesitas un espíritu tan vasto como la mar.-Me parece justo -dijo el rey. Para gobernar hace falta mucho espíritu y mucha sabiduría. Pero lo que tú me has vendido sólo representa una mínima gota de sabiduría…-Muy cierto, mi rey. Pero la mar está formada por gotas. Un hombre inteligente ha de estar siempre aprendiendo. Los mares acaban en algún lugar, tienen un límite. La sabiduría es ilimitada.-Que tengas larga vida, campesino. Dices cosas muy sabias. Ahora regresa a tu casa, pero ven a verme de vez en cuando. Hablaremos, y te volveré a recompensar por tus sabios consejos.El rey apreció en mucho las palabras del campesino. Se las decía a menudo a sus cortesanos y a sus sirvientes. Una mañana, cuando su barbero iba a afeitarle, el rey le dijo en tono muy grave:-»Cosecharás lo que siembres». Comprende bien el significado de estas palabras, barbero: «Cosecharás lo que siembres».Al oír estas palabras el barbero se puso a temblar. Se le cayó al suelo su afiladísima y larga navaja y se echó de rodillas ante el rey implorando:-Perdón, rey mío, perdón para tu esclavo. Soy inocente. Me han obligado… Os juro que yo no pensaba hacerlo…El rey se quedó petrificado. Se puso en pie y zarandeó al barbero.-¿Qué te habían obligado a hacer? ¿Y quién? ¡Habla!-Querían que te degollara… Pero yo no iba a hacerlo.Así fue cómo el rey descubrió la conspiración que se había urdido para atentar contra su vida. Los traidores recibieron el castigo merecido. En cuanto al campesino que vendía espíritus, cada vez que se presentaba en palacio el rey le recibía amablemente y le recom-pensaba siempre.-Me has salvado la vida, sabio campesino -le decía.A partir de aquel día los proverbios populares fueron considerados como perlas de sabiduría y desde entonces pasan de boca en boca y de generación en generación para que lleguen intactos hasta nuestros hijos.

Norteamericano El hombre que no podía crecer

Había una vez un hombre que vivía cerca de un pantano y que medía sólo cuarenta y cinco centímetros. Confiaba en que iba a crecer, pero no crecía nunca. Cuando se cansó de esperar, deci­dió pedir consejo a seres vivos más altos que él y habló primero con el caballo:-Amigo caballo -le dijo, ¿cómo puedo hacer para volverme tan grande y corpulento como tú?-Es fácil. Debes comer muchos cereales, sobre todo avena, y correr todo el día. Verás como, en menos de una semana, crece­rás tanto como yo.El hombrecito de cuarenta y cinco centímetros de altura vol­vió a casa y, durante un mes, siguió con la receta que le había dado el caballo. Sólo comía cereales, sobre todo avena, y no ha­cía más que correr durante todo el día. Pero crecer, no crecía. Todos los cereales le pesaban mucho en el estómago y le dolían las piernas de tanto correr. Entonces pensó en pedirle consejo a algún otro y se fue a ver al buey.-Amigo -le dijo, ¿qué debo hacer para volverme tan gran­de y corpulento como tú?-Es fácil. Debes comer mucho heno y mucha hierba y que­darte todo el día, echado de lado, rumiando. Verás como, en me­nos de una semana, crecerás tanto como yo.El hombrecito de cuarenta y cinco centímetros de altura vol­vió a casa y, durante un mes, siguió con la receta que le había dado el buey. Sólo comía hierba y heno y se pasaba todo el día echado de lado rumiando. Pero crecer, no crecía. Toda aquella hierba le pesaba mucho en el estómago y, de tanto tiempo que pasaba tumbado, tenía el lado derecho o, según los casos, el iz­quierdo, muy dolorido. Entonces pensó en pedirle consejo a al­gún otro y fue a hablar con el búho, famoso sabio.-Amigo, tú que eres tan sabio, ¿sabes decirme qué debo ha­cer para ser más alto?-Dime una cosa. ¿Para qué quieres volverte más alto?-Para ver más desde lejos.-Si quieres ver más desde lejos, súbete a un árbol. ¿O acaso no eres capaz de trepar?-Claro que soy capaz. Pero no se me había ocurrido seme­jante cosa.El búho entornó los ojos y dijo:-Óyeme: el hombre no necesita tener un gran cuerpo, sino un buen cerebro. Quien desarrolla su inteligencia, siempre es grande y dueño de una gran fortaleza.

Albania Las trenzas

Había una vez cuatro hermanos. Los tres mayores se dedicaban a cultivar la tierra y el más pequeño cuidaba de las ovejas. Se llevaban de maravilla unos con otros y no se deseaban mutuamente más que una existencia gozosa y en paz. De este modo, pasado no mucho tiempo, se casó el hermano ma­yor, después el segundo y más tarde el tercero. Le tocaba el turno al menor, pero éste no mencionaba nunca el asunto de su boda, aunque los demás no se lo tomaban en cuenta, pensando que se debía a que le daba vergüenza.Pero el menor de los hermanos le daba vueltas en la cabe­za a cosas que nadie era capaz de imaginar. Día a día sacaba las ovejas y las llevaba a pastar a un prado donde crecía una yerba que llegaba a la rodilla. En mitad de aquel prado ha­bía un gran lago y en el lago habitaba una trenzas, tan her­mosa que no tenía par sobre la faz de la tierra. El muchacho, sin que nadie lo supiera, se acercaba cada día al lago, se ocultaba tras un arbusto y gozaba observando a la trenzas, que se bañaba en aquellas aguas y salía a peinarse sobre los troncos. “Ésta, se decía para sus adentros, será para mí; nunca aceptaré a ninguna otra”. Y cada vez con mayor intensidad se le fijaba esta idea en la mente y ni de día ni de noche encontraba sosiego pensando cómo hacerla suya.Sus hermanos, viéndole tan meditabundo, noche tras no­che le hacían preguntas, hasta que acabaron por hartarlo y hacerle hablar.-Hermanos -les dijo, cada vez que llevo las ovejas a los pastos, voy a un gran lago para contemplar a una mujer de tal hermosura que en parte alguna puede encontrársele ri­val: se baña y se peina allí, luego sale y se coloca sobre los troncos a tomar el sol; pero no hay hombre que se le acer­que, pues al instante se zambulle en el agua y desaparece. Poseerla se ha convertido para mí en una obsesión, de mo­do que o la consigo o habré de morir sin contraer matri­monio.-No digas esas cosas -le interrumpió el hermano mayor; ésa es la trenzas del lago y aunque tuvieras cuatrocientas bolsas de oro no podrías siquiera tocarla con tus manos, mucho menos llevártela a casa.-Pues bien, yo ya tengo una idea -le replicó a su vez el menor, pero no puedo ponerla en práctica si no me ayu­dáis un poco.-Hermano -le atajaron los tres a un tiempo, estamos dispuestos a ayudarte en todo lo que nos pidas, aunque mu­cho nos tememos que no vamos a conseguir nada. Pero di­nos de una vez lo que has pensado.-Se me ha ocurrido -comenzó a contarles el hermano pequeño, colocar a la orilla del lago una blusa bonita y lla­mativa, pero con el cuello y las mangas cosidas, un espejo, un jabón y un peine, y cavar cuatro zanjas para que poda­mos ocultarnos en ellas los cuatro. Cuando ella salga a tie­rra, habrá de ver esos objetos y pensará que le resultarían de utilidad. Nosotros deberemos estar preparados: cuando in­tente vestirse la blusa con las mangas cosidas, saltaremos so­bre ella y la atraparemos.-Parece bien ideado -le respondieron sus hermanos, y no tendre-mos descanso hasta dar fin a este asunto.A la mañana siguiente, antes de que acabara de alzarse el sol, cogieron las palas y los picos, junto con la blusa con las mangas y el cuello cosidos, y se dirigieron hacia el lago. Co­locaron la blusa, el espejo, el jabón y el peine en el lugar donde solía descansar la trenzas; seguidamente cavaron cua­tro zanjas y se apostaron dentro de ellas.Acabó de amanecer, relucieron los rayos del sol y comen­zaron a calentar las aguas. Poco antes de mediodía, asomó la cabeza la trenzas y escudriñó todo en derredor por ver si ha­bía alguien. Creyéndose sola salió a continuación a la orilla para peinarse. Sus ropas eran suaves y delgadas y le caían formando pliegues de los hombros a los pies. No había al­canzado aún a sentarse cuando su mirada topó con la blusa, el jabón y el espejo; se acercó, los cogió con la mano uno a uno y volvió a sumergirse en el agua; se lavó con el jabón y luego volvió a salir a la orilla para secarse al sol; cogió con una mano el peine y con la otra el espejo y, después de pei­narse y acicalarse, intentó ponerse la blusa. En cuanto los cuatro hermanos vieron que trataba de sacar la cabeza por el cuello y las manos por las mangas, se abalanzaron sobre ella y no sin grandes esfuerzos la ataron y la condujeron a su ca­sa. Pronto la trenzas comprobó que no podía escaparse y acabó haciendo lo que ellos le pedían. Se despojó de su atuendo y vistió el propio del lugar; al cabo de algunos días yació con el más pequeño de los hermanos. Todas las faenas las realizaba sin protestar, pero no salía jamás una palabra de su boca, con lo que toda la gente de la casa estaba sor­prendida ante este silencio obstinado. Al cabo de un año le dio el Señor un hijo sano y hermoso, que sólo verlo era una satisfacción; aunque tampoco entonces dijo una palabra. Su esposo se esforzó por hacerle hablar, pero no hubo modo. Cogió entonces al hijo y con la espada en la mano le dijo a ella:-O hablas o mato al niño.La trenzas, creyendo que realmente estaba resuelto a ma­tarlo, abrió la boca y dijo:-¡No mates a mi hijo!Sintió gran alegría su marido al oírla hablar, del mismo modo que todos los demás, pero ella continuó diciendo:-Si hubiera permanecido otros cuatro días sin hablar, ha­brían surgido del lago todos los objetos y riquezas que guar­daba allí cuando vivía en las aguas. Pero ahora, por haberme obligado a hablar antes de tiempo, habrán de perderse para siempre. Ya nunca serán vuestros.-La verdad es que lo siento -le atajó el marido, pero estando sanos, conseguiremos vivir con lo que el Señor ten­ga a bien concedernos.Los hermanos siempre le habían tenido miedo y no cesa­ban un momento de vigilarla, por si intentaba huir. Pero luego que el Señor le hubiera concedido un hijo, la dejaron en completa libertad y no volvieron a molestarla. La trenzas advirtió el cambio y un buen día le preguntó a su marido:-Señor, ¿dónde dejaste las vestiduras que llevaba cuando me conociste?-¿Y eso a qué viene? -le replicó el esposo.-¿Para qué las necesitas?-Para nada -le respondió ella; simplemente me he acor­dado de ellas.Y el marido, creyendo que nada podía pasar, le mostró el arcón donde se guardaban las mudas y marchó a ocuparse de sus asuntos.La trenzas se fijó en el arcón y al cabo de algún tiempo, tras comprobar que nadie la observaba, sacó sus vestidos, se los puso, se dirigió hacia el lago, se arrojó en sus aguas y de­sapareció para siempre.Cuando, al anochecer, se reunieron todos en la casa, en­seguida descubrie-ron lo que había sucedido, pero nada pudieron hacer.

Albania quien guarda la tumba de padre?

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Erase tres hermanos que habían tenido un padre muy afectuoso. Antes de que muriera el hombre, acudieron junto a su cabecera y le preguntaron si tenía alguna última voluntad que encomendarles.-Escuchad -les dijo, si es cierto que me que­réis de verdad, habréis de guardar mi tumba por turno

du­rante tres noches seguidas.-Eso es cosa fácil, padre -le respondieron los tres hijos a un tiempo.Murió el padre y le dedicaron un buen banquete. Llegó la primera noche y el hijo menor, que era tiñoso, recordó la última voluntad del padre y le dijo al mayor:-¿Vas a ir a guardar la tumba de nuestro padre? Le diste tu palabra.-¿Qué tumba? -le atajó el otro.-Yo le dije que sí para darle gusto y dejarle que muriera en paz.-Está bien -le respondió el pequeño.-Iré yo entonces en tu lugar.Cogió su arma y se marchó a velar la tumba del padre.En la negrura de la noche pasó por allí un hombre a ca­ballo. Tanto el jinete como su montura iban vestidos de plata.-Déjame que pase sobre la tumba de tu padre -le dijo el caballero al tiñoso.-¡Jamás! -le respondió el joven.-¿Qué es lo que estoy guardando yo entonces aquí?El uno que sí, el otro que no, y ¡bam!, restalló el fusil del hermano menor y el jinete cayó sin vida al suelo. El muchacho lo despojó luego de sus ropajes, tomó el caballo de las riendas y fue a escon-derlo todo en una cabaña en el interior del bosque.Llegó la segunda noche y le dijo el hermano pequeño al mediano:-¿Vas a ir a guardar la tumba de padre?, le diste tu pala­bra de que lo harías.-¿Qué palabra? -le respondió.-Yo le dije aquello sólo para darle gusto a padre antes de morir.-Está bien -dijo entonces el pequeño.-Iré yo y la velaré en tu lugar.Cogió el fusil, fue caminando hasta llegar a la tumba y se apostó junto a ella para cuidarla.A las dos de la madrugada acertó a pasar por allí un hombre muy alto a lomos de un corcel blanco. Su vesti­menta estaba enteramente recamada de oro.-Déjame que pise la tumba de tu padre -le gritó con ru­das voces el hombre del caballo.-¡Nunca lo harás mientras a mí me quede aliento! -le re­plicó inmediata-mente el tiñoso.Disputaron durante un rato y por fin el tiñoso le disparó un tiro de fusil y lo mató. Lo despojó a continuación de sus vestiduras y, junto con el caballo, fue a esconderlo todo en otra cabaña en las profundidades del bosque.A la tercera noche les dijo a sus hermanos:-Me voy a guardar la tumba de padre, pues hoy me co­rresponde a mí el turno.Cogió su arma y se dirigió al lugar donde estaba la tum­ba. A las tres de la madrugada apareció por allí un apuesto jinete montando un caballo color azabache. Sus ropas esta­ban cubiertas de oro y piedras preciosas.-¡Déjame pasar por encima de la tumba de tu padre! -le dijo al verlo.-¡No, jamás! -le replicó el tiñoso.-Pues mi camino atraviesa por aquí -dijo acto seguido el hombre del caballo y espoleó su montura.Viendo aquello el tiñoso se echó al punto el fusil a la cara y de un tiro mató al caballero, dejándolo tendido en la tie­rra. Le arrebató sus preciosas ropas, cogió el caballo de la rienda y lo metió todo en una nueva cabaña del bosque. A ninguno de sus hermanos les dijo nada acerca de todo aquello.Pasó el tiempo y cierto día hizo saber el rey:-Quien sea capaz de saltar un alto muro formado de cuerpos y derribar con la espada la corona colgada de la en­cina, habrá de tomar a la hija del rey por esposa y recibirá además como regalo torres y serrallos.Una gran multitud se fue congregando junto al palacio del rey, unos para mirar, otros para probar suerte. Decidie­ron acudir también los hermanos del tiñoso.Al ver éste que sus hermanos mayores se dirigían hacia allí, corrió tras ellos y les preguntó:-¿Me lleváis a mí con vosotros?-Tú quédate en casa, anda -le respondieron.-Sería una vergüenza que te vieran con nosotros con toda la multitud que se va a reunir.Y lo dejaron en casa. Pero pocos instantes después, el ti­ñoso salió y se dirigió a la cabaña donde había guardado las primeras vestiduras de plata y el caballo alazán. Se vistió con ellas, montó a lomos del caballo y se dirigió a la reu­nión. Todos lo miraban al llegar, aunque ninguno lo reco­nocía.Numerosos jóvenes de buenas casas habían intentado sal­tar el muro, pero ninguno lo había logrado.-¿Me permitís que pruebe yo también una vez? -dijo en alta voz el tiñoso.Todos le abrieron paso. Acto seguido le gritó al caballo con grandes voces y, enarbolando la espada, saltó el obstá­culo y cortó de un tajo la corona.Quedaron todos asombrados, pero el rey no estaba tan convencido como para entregarle a su hija, de modo que ordenó que todo se repitiera una nueva vez al cabo de una semana.Se dispersó la congregación y el tiñoso regresó antes que sus hermanos, se cambió de ropas y volvió a casa como si no supiera nada.Cuando llegaron sus hermanos, les preguntó:-¿Consiguió saltar alguien el muro?-No, nadie. Aparte de un extranjero que era de corta es­tatura y aspecto desmejorado como tú, con las ropas todas recamadas en plata. De todos modos el rey no quiso entre­garle a su hija. De hoy en una semana todos los jóvenes vol­verán a intentar saltar el muro y cortar la corona.Cumplida la semana, se disponían los dos hermanos ma­yores a acudir a la reunión para asistir al desenlace, cuando el pequeño les preguntó.-¿Me lleváis con vosotros?-Quédate en casa, estarás mejor -le respondieron.-Allí la gente se reiría de ti.Partieron los dos y poco rato después lo hizo también el tiñoso, pero esta vez vestido con las ropas recamadas de oro y a lomos del corcel blanco.Se había formado aún más grande reunión que la vez ante­rior y ya eran muchos los que habían intentado saltar el mu­ro, aunque sin lograrlo ninguno. Probó a hacerlo también el tiñoso: Saltó limpia-mente el obstáculo y cortó la corona.-Tampoco ahora -le dijo el rey, quiero entregarte a mi hija sin antes volverlo a intentar.Se dispersaron todos y marchó cada uno hacia su casa. El tiñoso corrió a la suya, llegó antes que sus hermanos y se cambió de ropas.Cuando regresaron los otros dos, les preguntó.-¿Cómo fue la asamblea? ¿Consiguió alguno saltar el muro?-Ninguno -le respondieron ellos, aparte de un extranje­ro corto de estatura y debilucho como tú, con las ropas re­camadas en oro y montando un corcel blanco. Pero tampoco esta vez le entregó el rey a su hija; quiere que se haga un nuevo intento dentro de dos semanas.Transcurrieron las dos semanas y de nuevo acudieron los hermanos a la reunión. Les rogó el tiñoso que lo llevaran consigo, pero ellos volvieron a burlarse de él.La multitud era mayor que nunca. Prueba una vez, in­téntalo otra, no apareció un solo muchacho que superara la barrera.Se puso en marcha el tiñoso, llegó a la tercera cabaña, vistió las ropas cubiertas de oro y piedras preciosas y montó el caballo azabache.Cuando llegó, todos lo contemplaban con admiración y le dejaban franco el paso.Saltó limpiamente la barrera, cortó la corona y tomó a la hija del rey. Aquel día se formó un gran regocijo y el rey le regaló al muchacho el mejor de sus serrallos. Pero he aquí que, mientras conducían a la novia al palacio, apareció de pronto Siete-palmos-de-barba-tres-palmos-de-talla y la rap­tó. Buscaron incansablemente por todas partes, pero la no­via no aparecía.-No podré continuar viviendo -prometió solemnemente el tiñoso, si no logro rescatar a mi esposa, pues la he gana­do con mucho esfuerzo.Y de este modo fue como concibió la idea de recorrer el mundo entero hasta dar con ella.Camina que camina, llegó a un manantial, junto al cual encontró a su Ora.-Ora, blanca Ora -le dijo el muchacho.-¿Puedes decir­me quién me ha robado a mi esposa?-Yo no lo sé -le respondió ella, pero sin duda lo sabrá el rey de las aves.Marchó el tiñoso en compañía de la Ora a una alta mon­taña, hasta llegar a la cumbre envuelta por las nubes. Allí encontraron al rey de las aves:-Rey -se dirigió a él el tiñoso, he venido para pregun­tarte algo muy importante para mí. ¿Puedes decirme quién me ha arrebatado a mi esposa y dónde la puedo encontrar?-Tu novia se la ha llevado Siete-palmos-de-barba-tres­-palmos-de-talla- le dijo la enorme águila.-Pero, ya que llevas a tu Ora contigo, te entregaré un milano y él te mos­trará el camino.Marchó delante el milano y condujo al tiñoso hasta la boca de una cueva. Allí dentro se encontraba Siete-palmos-de-barba-tres-palmos-de-talla, rodeado de gran nú­mero de muchachas hermosas, que cantaban y jugaban. La Ora del tiñoso se agazapó escondida junto a la boca de la cueva y, cuando la joven esposa del tiñoso acertó a pasar por allí, la atrapó veloz como un rayo y, cogiéndola del brazo, la sacó y se la entregó al muchacho.-Te lo ruego -le pidió el tiñoso a su Ora, cógeme otras dos para mis hermanos.La Ora le escuchó. Sacó a otras dos muchachas y partie­ron rumbo a su casa cantando y jugando.Cuando llegó el tiñoso al bosque donde había escondido los caballos y los valiosos ropajes, encerró a la mayor de las tres muchachas en la cabaña donde se encontraban las vesti­duras de plata y al momento comenzó a brillar una fuerte luz blanca; encerró a la segunda en la cabaña donde había escondido las recamadas de oro y enseguida comenzó a bro­tar un resplandor amarillo; en la tercera guardó a la suya y nada más hacerlo surgió una luz tan intensa que deslumbra­ba a quien la contemplaba.Vieron sus hermanos aquellas fuentes de luz y se pregunta­ron: ¿Qué es lo que habrá allí? Vamos a mirar y lo sabremos.Acudieron al lugar y cual sería su sorpresa cuando vieron a su hermano menor salir a su encuentro y contarles que había encontrado a su Ora en un día propicio.-He recorrido el mundo -les dijo, de un confín a otro y he traído para vosotros a las muchachas más hermosas y más ricas.Al mayor le entregó la mayor, al segundo la segunda y él se quedó con la hija del rey.Compraron terrenos, levantaron palacios y vivieron a cual mejor sobre el lomo de esta tierra nuestra.