SOBRE LOS DOBLECES DE LOS PAÑOS.
Lo que pasó sin decirse
Una mujer llegó al patio con un manto nuevo.
No lo extendió.
Lo dejó caer sobre el banco, mal doblado.
La otra mujer no preguntó.
Miró el borde: había un rombo cerrado y un zigzag doble.
Asintió.
Mientras hervía el agua, la visitante sacó un cinturón tejido.
El patrón estaba bien hecho, salvo un error repetido tres veces.
En el error, tres puntos.
La mujer del patio dejó caer la cuchara.
No se disculpó.
Se sentaron.
Nadie habló.
La dueña de casa trajo un paño viejo,
lo dobló tres veces
y lo colocó bajo el manto nuevo.
Luego señaló, sin tocar,
una cruz rotada escondida cerca del borde.
La visitante respiró hondo.
Más tarde, al servir la comida,
la mujer del patio añadió miel en exceso
y legumbres mal remojadas.
Sonrió apenas.
La otra mujer no comió.
Guardó el cinturón.
Al irse, tocó su mentón
y luego el árbol del patio.
La mujer que quedaba hizo un nudo visible
en el manto nuevo
y apagó el fuego sin decir palabra.
Esa noche,
nadie contó un cuento.
Pero al día siguiente,
el tejido ya no era el mismo.