La llorona y otros relatos.

Breves relatos populares mexicanos.

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Casi todos los relatos que aquí se reproducen fueron recogidos en

Xochimilco, un antiguo pueblo indígena que ahora pertenece a la ciudad

de México, famoso por sus canales de agua, donde existe la costumbre

de escenificar la leyenda de la Llorona en noviembre, a propósito del

día de Muertos.

Desde hace varios años, los xochimilcas se han empeñado

en recuperar su historia. En buena medida esto explica por qué,

cuando a los entrevistados se les preguntó si sabían quién era la Llorona,

no dudaron en dar una versión sobre esta mujer fantasmal que, según

Ellos, deambula por esa región desde hace mucho tiempo.

Araceli Campos Moreno

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 

  1. [El perro-nagual]

Y siempre las señoras hacían tortillas en canastos grandes. Siempre las

hacían en la noche para el otro día llevárselas a vender. Y siempre les

faltaban las tortillas. Decían:

—¿Pues qué pasaría?, ¿quién se llevará las tortillas que ponemos en

los canastos para vender?

Y que un día dicen que llega…, que dicen que estaban paradas espiando

a ver quién y que dicen que era, pues, un perro que se llevaba las tortillas.

Y sacan el machete y que le dan al perro, y se fue sangrando el perro. Y al

otro día que amaneció se fueron siguiendo la sangre del perro. Entonces se

siguió y se siguió, y al llegar a una casita ahí terminó la sangre. Entonces,

pues, tocaron, y salieron, y era una viejita que estaba herida.

Juana Chavel García, vendedora de “milagritos

y estampitas”,1 D. F., junio, 2007.

  1. [El carnicero nagual]

Nos cuenta mi papá algo del nagual: dice que había un carnicero que

siempre tenía mucha carne y manteca y siempre de la mejor en Todos

Santos, en diciembre, y muchos guajolotes. Y una noche iba mi papá y

un amigo bien borrachos cuando vieron un burro que llevaba cargando

un marrano, pero bien grandote. Pero iba solo, y como no tenía dueño,

que lo agarran y se fueron caminando con el burro. Pero después de un

rato el burro se convirtió en el carnicero y les dijo que no lo delataran y

les daba carne y manteca y dinero si querían. Y por el asombro y miedo

aceptaron. Después de un tiempo lo mataron en un corral cuando se

estaba robando unos guajolotes, y se hizo gente,2 y se acabó el nagual.

Silvestre Moreno Romero, chofer, San Nicolás

Tetipanapa, Puebla, mayo, 2007.

1 Originaria de San Juan del Río, Querétaro. La informante vende su mercancía

en La Profesa, iglesia situada en el centro de la ciudad de México.

2 Se hizo gente, ‘Se convirtió en humano’.

 

  1. [La muchacha que bebía sangre]

Una muchacha se casó con un muchacho. Entonces se la llevó a vivir con

sus papás, el muchacho. Entonces ella no comía ni comida ni sal ni cosas,

pero ella se iba diario a visitar a su mamá, y decían:

—¿Por qué no querrá ella comer aquí?

Decían:

—Pues quién sabe, decían, es que no quiere comer, dicen, y así es

todo el tiempo.

Entonces se iba para su casa de su mamá y allí llegaba, y veían cómo

se tomaba la sangre en botellas. Entonces no quería la sal porque era

bruja.

Juana Chavel García, D. F., junio, 2007.

  1. [La mujer-víbora]

Dicen que en una barranca, en el cerro de Jazmín, en Hidalgo, hay una

mujer que dice siempre que por favor la saquen. Es una mujer muy bonita.

Entonces van y se bajan y la suben cargando, pero ya como a medio

camino les empieza a pesar mucho, y ya cuando se voltean3 (porque pesa

y van avanzando y va pesando más)…, y resulta que cuando se voltean

es una víbora enorme. Y la tiran. Y entonces se queda llorando, porque

además la dejan peor.

Bianca Ávila, curandera,4 D. F., mayo, 2007.

3 se voltean: ‘vuelven la mirada’.

4 Blanca Ávila y su esposo trabajan haciendo “limpias” a un lado del Museo

del Templo Mayor, en el centro de la ciudad de México. Con el humo del copal

zahuman a sus clientes, al mismo tiempo que rezan oraciones. La “limpia” se

hace para quitar cualquier mala influencia, hechizo o mal de ojo; es una técnica

muy practicada por los curanderos mexicanos.

 

  1. [Las víboras de oro]

Son unas víboras color oro muy grandotas que tú te encuentras; pero si

es tu suerte, les echas el sombrero a ese animal, y se queda convertido en

centenarios de oro. Y es porque antiguamente tenían un cinturón normal

que estaba hueco; entonces los hombres, como antes el dinero era pura

moneda de oro y plata, rellenaban sus cinturones de monedas. En donde

se aparece una víbora dorada no es una víbora, es dinero para ti.

Andrea Venegas Don, Río Verde, San Luis Potosí,

junio, 2007.

  1. [Los duendes]

En ese pueblo había de todo: lloronas; autiotas, que eran mujeres que les

pegaban a las otras mujeres que veían embarazadas, porque las autiotas

no se podían embarazar, porque habían abortado, y ese era su castigo;

duendes, con esos nos poníamos a jugar yo y mis hermanos. Eran unos

niñitos chiquitos y siempre andaban encuerados, andaban por donde

íbamos a sacar agua dulce, y cuando nos acercábamos nos aventaban

piedras, y nosotros se las regresábamos y así jugábamos.

Silvestre Moreno Romero, chofer, mayo, 2007.

  1. [Donde corre el agua]

Te voy a contar una historia de lo que nos pasó a mí y a mi hermano y dos

primos. Allá en mi pueblo, teníamos como diez y doce años, y nos salimos

a jugar. Y llegamos bien noche, y para que mi papá no nos pegara

nos escondimos en un gallinero que tenía una ventanita que daba hacia

la calle. Y había luna llena. Cuando vimos que venía bajando una señora

y pensamos que era mi tía Toña, que nos andaba buscando. Y cuando

iba pasando frente de nosotros sentimos que nos jalaban de los pelos y

vimos que no pisaba el suelo, y pasó como a diez metros de donde está-

bamos nosotros. Como que volteó, y le vimos su cara como de caballo, y

decía “¡ay, mis hijos!” Traía una canasta en el brazo y un rebozo cruzado

Diez relatos de seres fantásticos en la tradición oral mexicana 73

en el cuerpo. La Llorona no nada más ese día se apareció: cada que llovía

se oía gritar por las barrancas donde corre el agua.

Silvestre Moreno Romero, chofer, mayo, 2007.

  1. [La Llorona o Cihuacóatl]

La Llorona o Cihuacóatl es una diosa xochimilca, madre de los xochimilcas.

Este, en la época prehispánica existieron varios dioses, incluyendo

a la Cihuacóatl. A la llegada de los españoles ella predijo todo lo que

iba a pasar, toda la destrucción que iban a tener, y ella empezó a llorar:

“¡ay, mis hijos!”, que era en esa época de guerra y destrucción. Cuando

llegaron los españoles, empezaron a tirar todos sus templos, sus dioses,

que eran de piedra, y les impusieron la religión católica. Los españoles

escucharon que había una mujer que lloraba entre los canales y las calles;

al no poder pronunciar Cihuacóatl, pusieron la Llorona, de ahí el nombre.

Es entonces por eso que le dicen que la Llorona, pero en realidad es la

Cihuacóatl, la que dijo, la que gritaba “¡ay, mis hijos!”, que eran en esa

época de guerra y destrucción.

Ana Teresa Cruz, ama de casa, Xochimilco, D. F.,

mayo, 2007.

  1. [La novia]

Uno de mis muchachos me platicó que un día fueron a una fiesta, este,

salieron de la fiesta y por allá vieron a una novia, ¿no? Entons, vieron a

una novia, y el otro amigo dijo:

—¡Mira!, dice, ¡ya se salió la novia!, ¡vamos a seguirla!

Y dice que el otro joven la siguió, y que cuando se quiso dar cuenta, en

un poste dio la vuelta, y cuando se dieron cuenta ya estaba hasta la otra

esquina. Que entonces dijeron: “¡es la Llorona!”, y que el otro muchacho

se murió porque quiso seguir a la Llorona.

Hortensia García, comerciante, Xochimilco, D. F.,

mayo, 2007.

 

  1. [La mujer que flotaba en el aire]

Que un borrachito que en la noche andaba en la calle y que vio una mujer

muy bella y la fue siguiendo, la fue siguiendo, pero se dio cuenta de que

no caminaba, sino que iba flotando en el aire, que iba caminando con

una falda blanca muy larga, pero se veía que no daba paso, sino que iba

flotando en el aire. Cuando en eso ya, la quiso alcanzar…, porque para

verla…, y que voltea la cara y que grita: “¡aaay, mis hijos!” Es lo de la

Llorona, se le quitó hasta la borrachera. Es un hecho real.

Alejandro Hernández, comerciante, Xochimilco,

  1. F., mayo, 2007.
  2. [La mujer de blanco]

Uno de mis abuelitos, al venir con unos vecinos caminando sobre una

avenida larga —ya eran más de las doce de la noche—, se encontraron

una persona de blanco y de cabello largo que iba caminando. Ya dice

que cuando en el momento que pasa junto a ellos los roza con el codo.

Al llegar a la casa, él queda completamente ya sin voz y mudo. ¿Y las

otras personas? Una de ellas falleció, ¡ah!, y se lo atribuyeron a ella. Y el

otro, al despertar, pues se dio cuenta, pues, que ya no podía hablar para

nada. Y con humo solamente le fueron limpiando los oídos para que

poco a poco fuera recuperando la voz, era eso. [Entrevistador: ¿Y era la

Llorona?] Sí, por lo que cuentan, pues sí; toda de blanco, y le digo que

flotaba. Entonces eso es lo que contaban, por la hora le digo que era la

Llorona.

Eva Sandoval, comerciante, Xochimilco, D. F.,

mayo, 2007

tradición oral, relatos populares de México, talleres de narración oral

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