El matrimonio de la mosca. Bereber

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Una mosca se puso sus mejores ropas y se fue a correr mundo. En el camino se encontró con un chacal.

-¿Adónde vas, mosca, tan elegante? -preguntó el chacal.

-¿Adónde crees que voy? -respondió la mosca. Voy a bus­car marido, quiero casarme.

-¿Por qué no te casas conmigo? -propuso el chacal.

-¿Por qué no? -dijo la mosca. Pero antes debes cantarme algo. Quiero oírte cantar a ver si me gusta tu voz.

El chacal cantó lo mejor que pudo, pero a la mosca no le gustó.

-No, querido chacal, tú aúllas, no cantas. No puedo casar­me contigo -dijo la mosca y continuó su camino.

Pasado un rato se encontró con un perro.

-¿Adónde vas, mosca, tan elegante? -preguntó el perro.

-¿Que adónde voy? -respondió la mosca. Estoy buscando marido, quiero casarme.

-Cósate conmigo entonces -dijo el perro.

-¿Por qué no? -repuso la mosca. Pero antes debes cantar­me algo. Quiero oírte cantar a ver si me gusta tu voz.

El perro cantó lo mejor que pudo, pero a la mosca no le gustó.

-No, querido perro, tú ladras, no cantas, así que no podré casarme contigo -dijo la mosca y se fue.

El tercer encuentro fue con un grillo.

-¿Adónde vas, mosca, tan elegante? -preguntó el grillo.

-¿Que adónde voy? -repuso la mosca. Estoy buscando ma­rido, quiero casarme.

-Cásate conmigo entonces -respondió el grillo.

-¿Por qué no? -replicó la mosca-. Pero antes debes cantar­me algo. Quiero oírte cantar a ver si me gusta tu voz.

El grillo cantó lo mejor que pudo y a la mosca le gustó.

-Sí, querido grillo, cantas muy bien, me casaré de buena gana contigo -concluyó la mosca, y así el grillo se convirtió en su marido.

Después de la boda, construyeron un refugio con cortezas y trocitos de madera y en menos que canta un gallo tuvieron un te­cho

Para comer algo, el grillo fue a buscar un poco de harina. La mosca pensó que sería una buena idea hacer pan casero y co­menzó a cribar la harina. En un instante, acabó toda blanca de la cabeza a los pies.

-Mi querida mosca -dijo el grillo, tienes toda la cabeza blanca. Sacúdete un poco para quitarte la harina de encima.

La mosca comenzó a sacudir la cabeza y sacudió tanto tan­to su cabeza que se le desprendió de su cuerpo.

El grillo, ante aquel espectáculo, comenzó a reír y se rió tan­to tanto que acabó estallando. Y éste fue el último matrimonio entre una mosca y un grillo.

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