LA PAREJA DE CUERVOS TIBET

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EL SABIO DECLARA: COMO LA RUEDA DEL CARRO SIGUE A LA PEZUÑA DEL BUEY,  ASÍ  NOS SIGUEN LOS RESULTADOS Y CONSECUENCIAS DE NUESTROS ACTOS.

La belleza del vacío

Se trataba de un maestro que parecía obsesionado con una sola idea. Cada vez que tenía contacto con sus alumnos, les repetía la misma palabra:
-Vaciaos, vaciaos.
Tanto insistía el maestro con esta cuestión, que sus alumnos comenzaron, secretamente, a cuestionar esta enseñanza. No veían en ella ningún sentido. Un día, respetuosamente, le dijeron:
-Maestro, no queremos poner en duda tus enseñanzas, pero… ¿podrías decirnos por qué pones tanto énfasis en que nos vaciemos?
-Cuestionar para aprender e investigar es una buena práctica. Pero no puedo responderos con una respuesta llana a vuestra pregunta. Pero les solicito que mañana os reunáis conmigo en el santuario, trayendo cada uno un vaso repleto de agua.

  Los discípulos, asombrados e incluso un poco incrédulos, siguieron las instrucciones.
-Ahora vais a hacer algo muy simple. Golpead el vaso con las cucharas. Quiero escuchar el sonido que producen. Los alumnos golpearon los vasos. No brotó más que un sonido sordo, apagado, sin gracia. Entonces el maestro ordenó:
-Ahora, vaciad los vasos y golpeadlos nuevamente.
Así lo hicieron los monjes. Una vez que los vasos estuvieron vacíos, volvieron a golpearlos con las cucharas. Surgió un sonido intenso, vivo, sin dudas más musical.
Los monjes intuían la enseñanza:
-Así como un vaso lleno no emite sonidos agradables, con una mente atiborrada de conocimientos o contenidos, difícilmente llegaremos a lo esencial del ser.

La  pareja de cuervos

Una pareja de cuervos estaba buscando dónde construir su nido. Deseaban establecerse en un lugar  apacible. Encontraron, por fortuna, un árbol muy grande, de frondosas ramas. Se sintieron muy felices. Era el lugar siempre soñado. Con minuciosidad construyeron el nido. Había llegado el momento de tener polluelos y formar una gran familia.  El nido quedó construido. La pareja estaba muy contenta. Pero las vicisitudes de la vida alcanzan a todos, incluso a los cuervos. Cada vez que los polluelos abandonaban el cascarón, una voraz serpiente que reptaba por el tronco del gigantesco árbol se comía a los recién nacidos. Ante la desesperación de la madre, esto sucedía inevitablemente una vez tras otra. La situación  era desesperada. La madre cuervo lloraba sin parar y se lamentaba a su marido.  – No podemos hacer nada gimió-. Todos nuestros polluelos han sido comidos por esa malvada serpiente. Estamos indefensos. Sólo nos queda irnos de aquí lo antes posible.  El cuervo no quería dejar su hogar. Pero no sabía qué hacer para impedir las fechorías de la  serpiente. Estuvo reflexionando durante días. Tenía que haber alguna solución, algún modo de liberarse de aquél animal perverso que engullía a todos sus polluelos. “Tendré que pedir ayuda a  algún amigo”, se dijo. Sí, al menos, necesitaba desahogar sus penas y recibir algún consejo.  Tenía un gran amigo y no era otro que un ladino chacal. Cundo le contó su tragedia al chacal,  éste dijo: – Hay que aplicar la astucia. Con seres tan malignos es necesario ser cauteloso y sagaz.  El chacal se quedó pensativo. De súbito, sus ojos brillaron como lentejuelas. El cuervo comprendió que algún plan estratégico había aflorado en su mente.  – Amigo cuervo -dijo con voz firme, vas a dirigirte al lago donde el monarca acostumbra a bañarse con su reina. Dejando que te vean, coge alguna joya de la reina y, portándola con tu poderoso  pico, la depositas en el agujero en que vive la serpiente.  – ¿Eso es todo? preguntó el cuervo desilusionado-. ¡Y, además, que me vean!  – Eso es todo -aseveró el chacal-. Así que no pierdas tiempo.  Velozmente, el cuervo voló hasta el lago y se hizo con un precioso collar de turquesas y corales, las piedras que más gustan a los tibetanos.  La guardia del rey vio cómo el cuervo robaba el collar. Sin perderlo en ningún momento de vista,  lo persiguieron. El cuervo voló hasta el agujero donde vivía la serpiente y allí dejó caer el  collar. La guardia del rey acudió hasta el agujero y comenzó a buscar en el mismo. Entonces encontraron a la serpiente y le propinaron una buena cantidad de golpes, hasta acabar con ella.  Habiendo recuperado el collar, se alejaron.  La pareja de cuervos estaba muy agradecida y fueron a expresar su gratitud infinita al chacal,  que dijo: – Esa malvada serpiente ha pagado con su vida su voracidad. Siempre llega el momento, antes o  después, de saldar cuentas.  Cuando los polluelos salieron del cascaron, no sólo tuvieron a sus padres para protegerlos, sino  también al chacal, que estaba entusiasmado con la presencia de las que a él le parecían unas rarísimas criaturas.

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