La joven que amaba el viento norte.

La joven que amaba el viento norte (Cuento de tradición oral norteamericana)

Había una vez una joven cuyo novio era el viento Norte.
Él vivía muy lejos, pero todos los años, venia a visitarla. Ella pasaba todo el año esperándolo. Lo esperaba en el bosque y a veces en las colinas. La joven lo buscaba mirando la superficie del río en la distancia, ya que este era el camino que había tomado al partir. Sí, todos los años el llegó en espiral sobre el río y se detuvo para hacer el amor en el bosque con la joven salvaje, y cada año, ella lo esperaba.
Sin embargo, hubo un año en que el viento del norte no apareció. Tendrá otra amante? Le preguntó al caliente viento sur, así como al viento del Este y el Oeste. Pero ellos callaban.
Entonces la joven fue a la casa de su abuela. La anciana lo oyó todo como solo una vieja mujer sabia lo hace, y se ofreció a enseñarle una canción. Ella dijo: “Yo sé una melodía tan poderosa que cuando ella llega a sus oídos, él se sentirá atraído a volver. Después de aprenderla, vaya a la parte superior de la colina… y cante”.
Cuando la joven aprendió la canción, subió la pendiente hasta la cima de la colina, bien encima del bosque. Y con los ojos que miraban al río, comenzó a cantar, y cuando terminó su canción, esperó, pero no pasó nada. No se movía ni una hoja, ni a un pájaro se oía cantar. Entonces nuevamente volvió a cantar, pero nada pasó. Su canción se volvió triste, y el viento caliente y polvo cocinaban su garganta.
La anciana la observo de arriba abajo, como solo una sabia señora puede hacerlo, y dijo: “Mi sueño, él no vino. Pero mírate. Tu ropa, tu cabello, tu cara. Ve a bañarte en el río, a peinar tu cabello, y cuando vayas a cantar, levanta la cabeza, inclinándola hacia atrás. Cante alto, cante alto como si lo esperase llegar”.
Así que la joven bajó al río y se bañó. Frotó el cuerpo con piedras y un poco de aceite. Se peinó su largo cabello hasta que se hizo brillante. Luego puso su ropa vieja, subió a la colina nuevamente y allí empezó a cantar. Sin embargo, la canción todavía no era lo suficientemente fuerte y no pasó nada. Fue entonces cuando se dio cuenta de que llevaba puesta ropas viejas. “Él nunca vendrá al verme así,” dijo ella, y estaba tratando de sacarse la ropa vieja y gastada. Ahora sí, ella se colocaba delante del mundo, desnuda y hermosa. Echó la cabeza hacia atrás. Esta vez su voz era fuerte y rica, y ella cantó con claridad, hasta que cada pedacito de ella se iluminó de alegría.
El no llegó, pero ella, por primera vez en la vida, fue feliz.

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