MEXICO, La madre del sol y la luna

La madre del sol y de la luna

Hace mucho tiempo, vivía una muchacha a la que le brillaba el cuerpo. Por eso, la gente le tenía mucho miedo. La molestaban y querían deshacerse de ella. Un día, las autoridades la mandaron llamar.

—Aquí tienes una mota de algodón —le dijeron—. Con ella debes tejer una tela que cubra el cielo. Nos la debes entregar mañana.

—Está bien —contestó la muchacha. Regresó muy triste a su casa y les platicó a sus hermanas lo que le habían ordenado.

—¿Cómo voy a hacerlo con una mota de algodón?

—No te preocupes —le dijo una de sus hermanas—, yo te ayudaré.

Se sentaron juntas y la hermana se comió la mota de algodón.

—¿Qué haces? ¿Ahora cómo voy a hacer mi tela?

Pero la hermana no contestó, se transformó en araña y comenzó a tejer.

Al día siguiente, la muchacha que brillaba fue a entregar la tela.

Todos quedaron muy sorprendidos.

Pasaron dos o tres semanas y la volvieron a llamar:

—Toma un colibrí —le dijeron — con él vas a preparar una comida que debe alcanzar para que almuerce el pueblo entero.

—Está bien —dijo la muchacha.

Se fue muy triste a su casa y les comentó a sus hermanas lo que le habían pedido. Cuando anocheció, otra de sus hermanas se convirtió en zorra y, mientras la gente dormía, ella les robó sus pollos.

Prepararon la comida y, al día siguiente, tenían listas siete ollas de caldo para que todos comieran.

La muchacha que brillaba sirvió el gran almuerzo.

Pero no la dejaron en paz. Una tarde, la llevaron al río y la obligaron a cruzar un puente colgante. Cuando estaba a la mitad, cortaron las cuerdas del puente y la muchacha cayó al río. Pero antes de desaparecer en el agua, tuvo dos hijos, uno hombre y otra mujer. A los niños primero los cuidó la rana; luego, la tepezcuintle fue su madre.

Los niños crecieron y, cuando fueron grandes, supieron que la tepezcuintle no era su verdadera madre y se fueron muy enojados. Caminaron hasta que llegaron al centro del mundo. Ahí había mucha gente y muchos animales, que estaban esperando a que llegaran ellos. Los hijos de la doncella que brillaba empezaron a subir al cielo. El muchacho se transformó en sol, y su hermana en luna.

Las personas y los animales que subieron con ellos, se convirtieron en estrellas.

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