Gougaud El sueño master class 1

Dos vagabundos viajaban juntos en el calor del verano.

Iban a donde van todos aquellos que son peregrinos a perpetuidad: hacia adelante.

Bajo un sol de justicia, avanzaban por el camino desde primeras horas de la mañana.

A mediodía decidieron que ya era hora de hacer un alto, así que se detuvieron a comer y a descansar a la sombra de un gran roble, al borde de un sembrado.

Almorzaron un mendrugo de pan y una cantimplora de vino y, al terminar, uno de ellos se tumbó en la hierba.

Con el sombrero sobre los ojos y los dedos cruzados sobre el vientre, se quedó dormido.
De la boca abierta del durmiente, su compañero vio salir una gran mosca de color azul.

Revoloteó unos instantes por encima de un matorral, se alejó y entró en una calavera de caballo situada unos pasos más allá, sobre la hierba.

La mosca volaba por el interior del cráneo. Daba vueltas, giraba sobre sí misma, entraba por un ojo, salía por el otro, desaparecía en el fondo de la órbita y salía de nuevo a la luz por entre los grandes dientes amarillos. Finalmente se alejó de la calavera, se puso a girar alrededor de la cabeza del durmiente y penetró de nuevo por su boca. Entonces el hombre despertó, se frotó los ojos, se estiró y dijo a su compañero:
– Acabo de tener un agradable sueño. Me encontraba en un palacio blanco, magnífico, deslumbrante. Visitaba sus habitaciones, recorría sus pasillos, ascendía a unos desvanes de techos abovedados como los de las iglesias, descendía a sus bodegas, profundas y frescas. Aquel palacio era mío y lo más maravilloso es que estaba construido sobre un inmenso tesoro enterrado bajo sus murallas.


– ¿Quieres que te diga dónde has estado durante tu sueño? -le replicó su compañero-. En ese cráneo blanquecino que está ahí tirado. He visto cómo el alma te salía por la boca en forma de mosca grande y azul. Ha visitado todos los recodos de ese cráneo, desde el fondo del ojo hasta la punta de sus dientes y después ha vuelto a entrar en tu boca.

Ahora, créeme, deberíamos hacer un agujero bajo las murallas de ese palacio para comprobar si el ojo del sueño es realmente clarividente.


Apartaron la calavera, cavaron en el lugar en que había estado colocada y descubrieron el tesoro anunciado por el sueño. Un tesoro inmenso: allí estaba TODO, todo lo que un hombre puede soñar.

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