India Ermitaño y la tinaja

Había una vez un ermitaño que vivía en una aldea. Todos los días, la gente de la aldea le daba tres hogazas, un poco de aceite y un poco de miel. Con estos alimentos el ermitaño podía sub­sistir. Como era muy frugal, ni siquiera usaba todo el aceite y lo conservaba en una tinaja colocada encima de su jergón de paja. Cuando la tinaja estuvo llena, el ermitaño se puso a pensar qué hacer con ella:«Venderé el aceite y me compraré una oveja. La oveja tendrá corderitos y, cuando estos corderitos hayan crecido, procrearán a su vez otros corderos y, de esta manera, acabaré teniendo un abundante rebaño. Entonces me compraré una casa grande, ten­dré muchos criados y me casaré con la hija del mercader Abú Kir. Prepararé un banquete de bodas como nunca se ha visto en la vida. Mataré bueges, ovejas, gallinas y palomas. Compraré dulces y vino. Contrataré a actores, artistas y músicos. Compra­ré flores y perfumes. Invitaré a ricos y a pobres, a gobernantes y a súbditos, y enviaré por todas partes a un heraldo que anuncie: «¡Quien quiera algo, que dé un paso adelante y coja lo que quie­ra! ». Y yo dejaré de ser un ermitaño. Con el tiempo me nacerá un hijo. Lo criaré q lo educaré: si es bueno, lo elogiaré y le daré premios; si es malo, cogeré un palo y le daré una zurra, para que aprenda…».Al decir esto, el ermitaño cogió un palo y lo levantó para ver cómo lo usaría: el palo dio contra la tinaja del aceite que estaba encima de la cama, la tinaja al piso, se rompió y todo el aceite se derramó sobre la cabeza del ermitaño.

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